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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el Archiginnasio de Bolonia

Italia(Bolonia), 04.10.2001

V

iniendo a Bolonia cumplo un deseo sentido desde hace años. Pero recibir el Sigillum Magnum de su Universidad y ser objeto de la amable acogida del Ayuntamiento, me procura una satisfacción enorme al tiempo que lo considero un gran honor.

No hay muchos ejemplos de relaciones entre una ciudad y un país tan amistosos, perdurables y fructíferos como las relaciones entre Bolonia y España. Quizá esto no sea ajeno a que en su origen está el hermoso afán de aprender, adquirir y transmitir la ciencia que desde sus comienzos trajo a tantos españoles al estudio bononiense y continúa haciéndolo hasta el día de hoy.

Entre ellos se cuentan desde Rodrigo Jiménez de Rada, Domingo de Guzmán, Raimundo de Peñafort o el Rector ultramontano Abril de Salamanca, que firma los primeros Estatutos conocidos de esta Universidad, hasta los más recientes excolegiales que me acompañan en esta visita, doctores di ricerca gracias a la generosa convención del Alma Mater con el Real Colegio de España.

Hace trece años, el Rey de España, al recibir en el aula Magna de Santa Lucía el Doctorado Honoris Causa, señalaba el influjo poderoso y positivo del magisterio bononiense en el ámbito hispánico. Las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, supremo monumento de nuestra jurisprudencia medieval, le son deudoras. Y, lo que aún es más importante, ese magisterio contribuyó a la pacífica unidad de los españoles, ya que los diferentes reinos de la Península Ibérica adoptaron ordenamientos jurídicos semejantes entre sí, al inspirarse todos en el modelo difundido por Bolonia. Esa semejanza hizo más fácil su buen entendimiento y, a la postre, su convergencia en una sola monarquía.

Establecida su unidad, España llevó a otros pueblos su propia versión de la cultura europea y, con ella, no pocos hallazgos de origen boloñés. Tal es el caso de las Leyes de Indias, que pusieron en vigor en América principios jurídicos extraídos del Derecho Romano por glosadores y post-glosadores. Este mismo idioma que hablo y comparto con unos cuatrocientos millones de personas lo fijó para siempre un aventajado alumno de vuestra Universidad, Antonio de Nebrija. Su Gramática de la Lengua Castellana es en parte el fruto de un saber filológico adquirido en Bolonia.

Por estas y otras muchas razones, casi parece de justicia que la Coronación Imperial de Calos I de España y V de Alemania se hiciera aquí, en San Petronio, Santo de este día y Patrono de la ciudad. Así, se podría decir que el 24 de febrero de 1530 Bolonia fué Capital de España.

También este hermoso edificio en donde nos encontramos, como sede histórica de la Universidad y propiedad del Ayuntamiento boloñés, testimonia en sus escudos heráldicos la presencia de españoles ante las dos instituciones a las que vuelvo a expresar mi gratitud.

Y como acontece en toda relación fecunda, si Bolonia ha hecho por España, España también hizo por Bolonia.

Lo hizo concurriendo a la defensa de su Ayuntamiento, asunto que nos remite a seis siglos y medio atrás, lo que es mucho tiempo aunque no demasiado para la memoria de esta ciudad. Aludo a las gestas de aquel gran español enamorado de Bolonia, Gil de Albornoz, que hizo indisoluble nuestro vínculo de amistad.

Don Gil de Albornoz puso fe en el futuro de Bolonia y de su Universidad, en unos tiempos en que ese futuro era incierto. Con ocasión de esta visita he aprendido cuánto le costó a Don Gil restablecer el Libero Comune de Bolonia frente a una opresora Signoria. Negociaciones y cuantiosos pagos en Italia para redimir a la ciudad de aquella servidumbre, gestiones políticas tanto en la Corte de Aviñón como en la húngara, y al fin, en 1361, la Batalla del Campo de San Rufilo en la que ciudadanos de Bolonia y parientes, deudos y seguidores del Cardenal Albornoz, combatieron juntos; algunos hasta la muerte.

A ese sacrificio se refieren los Estatutos del Colegio de España cuando lo encomiendan a la perpetua protección de?Los Rectores, Autoridades y Ancianos de la ciudad de Bolonia?, recordando que?gracias a su Justicia y loable Gobierno, y al generoso favor con que los estudiantes siempre se ven acogidos paternalmente?, este estudio ostenta?El Principado entre todos los del mundo?.

Don Gil confía en que su colegio con el tiempo?se acreciente de bien en mejor?. Aquí las autoridades y el pueblo lo protegerán?dicen los Estatutos- por amor de aquél?que los sacó de una tiránica servidumbre y defendió heroicamente su ciudad? derramando su propia sangre.

El año próximo se cumplirá el séptimo centenario del nacimiento de Albornoz y, según entiendo, la ocasión, más que a nostálgicas evocaciones del pasado, invita a celebrar un feliz presente, que fue el futuro querido por Don Gil.

Motivos hay para ello.

Hoy, la antiquísima Universidad por la que Albornoz apostó, destaca por su excelencia en Italia y proyecta su prestigio sobre el panorama universitario europeo.

Hoy, este próspero Comune de Bolonia, con su riqueza de iniciativas públicas y privadas, es un ámbito de convivencia donde la imaginación y laboriosidad típicas del carácter petroniano se traducen en progreso para todos.

Estamos pues, al cabo de una historia que comenzó con padecimientos hace seis siglos y medio, y que hoy ofrece un desenlace feliz. Solo cabe desear que esta bella peripecia histórica compartida por Bolonia y España tenga un futuro más prometedor todavía.

Y cabe esperarlo con confianza. Porque Bolonia encabeza una de las regiones más prósperas de Europa, que comercia intensamente en España, y porque en España centenares de Doctorados en Bolonia enseñan en las Universidades, sirven al Estado en puestos destacados y promueven los intercambios económicos antes citados. Unen, pues, a Bolonia y España confianza mutua e intereses compartidos, es decir, los ingredientes de una cooperación fecunda.

Mentre stiamo vivendo giorni segnati dalle disgrazie derivanti dall?intransigenza e dalla violenza, il fruttifero incontro secolare tra Bologna e la Spagna offre la speranza di cui abbiamo bisogno per far fronte alle difficoltà del presente. A ció si aggiunge la gentilezza che tutti voi mi avete dimostrato e che ricambio con gratitudine.

Magnifico Rettore, signor Sindaco:

Mi rende felice essere a Bologna e dirvi di cuore: grazie infinite.

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