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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la conmemoración del Centenario de las Reales Sociedades de Física y Química.

Madrid(Palacio de Congresos), 07.07.2003

C

onstituye un gran honor para mí presidir este acto conmemorativo del Centenario de las Reales Sociedades de Física y Química. Quiero, en primer lugar, felicitar a estas Corporaciones por tan significado aniversario y transmitirles el reconocimiento de todos por el trabajo realizado en su ya centenaria trayectoria.

Asimismo, quiero dar la bienvenida a España a todos los científicos, así como a los laureados con el Premio Nobel que hoy nos acompañan y que se han asociado a esta destacada efemérides. Es un verdadero privilegio contar con ellos, poderles conocer y que compartan con nosotros sus conocimientos y aportaciones a la Ciencia Universal.

El Centenario que nos convoca tiene lugar en un momento en el que la actividad de estas Corporaciones, las Reales Sociedades, crece y evoluciona al compás de una actualidad que así lo exige y con unas expectativas cada vez más amplias y prometedoras.

Durante las dos últimas décadas, Europa, y España en ella, se han visto inmersas en una verdadera revolución que ha modificado en gran medida la forma en que debemos abordar el futuro. La Ciencia y la Tecnología han pasado a ser elementos básicos con los que cualquier sociedad moderna debe afrontar su crecimiento socioeconómico y definir su papel en un concierto internacional esencialmente globalizado.

Difícilmente se hubiera producido esta situación sin la aportación fundamental de las denominadas Tecnologías de la Información, que son el fruto de muchos años de esfuerzos en el desarrollo de investigaciones conjuntas en Física, Ciencia de los Materiales e Ingeniería de Procesos.

El siglo XXI se inicia con el anuncio de nuevas revoluciones científico-tecnológicas, entre las que destacan las derivadas del conocimiento adquirido sobre la estructura del ADN, que abre posibilidades biomédicas que sólo ahora comenzamos a vislumbrar. Ha sido el esfuerzo también conjunto de Químicos, Físicos, Biólogos y Médicos lo que ha abierto tantas esperanzas en el futuro de la Medicina o la Producción Agroalimentaria.

Esta claro que vivimos en un tiempo de cambio continuo y acelerado. Cuando aún no hemos acabado de asimilar los cambios anteriores, se nos anuncia ya una nueva revolución: Como la Nanotecnología, que aunque ya fue anticipada en los años cincuenta, hasta muy recientemente parecía sólo objeto de guiones de ciencia-ficción. Ahora se vislumbra ya como una realidad próxima, que cambiará buena parte de los procesos de la industria y de los objetos que poblarán nuestros hogares en el futuro.

Esta nueva revolución lleva al extremo algunos aspectos del trabajo científico que ya empezaron a vislumbrarse en áreas como la Biotecnología o los Nuevos Materiales. Las fronteras entre disciplinas clásicas como la Química, la Física o la Biología se vuelven cada vez más difusas, y la fecundación mutua, entre áreas del conocimiento antes separadas, se vuelve imprescindible. En este sentido, el científico del futuro tendrá que volver a reunir algunas de las características del humanista del Renacimiento, por su preparación y proyección. Aunque la labor del especialista seguirá siendo necesaria para avanzar.

Por otra parte, hoy es una realidad incontestable que sólo los países con una infraestructura de investigación científica suficientemente importante estarán en condiciones de poder innovar en las nuevas áreas.

Pero un aspecto muy importante de todas estas revoluciones científicas es que no se quedan en el laboratorio, sino que trascienden la sociedad, y han de ir acompañadas de cambios fundamentales en aspectos tales como el de una mayor preocupación por la educación científica, tanto en las estructuras y planes de enseñanza, como en el plano de la opinión pública. Las Sociedades científicas, como las que hoy celebran su centenario, y los medios de comunicación, tienen un papel fundamental en esta tarea, ayudando a los responsables a seguir promoviendo una investigación de calidad, y haciendo comprensibles y aceptables las decisiones en temas tan esenciales, por su contenido y efectos, como el medio ambiente, los recursos energéticos, o las nuevas posibilidades de la Medicina.

Nos encontramos en una época llena de retos ilusionantes y difíciles, en el que la Ciencia y la Tecnología desempeñan un papel crucial. En este sentido, podríamos hacer nuestras las palabras de los fundadores de la Real Sociedad Española de Física y Química, que, en la España de hace cien años, y dentro del movimiento regeracionista, consideraron que el fomento de la investigación era la clave para insertar a España en un concierto internacional más avanzado.

Vemos con satisfacción que en el último cuarto de siglo se ha producido un crecimiento espectacular del número de publicaciones de científicos españoles en revistas internacionales, y del número de citas que dichos trabajos reciben. Queda mucho por hacer, no podemos negarlo, pero los avances conseguidos nos deben animar a seguir trabajando para llegar a ocupar el lugar que nos corresponde en Europa.

Este es un camino que nos corresponde recorrer juntos, de forma ciertamente acelerada si queremos ganar el futuro junto a los países más avanzados de Europa. Estoy seguro de que los Químicos y Físicos españoles, a través de las actividades de las Reales Sociedades de Química y Física, estarán a la altura de este compromiso y que seguirán contando con el apoyo de la sociedad para materializar e ir continuamente perfeccionando este proyecto de cultura y de progreso. Por mi parte, sepan que cuentan, como así ha sido en el pasado, con el pleno apoyo y aliento de la Corona.

Muchas gracias.

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