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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida en su honor por la Reina de los Países Bajos

Países Bajos(Amsterdam), 23.10.2001

M

ajestad,

Sean mis primeras palabras para expresaros nuestra profunda gratitud por vuestra invitación para realizar este nuestro segundo viaje de Estado al Reino de los Países Bajos. Gracias asimismo por vuestra acogida hoy en Amsterdam, junto al Príncipe Claus y vuestra familia, marcada por una amistad y simpatía que apreciamos muy sinceramente.

Venimos con la ilusión de reencontrarnos con un país con el que compartimos un pasado intenso y no siempre fácil, y por el que sentimos un especial afecto, respeto, y admiración; un país amigo, aliado de España, y socio en la Unión Europea, con el que queremos compartir un futuro de más estrecha y fecunda relación y promover un creciente entendimiento en todos los órdenes.

Aun sigue vivo en nosotros el muy grato recuerdo de nuestra primera Visita de Estado a los Países Bajos en marzo de 1980, un mes antes de que Vuestra Majestad iniciara su reinado. Entonces pudimos disfrutar del cálido recibimiento de Vuestra augusta madre, la Reina Juliana, protagonista y testigo excepcional de una época en la que quedó patente la capacidad del pueblo de los Países Bajos para afrontar uno de los momentos más difíciles de su historia y para reconstruir un país moderno, dinámico y abierto al mundo, en el núcleo de vanguardia de la construcción europea y de la solidaridad euroatlántica.

Hoy los Países Bajos constituyen un país de gran importancia en el concierto europeo e internacional. Las aportaciones neerlandesas a la unificación europea han estado siempre marcadas por una mezcla de sentido de la responsabilidad histórica, de consiguiente entrega a una misión sentida como clave para el futuro de nuestro continente, y de marcado sentido pragmático en la superación de los retos diarios que implica la puesta en marcha del proyecto europeo.

Esta aproximación a la integración europea explica los muchos puntos de coincidencia y de encuentro entre los Países Bajos y España en su manera de entender y acometer la apasionante tarea de avanzar hacia una Europa más unida, próspera, solidaria, y a la vez comprometida con el mundo y las grandes causas que lo animan.

Dos importantes ciudades holandesas, como Maastricht y Amsterdam, han dado su nombre a dos recientes jalones especialmente decisivos en el proceso de profundización de la construcción de Europa. Este proceso ha adquirido una nueva dinámica en la última década y, concluidas las reformas de Niza, tiene ante sí una nueva cita en la Conferencia Intergubernamental de 2004. Tanto los Países Bajos como España desean que esta próxima negociación sirva para acercar aún más la Unión a sus ciudadanos y hacerla más capaz de acometer las tareas que le corresponden en el siglo que comienza.

En pocos meses se hará realidad uno de los principales proyectos articulados en torno al Tratado de Maastricht con la puesta en circulación del Euro. Asimismo, y a lo largo de 2002, deberemos impulsar la conclusión de las negociaciones para cumplir con una responsabilidad histórica de gran calado: la ampliación de la Unión Europea a los países del Centro, Este y Sudeste de nuestro continente. Paralelamente y dentro de la actual coyuntura internacional, España intentará durante la Presidencia de la Unión Europea, que volverá a ejercer en el primer semestre de 2002, otorgar atención prioritaria a la situación en Oriente Medio y al desarrollo del espacio Euromediterráneo, revitalizando el Proceso de Barcelona. Estas, junto con el impulso a las relaciones entre la Unión Europea y América Latina, son algunas de las líneas esenciales de la política europea que mi país se propone impulsar.

Pero hoy más que nunca la construcción europea debe ser capaz de estar a la altura de los principales retos con los que nos enfrentamos juntos como sociedades libres, democráticas, que creen en el imperio de la ley y el Estado de derecho. Se trata de afrontar con eficacia, tanto las amenazas internas como las externas, dirigidas a nuestro marco de convivencia, dentro de la tolerancia y el pleno respeto a los diversos credos, creencias, o aspiraciones. La brutalidad sin parangón de los atentados terroristas acaecidos en los Estados Unidos, el pasado 11 de septiembre, nos obliga hoy más que nunca a articular conjuntamente dentro de la Unión, y en la esfera internacional, cuantos mecanismos resulten necesarios para mejor prevenir, combatir, y castigar las actividades terroristas.

En el plano interno europeo, se trata de lograr la más pronta puesta en marcha del espacio de libertad, justicia y seguridad ya esbozado en el Tratado de Maastricht y objeto de recientes e importantes decisiones por parte del Consejo Europeo. En el plano internacional, vertebrar nuevos y más eficaces mecanismos de lucha contra la plaga del terrorismo, y llevar a la práctica los existentes. El 11 de septiembre ha desencadenado la lógica respuesta de la solidaridad entre aliados que hunde sus raíces, más allá del preciado vínculo transtlántico al que nuestros dos países se sienten especialmente ligados, en el repudio de todos los demócratas a quienes hacen del terror el norte de su razón de ser.

España conoce desgraciadamente por propia experiencia, mejor que otros países, lo que supone el flagelo del terrorismo sanguinario en un país plenamente democrático, con un modelo de autonomía regional sin parangón, y en el que todas las ideas tienen sus cauces institucionales de defensa y expresión. Aprovecho esta ocasión para agradecer la solidaridad que hemos encontrado en los Países Bajos ante el profundo dolor y desazón que lleva causando desde hace décadas el terrorismo en España.

Majestad,

Son muchos los espacios de entendimiento que ya hoy ligan a España con los Países Bajos. Son muchos más los que aún quedan por explorar. Hoy nos conocemos mejor, sabemos de nuestras múltiples coincidencias en términos de intereses y ambiciones, y esa es una excelente base para acometer nuevos proyectos y realizaciones.

Más allá de la Unión Europea, nuestros dos países trabajan día a día juntos en múltiples organizaciones internacionales, en operaciones de paz, y coinciden en sus respectivos esfuerzos en materia de cooperación internacional al servicio del desarrollo.

También es creciente nuestra interdependencia económica y empresarial, como dos países que comparten una misma moneda y con economías cada vez más dinámicas y presentes en el mundo. España, que ha vivido en los últimos años una de sus más profundas transformaciones socioeconómicas, disfruta de una muy saludable evolución macroeconómica, ha ganado posiciones como exportador de bienes y servicios y se sitúa con los Países Bajos entre los principales países del mundo en cuanto a inversiones en el exterior.

Junto a tantas coincidencias, y complementariedades, cada uno de nuestros dos países dispone asimismo de un enorme bagaje del que podemos y debemos aprender. Es la riqueza de nuestras respectivas identidades plurales, que han permitido conformar la maravillosa diversidad en la unidad, signo definitorio de la cultura europea a la que pertenecemos.

Tenemos la responsabilidad de superar viejos mitos y acercarnos cada vez más para enriquecernos recíprocamente. Conozco la curiosidad que España despierta en los Países Bajos. No sólo por su historia o por la literatura y el arte de otros tiempos, sino también por nuestra lengua o por nuestra producción cultural contemporánea en sus muy diversas expresiones. Con la inauguración mañana de la exposición "De Picasso a Tàpies. Claves del Arte Contemporáneo Español", sabemos que atendemos a un interés real y genuino de la sociedad neerlandesa por la cultura española.

Millones de nuestros respectivos compatriotas visitan España y los Países Bajos todos los años. Son muchos los españoles que desde hace décadas gozan de la hospitalidad neerlandesa, al igual que hoy son también muy numerosos los neerlandeses que han escogido España como lugar de residencia. Ambos han podido comprobar lo mucho que nos une, los valores e ilusiones que compartimos. Quisiera a lo largo de esta visita de Estado animar a nuestras autoridades y ciudadanos respectivos a que exploren y aprovechen cuantas oportunidades ofrecen nuestros países para emprender nuevas responsabilidades y proyectos en común.

Con este espíritu, permitidme, Majestad, levantar mi copa en vuestro honor, en el de toda vuestra augusta familia, y por la felicidad y prosperidad de todos los habitantes de los Países Bajos, cuya hospitalidad la Reina y yo tenemos hoy la suerte de volver a disfrutar.

Muchas gracias.

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