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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en Menorca

Menorca, 02.03.2011

Permitidme que en este acto sencillo y también emotivo e ilusionante os dirija unas palabras muy breves.

Lo primero, es decirles a las autoridades de las Illes Balears y de Menorca, a las personas que nos acompañan aquí y a todos los menorquines, que estamos muy contentos de volver juntos a la isla, a Mahó y a Ciutadella. Recordamos con cariño aquella visita del año 2005 cuando visitamos oficialmente todas las islas, toda la Comunidad Autónoma. El mismo cariño que recibimos hoy y que os agradecemos de corazón.

Por eso nos sentimos especialmente satisfechos al unir ahora a nuestro cariño de siempre por este rincón de España y al compromiso institucional por su futuro, una contribución concreta -personal y a través de nuestra Fundación Hesperia- a la labor social ejemplar que los menorquines estáis desarrollando en beneficio de las personas con discapacidad.

Creo que todos tenéis una noción de las circunstancias tan particulares que dieron pie a que hoy estemos aquí y podamos ayudar a la Fundación para las Personas con Discapacidad de Menorca (FPDIM): la herencia del Sr. Balada.

La Princesa y yo no conocíamos a Juan Ignacio Balada y por eso fue toda una sorpresa cuando fuimos informados del contenido de su testamento, hace algo más de un año, por el que nos designaba co-herederos de su patrimonio.

Estamos orgullosos de vosotros; de la gran labor que desarrolláis; del espíritu que os anima; de vuestra generosidad y del sentido social de vuestro trabajo; en suma, de vuestra solidaridad y compromiso cívico con quienes más lo necesitan. Y de hacer, como hacéis, un gran bien a las personas discapacitadas de Menorca y a sus familias.

En estos casos, y ya teníamos algún precedente, lo habitual hubiera sido que renunciásemos a la herencia. Era lo más sencillo; lo menos complejo; la solución más fácil. Sin embargo, renunciar a la herencia hubiera supuesto -por decisión del propio Señor Balada- que sus bienes pasasen a las arcas públicas del Estado de otro país. Estoy seguro de que ese Estado lo habría destinado a un buen fin, benéfico, o incluso -con alguna indicación- lo podría haber dedicado a algún fin de interés para ambas naciones. Pero nos pareció que esa no era la manera más directa o mejor de asegurar que los españoles se beneficiaran de su patrimonio.

Por esa razón, la Princesa y yo decidimos aceptar la herencia y el encargo de constituir, con la mitad de sus bienes, una Fundación destinada a fines de interés general. Pero, además, teníamos muy claro -como no podía ser de otra manera-, y así lo hicimos público, que el dinero que recibiésemos lo destinaríamos también a fines de interés social.

Días más tarde de nuestro anuncio, recibimos vuestra petición. La estudiamos y nos convenció. Y así, tomamos la decisión de destinar los fondos que recibiésemos de la herencia a vuestra Fundación para ayudaros a crear empleo, específicamente en elámbito de los jóvenes discapacitados de aquí, de Menorca, de donde era natural y donde vivía Juan Ignacio Balada.

Hoy, hemos visitado las instalaciones de la Fundación en Mahón y Ciudadela. Nos habéis informado de vuestros proyectos. Hemos conocido a vuestros responsables y, también a jóvenes y mayores que se benefician de vuestras acciones, de vuestro esfuerzo.

Y, después de todo ello, puedo deciros que realmente estamos orgullosos de vosotros; de la gran labor que desarrolláis; del espíritu que os anima; de vuestra generosidad y del sentido social de vuestro trabajo; en suma, de vuestra solidaridad y compromiso cívico con quienes más lo necesitan. Y de hacer, como hacéis, un gran bien a las personas discapacitadas de Menorca y a sus familias.

Estoy seguro de que el Señor Balada estaría hoy satisfecho de ver el destino que le hemos dado al dinero que nos legó y que hemos recibido. Nosotros, desde luego, lo estamos. Y seguiremos destinando en el futuro su dinero a favor de quienes más lo necesiten y especialmente a los jóvenes, para ayudarles a que estudien, que se formen y puedan obtener un empleo. Que puedan desarrollar una vida lo más plena posible. Que puedan hacer realidad sus deseos y aspiraciones.

Gracias a vosotros, muchoánimo y enhorabuena por la extraordinaria labor que lleváis a cabo, que merece el respaldo y el reconocimiento de todos.

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