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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias con motivo del almuerzo ofrecido por el alcalde de Gdansk

Gdansk, 08.05.2008

P

ermítanme que inicie mis palabras agradeciendo, en nombre de la Princesa y en el mío, la cordial hospitalidad con que han querido acogernos en esta milenaria, hermosa y dinámica ciudad de Gdansk.

Puerta del Báltico, renombrada desde siempre por su saber, su industria naval, su comercio marítimo y su ámbar, Gdansk añade a tan prestigioso bagaje su directa participación en acontecimientos históricos de hondo calado.

Y por eso nos alegra especialmente que esta noble ciudad que rezuma historia y se proyecta hacia la modernidad, sea el lugar elegido para poner punto y final a nuestra Primera Visita Oficial a Polonia.

Una Visita en la que hemos tenido la satisfacción de subrayar la simpatía, el afecto y el respeto de España y los españoles hacia Polonia, su cultura y sus gentes.

Baste traer a la memoria, entre numerosos recuerdos, que la Universidad de Salamanca, segura del nivel científico polaco y de sí misma, fue el primer centro académico superior de Europa, que en el Renacimiento asumió la excepcional teoría heliocéntrica de Miko?aj Kopernik, a quien los españoles llamamos Copérnico.

Con esta Visita hemos querido asimismo destacar la confianza de España en Polonia, en su dinamismo y su progreso, impulsada por las numerosas cualidades y valores que el pueblo polaco siempre ha sabido demostrar, y que tan bien refleja la ciudad de Gdansk.

En efecto, Gdansk, víctima temprana de la II Guerra Mundial, se reveló en la gesta de Westerplatte como un ejemplo de la heroica resistencia y determinación de los polacos, en defensa de su tierra y de su identidad.

Más tarde, durante los años setenta del pasado siglo, esta ciudad conquistó la admiración y el reconocimiento internacionales, por la valentía y el arrojo con que su población se manifestó en defensa de su dignidad e inició un desafío permanente contra la injusticia, hasta alcanzar definitivamente la libertad y la democracia, para Polonia y los polacos.

¿Cómo no recordar que el pueblo polaco enriqueció los conceptos de Libertad y Solidaridad, fundiéndolos en una sola realidad indivisible, fijada en la expresión ?No hay Libertad sin Solidaridad?, ?NIE MA WOLNOSCI BEZ SOLIDARNOSCI? (pronunciación: NIE MA VOLNOSCHI BES SOLIDARNOSCHI) ¿Cómo no rendir homenaje al Presidente Lech Walesa, Premio Nobel de la Paz, que supo liderar ese movimiento popular? ¿Y cómo no recordar el aliento y la influencia con que Su Santidad el Papa Juan Pablo II contribuyó a cambiar el destino y la vida de millones de ciudadanos en el mundo?.

Señoras y Señores,

Hoy, la Princesa y yo hemos podido visitar el ?Museo de los Caminos hacia la Libertad?. Todo él es un auténtico homenaje a quienes hicieron posible el movimiento ?Solidaridad? y a cuantos dejaron su vida en ese empeño.

Al salir del Museo, llama la atención el contraste que ofrece esta ciudad renovada, abierta al futuro, próspera y alegre. Sobre aquellos terribles recuerdos, Gdansk ha recuperado su vitalidad y se vuelca hoy en los avances más prometedores de las ciencias o en las nuevas tecnologías.

En este marco renovado, y con satisfacción, creo importante destacar que España y Polonia comparten el gran proyecto de integración europea. Un proyecto que acoge Estados que nunca debieron quedar apartados de un destino común y que para España ha sido determinante en su importante crecimiento y en la profunda modernización llevada a cabo en las últimas décadas.

A lo largo de estos días hemos podido reconocer los avances que el pueblo polaco ha cosechado en poco tiempo, con un mayor crecimiento económico, bienestar social y calidad de vida.

Hemos comprobado, y nos agrada mucho saberlo, el veloz crecimiento de nuestras relaciones económicas y, sobre esas bases, hemos tenido la oportunidad de animar a nuestros respectivos sectores empresariales para que se embarquen en nuevos proyectos e iniciativas conjuntas destinados a aprovechar las grandes oportunidades de cooperación que ofrecen dos economías con amplia proyección europea e internacional como las nuestras.

Asimismo, hemos sido testigos, con la inauguración del Instituto Cervantes, del notable aumento de los lazos culturales entre nuestros dos países, que alcanzan a nuestras Universidades, escuelas y poblaciones. El aprecio creciente y la gran demanda de nuestro idioma entre los estudiantes polacos nos alegra especialmente y afianzan esos lazos.

Todos esos vínculos crecientes en lo económico y lo cultural son fiel reflejo del sentimiento de mutua admiración y respeto que marca la Historia de nuestros dos pueblos. Hoy esa historia tiene un nuevo capitulo marcado por la gratitud, la consideración y el hondo aprecio que los Españoles deben a la presencia provechosa de tantos polacos en nuestro país.

La Princesa y yo concluimos tres días inolvidables de Visita a Polonia en los que hemos disfrutado especialmente de la hospitalidad de sus autoridades y de sus gentes que en estos momentos queremos agradecer de todo corazón. Nos llevamos con nosotros el calor y simpatía de esta tierra que explican la amistad que une a polacos y españoles. Y según afirmó Séneca, el gran filosofo hispano de la antigua Roma, hace dos milenios ?la amistad siempre favorece?.

Permítanme, Señoras y Señores, levantar mi copa para brindar con ustedes por la paz, la libertad y el bienestar del pueblo polaco y de Polonia, por la bella y activa metrópoli de Gdansk, y por la ventura personal de todos ustedes y de sus familias.

Muchas gracias.

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