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Palabras de Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina en la entrega del Premio de Economía de Castilla y León que lleva su nombre

Burgos, 08.03.2002

M

e alegra venir a esta histórica ciudad para hacer entrega, una vez más, de este Premio de Economía que instituyó la Junta de Castilla y León, hace ya algunos años.

Este premio reconoce la trayectoria de los profesionales y las instituciones que han destacado por su esfuerzo, su constancia y sus desvelos en beneficio de toda la sociedad. Tanto desde sus magisterios e investigaciones, como desde su labor en los organismos que influyen decisivamente en la vida económica del país.

El marco de este acto es la joven Universidad de Burgos, y en concreto este antiguo hospital de peregrinos fundado por el Rey Alfonso VIII, uno de los más hermosos del Camino Jacobeo.

Sean sus acogedores muros símbolo del camino que hemos de recorrer, con el apoyo de todos, para llevar a nuestro país a las cotas de progreso y bienestar que se merece. Y sirva también de estímulo a la juventud universitaria, para seguir las huellas de los maestros a quienes se otorga esta recompensa que hoy celebramos.

Porque es cierto que no cabe un progreso sostenido sin el esfuerzo conjunto de todos, y en especial de aquéllos más obligados a procurarlo.

Me honra en especial que el Premio que acabo de entregar lleve mi nombre, e interpreto esta distinción como un reconocimiento al estímulo y apoyo que la Casa Real Española dispensa siempre a las iniciativas en el ámbito de la ciencia y la cultura. Y más si cabe, cuando los premiados son profesionales de tan indiscutible prestigio como los que lo han obtenido hasta ahora.

La trayectoria de D. Luis Angel Rojo es tan conocida que me dispensa recorrerla en detalle. Su bagaje profesional, tan respetado en el ámbito económico, y su trabajo al frente de una institución crucial en la vida española, son sus hitos más sobresalientes.

A ellos se añade, y celebro recordarlo en este recinto, su dedicación universitaria, que articula y ensambla su tarea como economista y sus responsabilidades públicas. A la vez que nos enseña que la aventura del saber no es una peripecia individual, sino que se logra y culmina en la transmisión del conocimiento y en la reversión de sus beneficios a la sociedad.

Transmitir la ciencia económica, transfundirla en obras, es lo que ilustra una vida y colma una vocación.

Enhorabuena a D. Luis Angel Rojo por este galardón, y a la Junta de Castilla y León por darnos ocasión de festejarlo.

Muchas gracias.

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