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Palabras de Su Majestad el Rey al Congreso Nacional de Perú

Perú(Lima), 26.11.2001

S

r. Presidente del Congreso de la RepúblicaSres. VicepresidentesSras. y Sres. Congresistas,

Es para mí un alto honor dirigirme al Congreso de la República, institución donde reside la soberanía del pueblo peruano. Al hablar ante este honorable Congreso, siento que lo hago también a cada uno de los peruanos a través de sus representantes.

Vivimos tiempos críticos en la escena internacional. No en vano se ha dicho que a partir de los horrendos atentados del 11 de septiembre, hemos cerrado en muchos aspectos una época para adentrarnos, con ánimo vigilante, en un nuevo siglo cargado de amenazas, pero también de oportunidades.

Países como el Perú y España, que han sufrido en carne propia la lacra del terrorismo, entienden muy bien la necesidad de combatirlo firmemente con las normas del Estado de Derecho, desplegando todos los esfuerzos en defensa de la democracia y de la libertad, valores indispensables del ser humano. El terrorismo busca minar la salud moral de nuestras sociedades, por lo que se hace imprescindible la cooperación internacional para combatirlo eficazmente.

Saludo desde esta tribuna que el Perú haya promovido en el seno de la Organización de Estados Americanos la firma de un convenio antiterrorista que incorpora avanzados conceptos jurídicos. Igualmente, España viene sensibilizando desde hace tiempo en el seno de la Unión Europea a sus socios en esta lucha para evitar la intimidación, la muerte o la imposición de ideas por la violencia.

Todos los terroristas coinciden, no importa la retórica perversa que utilicen, en buscar la imposición de su tiranía y en pretender destruir la democracia y las libertades.

En este escenario internacional, hoy atribulado, una Comunidad de Naciones se presenta con un perfil propio y con unos valores compartidos íntimamente, ya que han sido creados por la labor lenta de la historia. Me refiero a la Comunidad Iberoamericana, a la que el Perú y España pertenecemos, junto con otras diecinueve Naciones, y cuya XI Cumbre acaba de tener lugar en la ciudad de Lima. Quiero agradecer, en nombre de la delegación española, una vez más, la hospitalidad brindada por el pueblo peruano y felicitar a los organizadores por el espléndido trabajo desarrollado.

Las Cumbres Iberoamericanas son, a la vez que expresión visible de esa Comunidad, el motor de un proceso de dialogo político y de cooperación que a todos nos importa y beneficia.

Historia, cultura e idiomas compartidos no llegan a explicar por sí solos ni la profundidad ni la extensión de nuestras relaciones. Son los valores que consideramos consustanciales con nuestra identidad los que dinamizan su presente y aseguran su porvenir: la democracia, el respeto de los derechos humanos, el reconocimiento y garantía de las libertades y la dignidad de la persona como base de nuestros sistemas políticos.

La pluralidad de origen, el mestizaje de todas las sangres, otorga a América un puesto destacado en el escenario de la cultura contemporánea. Frente al peligro de los integrismos, que aspiran a imponer el exclusivismo de pretendidas razas, religiones únicas, lenguas puras o culturas uniformes, cabe anteponer los valores de la tolerancia y la convivencia, el enriquecimiento mutuo en la diversidad, el amor a la tierra de los ancestros y el respeto a la historia compartida. Todos estos rasgos identifican a nuestros países y definen el verdadero rostro de la civilización del futuro.

Sr. Presidente,Sras. y Sres. Congresistas,

La democracia, como todos sabemos por nuestra propia experiencia histórica, es un bien difícil de conservar y proteger. Se ha afirmado con razón que la democracia sólo se sobrevive a sí misma mediante su refundación permanente.

Como Rey de España, quisiera saludar hoy desde este Congreso que representa a la Nación peruana el renacimiento de las instituciones democráticas, que ha tenido su expresión más acabada en el proceso electoral ejemplarmente organizado por el gobierno del Presidente Valentín Paniagua. España se congratula de que el Perú se reintegre con vigor a la familia de las naciones democráticas y amantes de la libertad.

En España hemos seguido de cerca los acontecimientos que se han sucedido vertiginosamente en el Perú, con la esperanza fundada de que el país sabría encontrar la necesaria concordia para construir un sólido porvenir.

En circunstancias semejantes en algunos aspectos a las que ahora le toca vivir al Perú, España puso a prueba lo mejor de su espíritu en la búsqueda de espacios de concertación y diálogo. La transición democrática española se asentó en el convencimiento por parte de todos los ciudadanos de que el futuro que compartíamos en común era mucho más importante y sugestivo que las divisiones que pudieron existir en el pasado. La España de hoy, dinámica, próspera, con un importante peso político y económico en el mundo, debe mucho a la voluntad decidida de los españoles por encontrar fórmulas de consenso que hicieran posible una transformación radical de la realidad nacional.

Este camino de concertación, que también ha seguido el Perú, implica un fortalecimiento del Estado y de sus poderes, un renacimiento de la sociedad civil a través de las múltiples entidades y organizaciones que la representan y un reforzamiento del papel de los partidos y fuerzas políticas. En el seno de una sociedad crecientemente global, plural y compleja, corresponde a los responsables políticos marcar y establecer pautas que tengan presentes los retos y oportunidades del futuro más que las querellas del pasado.

Sr. Presidente,Sras. y Sres. Congresistas,

Las relaciones entre el Perú y España revisten una naturaleza singular.

Los vínculos de lengua, cultura e historia existentes entre nuestros dos países, se han visto reforzados en los últimos años por la presencia en el Perú de la Cooperación Española y de la inversión de numerosas empresas de mi país que están comprometidas con el desarrollo económico peruano. Si las empresas han convertido a España en el primer inversor extranjero, el Perú es actualmente el primer destinatario de la Cooperación Española en el mundo.

Esta presencia española constituye la expresión más viva de la confianza y del compromiso de España con el desarrollo peruano. Efectivamente, las inversiones realizadas posibilitan ofrecer unos mejores servicios al conjunto de la ciudadanía, lo que a su vez contribuye a generar mayores oportunidades de empleo y de mejora social. En un marco jurídico de estabilidad, como el que la democracia peruana proporciona, las empresas florecerán aportando con ello su contribución al desarrollo. En este contexto, confío en el futuro de prosperidad compartida entre España y Perú, facilitado por este clima propicio que entre todos debemos fomentar para que la mayor presencia empresarial española en estas tierras redunde en beneficio de un mejor futuro para el pueblo peruano.

España sabe por propia experiencia que la apertura y la liberalización económicas son la clave del progreso. Estas han permitido, a lo largo de los últimos 25 años, un gran desarrollo económico y social, que ha supuesto una radical transformación en todos los ordenes de la vida española. Ello ha sido posible gracias al consenso y al clima de entendimiento alcanzado también en las grandes cuestiones económicas que dominaron la transición española y que subrayaron el convencimiento de los españoles acerca de la necesidad de establecer las bases de una economía abierta y competitiva adaptada a las circunstancias exigentes de un mundo cada vez más globalizado.

Perú emprende este mismo periplo en el que el renacimiento de su democracia constituirá el motor de su desarrollo y la fuerza impulsora necesaria para lograr el apoyo del resto de la comunidad internacional, como se ha demostrado en la reciente reunión de la Mesa de Cooperación Internacional sobre el Perú que tuvo lugar en Madrid, el pasado 22 de octubre. España se muestra particularmente satisfecha por el resultado de este encuentro que subraya que nuestro interés en el desarrollo del Perú no es exclusivo sino que busca aunar los esfuerzos de todos para alcanzar este objetivo común.

Estos días, que nos traen a la Reina y a mí el grato recuerdo de nuestro primer viaje de Estado al Perú en 1978, nos van a permitir conocer la realidad de estas relaciones ricas y variadas en las que participan peruanos y españoles, muchos de ellos residentes en nuestros respectivos países.

Resulta sumamente alentador comprobar cómo la sociedad, los agentes económicos y los ciudadanos españoles, se interesan por el Perú. Las empresas, con su contribución al desarrollo; las universidades e instituciones culturales, siempre activas en desplegar iniciativas; los cooperantes y religiosos españoles, con su trabajo y dedicación diarios, son solo algunos ejemplos que demuestran cotidianamente la riqueza y densidad de nuestras relaciones bilaterales.

La importante comunidad peruana establecida en España en los últimos años es también expresión fiel de la fortaleza de los lazos que hemos establecido. Los españoles reconocemos a esos ciudadanos peruanos venidos a trabajar entre nosotros las cualidades propias de un pueblo noble y esforzado y agradecemos la decisiva contribución que realizan al bienestar de la sociedad española y de sus ciudadanos. España los acoge con afecto, consciente de la dificultad que representa para estos hombres y mujeres el sentirse lejos de su patria.

Sr. Presidente,Sras. y Sres. Congresistas,

El presente de nuestros dos países ofrece múltiples manifestaciones esperanzadoras acerca del progreso de nuestras relaciones y del estrechamiento de nuestros seculares lazos. Desde este lugar, símbolo máximo de los valores de libertad y democracia que nos unen, deseo proclamar mi fe en el futuro de Perú y España, como naciones dispuestas a recorrer juntas los senderos de este nuevo siglo apenas comenzado.

Muchas gracias.

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