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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos

Palacio Real de Madrid, 15.10.2001

S

eñor Presidente,

Con gran satisfacción deseo darle la más cordial bienvenida en ésta su primera visita de Estado a España. Confío en que durante su estancia en nuestro país se consideren, tanto usted como la señora de Fox, como en su propia casa y tengan la posibilidad de comprobar la alegría que siente el pueblo español por su visita y el aprecio de que goza todo lo mexicano.

La historia común de México y España es rica, pero más aún lo está siendo nuestro presente. Estoy convencido de que el futuro deparará a nuestros ciudadanos nuevas y sugestivas oportunidades derivadas de la cercanía cultural, política y económica de nuestros dos países.

Deseo subrayar hoy la vitalidad, riqueza y pujanza de las relaciones entre México y España. Nuestras jóvenes generaciones están cada vez más en contacto a través de los intercambios universitarios y los programas de cooperación que hemos sabido poner en marcha conjuntamente. Nuestras empresas han apostado por estar presentes a ambos lados del Atlántico. Nuestras comunidades políticas, intelectuales y científicas, en fin, multiplican sus vínculos y el intercambio de experiencias. Hemos sabido, en definitiva, afianzar un clima de confianza del que podemos sentirnos satisfechos.

La intensidad de nuestras relaciones se manifiesta, entre otros muchos aspectos, en el incremento de nuestros intercambios económicos. Creo que debemos felicitarnos por el hecho de que España fuera en el año 2000 el primer inversor en México, lo que supone que le permite colaborar en el desarrollo de un país al que los organismos internacionales clasifican ya como la décima economía mundial. Se trata asimismo de una apuesta estable y una manifestación de confianza en el futuro de México.

Pero no sólo en el ámbito económico nuestras relaciones se enriquecen cotidianamente. México y España comparten una evidente sintonía política.

Por esa razón, señor Presidente, en España se contempla con especial simpatía su empeño democratizador.

Estamos, con ustedes, convencidos de que la mejora de las condiciones de vida de nuestros pueblos, la eliminación de flagrantes desigualdades sociales, la oferta de mayores oportunidades y, en fin, el establecimiento de sociedades más justas y prósperas, no puede venir sino a través de una mayor apertura económica y del funcionamiento pleno de un sistema económico basado en la iniciativa, la libertad y la solidaridad.

México y España son hoy mucho más de lo que encierran sus específicas fronteras nacionales. Somos partes de ámbitos socioeconómicos de gran potencial y envergadura. Eso se traduce, evidentemente, en mayores oportunidades para todos los ciudadanos. España y México deben continuar siendo los auténticos catalizadores de un mayor acercamiento entre los países miembros del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y de la Unión Europea y colaborar para descubrir y cultivar nuevos mercados y oportunidades.

En esta tarea contarán ustedes con todo el respaldo que pueda prestar mi país. España asumió el papel que le correspondía a la hora de impulsar el Tratado de Asociación de México con la Unión Europea y ese mismo empeño guiará nuestra actuación durante la próxima presidencia de la Unión Europea, durante la que se celebrará la II Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe de Jefes de Estado y de Gobierno. Se trata de un encuentro que se nos antoja clave en esa dinámica de acercamiento intercontinental.

La intensa relación bilateral que nos une constituye un sugestivo desafío de cara al futuro. Pero no lo es menos el proyecto de creación de un espacio iberoamericano con personalidad propia y llamado a desempeñar el papel relevante que le corresponde en el concierto mundial.

En Guadalajara se puso en marcha el marco adecuado para propiciar la revitalización de nuestra comunidad. Tras diez años de fructífero diálogo se acerca la hora de profundizar y reforzar ese espacio, en el que nuestros dos países han trabajado siempre en excelente sintonía.

México y España unieron sus manos para la creación de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, cuyo fortalecimiento ha sido y será una empresa común.

También nos corresponde a mexicanos y españoles la reafirmación de los principios que dotan a la Comunidad Iberoamericana de Naciones de una personalidad propia y específica. Tales principios, que están en la base de nuestra comunidad, no son otros que los que definen al mundo occidental. Un mundo que se asienta en la democracia, el Estado de Derecho, los derechos humanos, las libertades públicas y el pluralismo.

Señor Presidente,

Mañana se inaugurará el II Congreso Internacional de la Lengua Española, continuación del de Zacatecas, y en el que Vuestra Excelencia nos honra con su co-presidencia. En el mismo se debatirá acerca de la importancia cultural y lingüística de un idioma que es el segundo del mundo por su grado de internacionalización, que hoy ya hablan más de 350 millones de personas, y que exhibe una gran vitalidad, como lo muestra su difusión en los Estados Unidos o en Brasil.

Compartimos sin duda una de las lenguas más vivas de la humanidad, una lengua que no sólo está en auge como vehículo de comunicación, sino que está atravesando uno de sus grandes momentos creativos. Mucho del esplendor actual de nuestra lengua procede del vigor de los intelectuales de América Latina, entre los que sin duda ocupan un lugar de honor los mexicanos.

El español es parte indisociable de nuestra identidad común pero también un activo económico de primera magnitud. La pujanza de la cultura en español augura una presencia cada vez más prometedora en el mundo de las industrias culturales. Yo deseo congratularme de esa vitalidad y animo a continuar los esfuerzos para ahondar en una mayor cooperación cultural entre nuestros países, lo que incluye iniciativas tan felices como la creación de un marco adecuado para la protección de la propiedad intelectual o la creación de una comunidad virtual iberoamericana.

Señor Presidente,

Quisiera referirme al papel que juntos, México y España, podemos desempeñar en el nuevo orden internacional que se está configurando.

Hoy sin duda ambos países estamos aún bajo la fuerte impresión de los criminales atentados terroristas perpetrados el pasado 11 de septiembre en Estados Unidos. Ambos hemos expresado nuestro pesar al Presidente Bush y nos hemos solidarizado con el pueblo norteamericano. Ambos países hemos sentido su dolor como propio, sus víctimas como nuestras.

Este mundo que hemos heredado y que estamos viendo caminar entre signos inciertos en este comienzo del siglo XXI, nos obliga hoy a afrontar nuevos desafíos para preservar nuestra seguridad y nuestra prosperidad. Los estremecedores sucesos del pasado 11 de septiembre han puesto en la agenda internacional al terrorismo como principal amenaza para nuestras sociedades.

España no puede al respecto más que mostrar una profunda gratitud hacia México por toda la colaboración prestada durante estos últimos años y así deseo subrayarlo, señor Presidente, en esta ocasión en que visita oficialmente mi país. Estoy seguro de que esa estrecha colaboración en el ámbito bilateral se ampliará para dar la batalla al terrorismo en estos días de luto para todas las naciones libres.

Debemos consolidar un marco internacional seguro y unos organismos internacionales que legítimamente puedan defender los principios democráticos en todo el planeta. Estoy seguro de que México y España continuarán su labor de concertación en los diferentes foros multilaterales.

México y España, como países democráticos y libres, comprometidos con la estabilidad mundial, tienen una especial responsabilidad en esta hora crucial. Confío, señor Presidente, en que sepamos elegir y poner en práctica los medios necesarios para erradicar en el plano internacional la lacra terrorista. No dudo que nuestros respectivos Gobiernos pondrán todo su empeño en esa empresa.

Sé que México está decidido a asumir las responsabilidades internacionales que por su peso político, económico y diplomático le corresponden. Por eso, deseo felicitar a Vuestra Excelencia por la elección de su país, el pasado 8 de octubre, como miembro del Consejo de Seguridad para el bienio 2002-2003. Es en estos momentos de incertidumbre que atravesamos cuando, en un puesto de tal responsabilidad, resulta especialmente valiosa la presencia de una diplomacia con tanta tradición y, a la vez, tan dispuesta a recorrer las nuevas sendas por las que transitan las relaciones internacionales.

Señor Presidente,

En marzo del 2002, conmemoraremos los veinticinco años del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre nuestros dos países. Un balance somero del incremento de nuestros vínculos en todos los aspectos desde 1977 arroja conclusiones enormemente positivas. Hemos hecho mucho y mucho más debemos seguir haciendo en los años venideros.

Reiterándole mi satisfacción por poder contar con su presencia en España, deseo, señor Presidente, levantar mi copa para brindar por la amistad de nuestros pueblos hermanos, por la prosperidad del pueblo de México, por su ventura personal y la de su familia y por el éxito en su labor de gobierno.

Muchas gracias.

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