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Palabras de Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina en la gala conmemorativa del XXV Aniversario de los Premios IMSERSO

Madrid, 27.11.2001

C

on especial afecto y honda satisfacción vengo a presidir este acto conmemorativo del veinticinco aniversario de los Premios IMSERSO, una iniciativa a la que estoy personalmente vinculada desde hace seis años, y cuyos ideales y objetivos comparto plenamente.

Estos galardones, que promueve el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, se han convertido, con el paso del tiempo, en una referencia muy significativa del apoyo de la Administración española a aquellas personas y organizaciones que realizan una labor, digna de ser ensalzada.

Una labor que se lleva a cabo no sólo en España, sino también en las naciones de nuestra comunidad Iberoamericana, en pro del bienestar de las personas que precisan mayores atenciones, en concreto de los discapacitados, de los mayores, de los inmigrantes y de los desplazados.

Un apoyo que aplaudo, en cuanto significa compartir con los pueblos con los que ya tenemos una lengua y cultura común, los valores de la fraternidad y el respeto mutuo en sus matices más hondos y auténticos.

Un ideal que nos impulsa a perseguir juntos la implantación de la igualdad de oportunidades y la eliminación de cualquier discriminación que la coarte o retrase.

En mis viajes a Iberoamérica, y en particular durante los que he realizado desde 1999, he tenido ocasión de comprobar directamente la eficacia con que se realizan estas actividades, y su estrecha adecuación a las necesidades concretas de aquellos a quienes atienden.

Para celebrar el aniversario que hoy nos reúne, sus promotores han querido hacer un alto en el camino, significando a algunos de los premiados en este cuarto de siglo, por su perseverancia y por su constancia al haber sabido mantener durante este tiempo las aciones por las que fueron premiados.

Después de un proceso de selección, que dada la calidad de los candidatos me imagino muy difícil, ha sido destacado un grupo de personas, entidades y empresas de Colombia, Perú y España, que se han distinguido, tanto por la calidad, como por el carácter innovador y su continuidad en la actividad desarrollada.

Como Embajadora de Buena Voluntad para el Año Mundial del Envejecimiento, distinción de Naciones Unidas que me compromete aún más, si cabe, con la ayuda y apoyo a las personas mayores, quiero citar en primer lugar entre los galardonados a, los Centros de los religiosos Camilos, al Centro hospitalario Benito Menni, a Mensajeros de la Paz y a la periodista limeña Carmen Silvia Pitot, animándoles a continuar su meritoria y bien llevada tarea.

Dedico el mismo reconocimiento a cuantos atienden e integran a los discapacitados en MRW, CIREC de Colombia, ASPRONA de Valladolid y Talleres Gureak. A Payasos sin Fronteras y su conmovedora dedicación a niños y niñas desplazados y refugiados. Y a las Federaciones Andalucía Acoge y Alicante Acoge y a Concepción Carrasco Carpio por su atención a los problemas específicos de los inmigrantes.

Saludo, finalmente, a los medios de comunicación que, como TVE-2 en "Línea 900", Servimedia y Onda Cero en "Un mundo sin barreras", despiertan y estimulan nuestra conciencia social, volcando su vocación periodística en una misión cumplida con especial ejemplaridad.

El acto que hoy celebramos nos recuerda muchos días de esfuerzos pioneros, de lucha contra la inercia y la incomprensión, de la íntima y duradera satisfacción del deber cumplido y el trabajo bien hecho.

Nuestros premiados de hoy nos enseñan también que el desarrollo se basa, principalmente, en una red de solidaridad que impregna de vida y estimula un proceso imparable de paz, justicia y progreso.

Nos enseñan también, que la palabra desarrollo ha pasado de ser un dato instrumental para convertirse en un valor social y una exigencia universal.

Enhorabuena a todos y gracias por su lección, que todos debemos empeñarnos en comprender y realizar.

Muchas gracias.

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