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Palabras de Su Majestad el Rey ante la Cumbre Internacional sobre Democracia, Terrorismo y Seguridad.

Madrid, 10.03.2005

Q

uiero que mis primeras palabras sirvan para dar la bienvenida a España a los Jefes de Estado y de Gobierno y a cuantas personalidades han ocupado esa alta función, asistentes a esta Cumbre sobre Democracia, Terrorismo y Seguridad.

Dirijo asimismo un saludo muy cordial a los Altos Directivos de Organizaciones y Organismos Internacionales, políticos, académicos y expertos, de muy diversos países, que han querido participar en esta reunión, enriqueciendo sus trabajos y sus debates.

Agradezco al Club de Madrid, como entidad organizadora, y a las tres Administraciones, estatal, autonómica y local, que han colaborado para su celebración, su amabilidad al invitarme a pronunciar unas palabras en la apertura de esta Sesión Plenaria.

Deseo a todos los participantes que sus debates, centrados en uno de los problemas y amenazas más graves y acuciantes para nuestra sociedad, resulten útiles y beneficiosos para todos.

En el otoño de 2001 tuve el honor de clausurar la Conferencia sobre Transición y Consolidación Democráticas, también organizada por el Club de Madrid. Una Conferencia que estuvo marcada por la aún reciente conmoción causada por los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, y la consiguiente necesidad de todas las democracias de intensificar sus esfuerzos y cooperación para acabar con ese delirio sanguinario y aberrante, totalitario y siempre injustificable, que supone el terrorismo.

Hoy, en la víspera del Primer Aniversario de los abominables atentados terroristas perpetrados en Madrid el 11 de marzo pasado, hablar del terrorismo, de sus asesinatos, extorsiones y amenazas debe llevarnos, a cuantos compartimos la misma pasión por la vida, por los derechos humanos y por la democracia, a reafirmar nuestra máxima condena a la violencia terrorista y a redoblar nuestra unidad y determinación para acabar con esta lacra como prioridad insoslayable.

España vive desde hace años el flagelo del terrorismo. Largos años en los que la pacífica y democrática sociedad española viene padeciendo el hondo sufrimiento causado por el fanatismo de quienes asesinan, amenazan o extorsionan en nombre de ideologías totalitarias y excluyentes. Desprecian la vida y derechos de muchos hombres, mujeres y niños, destrozando la vida de sus familiares y desgarrando el corazón de todos.

Interpreto la celebración de esta Cumbre en la capital de nuestro país como una muestra solidaria frente al dolor y el triste recuerdo del 11 de marzo, hacia los cientos de familias que en España, desde hace lamentablemente varias décadas, han sufrido los efectos del terrorismo.

Mañana hará, en efecto, un año que ciento noventa y dos niños, mujeres y hombres eran salvajemente asesinados, cientos de personas sufrían heridas de diversa consideración y miles de familiares se veían confrontados con una inmensa tragedia, que sumió a España en el más profundo luto y dolor. Al grito unánime de repulsa e indignación, se unió una respuesta solidaria, admirable y espontánea por parte del pueblo español desprovista de tintes xenófobos, siempre generosa y serena.

Quiero dedicar, junto a la Reina, el más emocionado homenaje de reconocimiento y respeto a todas las víctimas tan brutalmente asesinadas en aquella fecha, a los heridos que tanto padecieron los estragos de la sinrazón terrorista y a los familiares de todos ellos, que merecen todo nuestro apoyo, solidaridad y afecto. Nunca podremos olvidar su intenso sufrimiento.

Un emocionado homenaje y unos sentimientos que hacemos extensivos a todas y cada una de las víctimas del terrorismo, a todos y a cada uno de sus familiares. No debemos, ni queremos olvidar a ninguno de ellos. Todos son igualmente mártires de la libertad y de la democracia; y sus familiares, mártires también en el sufrimiento padecido por la despiadada e injustificable pérdida de sus seres más queridos.

El terrorismo es un fenómeno perverso, inhumano e injustificable, sustancialmente contrario a la democracia y a los mismos pilares del orden democrático. Las sociedades libres y democráticas no pueden claudicar ni ceder ante el terrorismo ni ante sus amenazas, chantajes o exigencias. De hacerlo estarían minando gravemente los valores y principios en que se asientan.

De ahí el imperativo moral que incumbe a todos los demócratas de luchar unidos contra la violencia terrorista y contra quienes la encubren o apoyan, con la fortaleza de nuestros valores y convicciones, empleando todos los instrumentos que nos ofrece el Estado de Derecho y reforzando la cooperación internacional, tanto en el plano bilateral como en el multilateral, desde las Organizaciones Internacionales competentes, partiendo de estos principios.

Unidad, determinación y cooperación constituyen, pues, piezas esenciales e indisociables en esa lucha de las democracias por la supremacía de los valores éticos en los que se asientan el pluralismo, la tolerancia y la convivencia en paz.

Unidad, por cuanto las divisiones en el seno de una sociedad debilitan la lucha contra el terrorismo. Determinación, por cuanto la amenaza terrorista afecta a nuestros derechos y libertades fundamentales. Y cooperación, por cuanto nos enfrentamos a un fenómeno que traspasa las fronteras y se instala en sociedades ajenas cuando la globalización es ya un hecho incontestable.

Unidad, determinación y cooperación son conceptos que también nos impone el recuerdo imborrable de todas las víctimas del terrorismo. Sus muertes, sus mutilaciones o cicatrices, su ejemplo y valentía, nos recuerdan día a día la deuda que tenemos contraída con todas ellas y con sus familias. Les debemos todo nuestro afecto, apoyo y solidaridad, atendiendo a sus necesidades, derechos y sensibilidades.

Concluyo haciendo votos para que los trabajos de esta Cumbre sirvan para reafirmar el compromiso que todos los demócratas compartimos para redoblar la eficacia de nuestros esfuerzos convergentes por eliminar el terrorismo de la faz de nuestro planeta. Que sirvan asimismo para dirigir un mensaje claro y unánime a quienes lo practican, promueven o amparan, de que la violencia terrorista no tiene, ni podrá tener nunca, cabida en nuestras sociedades firmemente comprometidas en la defensa de la libertad.

Muchas gracias.

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