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Palabras de Su Majestad el Rey a su llegada a la Casa Blanca

EE.UU.(Washington D.C.), 02.06.1976

S

eñor Presidente,

Señora de Ford,

La Reina y yo os damos las gracias más sinceras por vuestra invitación, por vuestra hospitalidad, que en este momento comenzamos a disfrutar, y por las palabras de bienvenida que nos habéis dirigido.

Quisiera, señor Presidente, que consideraseis esta visita, primera que realizamos desde mi proclamación como Rey de España, como una prueba de nuestro interés personal y como confirmación del afecto y de la amistad que el pueblo español siente hacia los Estados Unidos de América.

Constituye para la Reina y para mí una gran satisfacción el que esta visita venga a coincidir con la celebración del Bicentenario de la Independencia de los Estados Unidos y subraye así la participación que España ha querido prestar a los actos de esta conmemoración, que permitirá al pueblo norteamericano valorar la importancia de la ayuda que España dio a la lucha por la independencia de su país y le hará interesarse todavía más en la historia y en el presente de España.

Nuestros dos países están unidos por tantos lazos que bien puede decirse que, de alguna manera, vuestra historia y vuestra geografía han sido, en una gran parte, también las nuestras. Ello explica las numerosas invitaciones que la Reina y yo hemos recibido con motivo de nuestra estancia en los Estados Unidos y que, por falta material de tiempo, hemos tenido que declinar. Permítame, señor Presidente, que aproveche esta ocasión para dejar constancia expresa de nuestro agradecimiento por tan amables invitaciones.

La época de transición que el mundo atraviesa exige claridad en las ideas, propósito firme, un decidido reconocimiento de la primacía de los valores espirituales y un constante ejercicio de la virtud de la prudencia, exaltada singularmente en vuestraDeclaración de Independencia. Pero el fin no se lograría sin la certeza de poder contar, en caso necesario, con los muchos beneficios que reporta toda buena amistad.

Mi mayor deseo en este momento es que nuestra visita contribuya a estrechar nuestros lazos para el bien de nuestros dos países y de cuantos aspiramos a alcanzar los mismos ideales de fe, de libertad y de justicia.

Señor Presidente, señora de Ford, de nuevo y de todo corazón recibid el testimonio de nuestra más sincera gratitud por vuestra amable invitación.

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