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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el V Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo

Colombia(Medellín), 29.05.2009

¡

Muy buenos días a todos! y antes de nada gracias a los organizadores de este encuentro por la oportunidad de volver a reunirnos con todos ustedes en una nueva Edición, la quinta, de este Congreso Internacional, cuando la Princesa y yo encaramos el término de nuestra Visita Oficial a Colombia. Nuestra gratitud también al Alcalde y ciudadanos de Medellín por su generosa hospitalidad, así como al Gobernador del Departamento de Antioquia.

Desde su 1ª Edición en enero de 2004 hasta hoy, estos Congresos se han sucedido como muestra de la atención y preocupación de nuestras sociedades hacia las inaceptables consecuencias del terrorismo sobre los seres humanos y sus derechos más básicos, como la vida, la libertad o la integridad física y moral.

Madrid, Bogotá, Valencia y ahora esta preciosa e histórica ciudad de Medellín, corazón de la Antioquia colombiana, han sido escenario de unas reuniones que pretenden ser un canto a la vida, a la dignidad del hombre, a la democracia y a la esperanza.

Quiero al inicio de mi intervención en este Congreso rendir, junto a la Princesa, un sentido homenaje de respeto profundo y afecto a todas las personas que perdieron su vida, han sufrido heridas físicas o psicológicas y están -o han estado- privados del preciado derecho a la libertad, por causa del execrable terrorismo que, insisto, atenta contra los más elementales derechos del ser humano.

Hoy están aquí precisamente muchas personas que han padecido el inmenso dolor que causa el zarpazo terrorista, que nada ni nadie puede reparar, y que merecen la máxima atención y comprensión de toda sociedad que se precie de considerarse mínimamente basada en un modelo de convivencia sana y deseosa de encarar el futuro de manera constructiva yética. Para ellos, por tanto, como para los que mantienen este esfuerzo cívico, nuestra continua admiración y respaldo.

Se cumplen cinco años de un Congreso que reúne tanto a víctimas del terrorismo y familiares como a especialistas y autoridades de muchos lugares del mundo, para reflexionar sobre el profundo sufrimiento y daños que generan los crímenes terroristas y para reafirmar la necesidad de multiplicar esfuerzos para erradicarlo de la faz de la tierra; para que no haya lugar, ni físico, ni moral, ni intelectual en el que se escondan o escuden esas prácticas delictivas y deleznables.

Puede parecer una utopía, pero creo que la humanidad está?o al menos avanza hacia esa posibilidad como nunca antes- suficientemente dotada para ello. No sé tanto si consciente de su capacidad o plenamente convencida de quererlo, pero los pasos en cada país, con el apoyo fundamental de la cooperación internacional han de ser firmes y basados en el respeto y defensa de los valores y garantías de la democracia, del estado de derecho y de los derechos humanos, empezando por la Vida y la Libertad.

Cinco ediciones de este Congreso que nos reconfortan, pues subrayan que la comunidad internacional, a pesar de las dificultades reales en tantos rincones del planeta, cuida la llama de su determinación de acabar con el terrorismo y de promover la mayor solidaridad con sus víctimas.

Y es que hace mucho tiempo que el terrorismo dejó de ser una pesadilla meramente local; hoy es transnacional y global en sus manifestaciones y sustentos. Nuestros países han padecido la acción de grupos, organizaciones, o incluso de auto llamados "ejércitos"?aún indignos de tal consideración- que practican el terror sembrando de dolor y luto a millones de familias y han conmovido a nuestras sociedades. Un terrorismo que casi siempre es la expresión más cruel de ese fanatismo que, el escritor Amos Oz, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2007, ha definido como auténtico "gen del mal".

Los atentados sufridos en losúltimos años en distintas ciudades del mundo, nos demuestran que nos encontramos ante un terrible problema de dimensiones universales. Por ello, la respuesta a este fenómeno debe ser también de carácter internacional, con la unidad de todos para combatirlo y, también, para reconocer, asistir y atender a los que más lo sufren, que hoy aquí están tan dignamente representados por todos ustedes.

En esta dirección avanza afortunadamente la comunidad internacional. Precisamente, el pasado mes de septiembre, por iniciativa del Secretario General de las Naciones Unidas, se celebró en Nueva York el I Simposio Internacional para el apoyo a las víctimas del terrorismo, personas utilizadas como medios para unos fines siempre totalitarios. Constituyó, al mismo tiempo y a partir del homenaje que ellas merecen, una expresión colectiva de deslegitimación del terrorismo en cualquiera de sus formas.

El informe final de las Naciones Unidas recomienda dar pasos concretos para proteger la dignidad de las víctimas, y proporcionarles voz y visibilidad: aconseja reforzar la legislación, nacional e internacional, para asegurarles un estatus legal y la protección de sus derechos; propone la creación de un equipo internacional de asistencia que pueda acudir con rapidez a los escenarios de ataques terroristas, así como redoblar los esfuerzos para garantizar a los afectados el acceso a la atención médica y el apoyo financiero; e insta finalmente a colaborar con los medios de comunicación para el mejor tratamiento informativo del fenómeno terrorista.

En estas líneas, ha venido y viene trabajado España. Lamentablemente la sociedad española ha conocido desde hace décadas la violencia terrorista, con más de mil personas asesinadas, un considerable número de heridos, secuestros y estragos materiales, todo ello sin olvidar las inaceptables extorsiones mafiosas que practican los terroristas.

La respuesta no puede limitarse a la persecución y condena penal de sus autores, sino que debe también abarcar la necesidad de apoyar y reconfortar a las víctimas, de intentar paliar su dolor y de acompañarles en el duelo, de ayudar en lo material a paliar los daños sufridos y de guardar su memoria. Y hemos avanzado en esta dirección gracias al potente movimiento asociativo y fundacional de víctimas, a las Administraciones atentas a sus necesidades y a una avanzada legislación en la materia.

Entre las mesas redondas de este V Congreso, se ha reservado una para exponer la experiencia española, con testimonios de vida y de recuerdo, de modo que pueda ser conocida por los representantes de otros países aquí presentes. En estos años hemos aprendido mucho de las víctimas del terrorismo, como referente cívico de nuestras sociedades democráticas y símbolo perpetuo de la firmeza de nuestros valores y principios.

No hay dinero en el mundo que sustituya la vida que ha sido arrebatada, ni que repare del todo las lesiones físicas o psicológicas producidas, ni la pérdida de libertad o de seguridad. Sin embargo, es necesario realizar un esfuerzo común para evitar el desamparo individual y social de las personas y sus familias por causa del terrorismo, así como la ruptura de la unidad económica familiar. Un esfuerzo reflejo del respeto y de la consideración que todas las víctimas merecen, de la deuda que con ellas tenemos contraída.

El terrorismo es consustancialmente inhumano e injustificable. Acaba con la vida, destroza familias y deja brutales secuelas, pero, como ya dije en la primera edición de este Congreso, no podrá acabar nunca con nuestra fortaleza moral, es decir aquella que define a las sociedades de convivencia democrática, de paz y libertad.

Antes de terminar esta intervención quiero dirigir nuestro reconocimiento a todas las personas que dedican sus mejores esfuerzos a luchar contra el terrorismo y a ayudar a las víctimas del terrorismo en tantos lugares del mundo. Me refiero a los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, las Fuerzas Armadas, jueces, fiscales, bomberos, médicos, psicólogos, trabajadores sociales, autoridades o funcionarios. Para todos ellos, y para tantas otras personas que trabajan en la misma dirección, nuestra mayor gratitud y apoyo.

En Medellín, ciudad alegre y emprendedora, que ha sabido ir superando la crueldad y esclavitud del terrorismo, quiero terminar mis palabras con un mensaje de confianza, compromiso y esperanza en la capacidad de nuestras sociedades para trabajar juntos en la construcción de un futuro sin terrorismo que todos, de corazón, anhelamos; de un mundo más humano, solidario justo y pacífico,

Gracias por invitarnos a la inauguración de este Congreso organizado con esmero por la Fundación Víctimas Visibles y muchoséxitos a todos en sus trabajos.

Muchas gracias

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