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Palabras de Su Majestad el Rey en la Clausura del Congreso Internacional sobre Olimpismo

Madrid, 09.03.2006

C

on gran satisfacción, vengo a clausurar este Congreso Internacional sobre Olimpismo que, a lo largo de estos dos días, se ha venido celebrando en Madrid. Mucho me alegra tener la ocasión, con este motivo, de dirigir mi más cordial saludo a cuantos en él han participado. España se honra en haber podido brindar su hospitalidad como sede de este Congreso.Un Congreso que, estoy seguro, les habrá permitido -durante estas breves, pero intensas horas de trabajo- intercambiar conocimientos, experiencias y opiniones sobre el momento que vive el Movimiento Olímpico, y sobre sus perspectivas de futuro.Hace más de ciento diez años que Pierre de Coubertin formuló el concepto de Olimpismo y enunció sus valores constitutivos: combinar equilibradamente cualidades del cuerpo, la voluntad y el espíritu; asociar el deporte a la educación y a la cultura; fomentar la superación, el buen ejemplo y el respeto a los principios éticos universales; y concebir el deporte como desarrollo armónico del hombre.La máxima expresión del Olimpismo habría de ser la celebración de los Juegos Olímpicos que, inspirados en los Juegos de la antigüedad, pero adaptados a las realidades de la época, vieron la luz por vez primera en 1896.Desde entonces hasta nuestros días, la proyección social de los Juegos Olímpicos no ha dejado de crecer, hasta convertirse no sólo en la magna cita deportiva que hoy son, sino también en uno de los eventos de mayor repercusión mundial.El Movimiento Olímpico se ha desarrollado y afianzado en este recorrido de más de un siglo de vida, y se ha constituido en el garante de los principios del Olimpismo. Hoy -más que nunca- conserva todo su valor como instrumento para la unión de hombres y de pueblos, para la lucha contra las discriminaciones, la búsqueda de la paz, y la educación de la juventud mundial a través del deporte.Este Congreso Internacional ha sido una ocasión excelente para revalidar, a través de las conferencias de figuras destacadas del Movimiento Olímpico, los valores que el Olimpismo puede y debe seguir aportando a nuestra sociedad, en especial a los más jóvenes y, por lo tanto, más permeables a la educación olímpica.Buen ejemplo de ello es la campaña que el Comité Olímpico Español ha emprendido para la difusión de los valores olímpicos entre los jóvenes escolares; una campaña que está llamada a jugar un importante papel en la educación de nuestra juventud con arreglo a dichos valores.España mantiene una tradicional vinculación y un firme compromiso con el Olimpismo. La celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, representó la culminación de una ilusión colectiva, a la vez que impregnó a todos los españoles del sentimiento olímpico que tenemos tan arraigado desde entonces.Fruto de ese sentimiento es la organización de diversos eventos de naturaleza olímpica que han tenido lugar recientemente en España, como los Juegos Mediterráneos de Almería, o van a desarrollarse en un futuro muy próximo, como el Festival Olímpico de la Juventud Europea, en Jaca.Al mismo espíritu responden las diversas candidaturas que España ha presentado para la organización de nuevas ediciones de los Juegos Olímpicos, tanto de verano como de invierno, y que constituyen una aspiración de toda la sociedad española.La Corona se siente muy vinculada al Olimpismo, no sólo por la condición de deportistas olímpicos de varios Miembros de la Familia Real, sino también por Nuestro permanente y pleno apoyo a los valores que el Olimpismo representa.Felicito al Comité Olímpico Español, que ha hecho posible la celebración de este Congreso, y a cuantos han colaborado para dar contenido a esta iniciativa, en la confianza de que la misma habrá sido útil para defender y seguir potenciando aquellos valores.Desde aquí, les animo a todos a mantener viva y alimentar la perenne llama del Olimpismo.Con este afán, declaro clausurado el Congreso Internacional sobre Olimpismo.

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