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Palabras de Su Majestad el Rey en el almuerzo con motivo de su Visita Oficial a la OSCE

Viena, 21.11.2007

S

eñor Secretario General,

Señoras y Señores Embajadores,

Señoras y Señores,

Me llena de especial satisfacción regresar a Viena, para visitar por primera vez la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, en el año de la Presidencia española de esta Organización.

En esta visita tendré el honor y la alegría de inaugurar, junto al Señor Presidente Federal de la República de Austria, las nuevas instalaciones del Secretariado OSCE y de su Representante para la Libertad de Medios.

Unas instalaciones que responden a una necesidad práctica y representativa, al tiempo que simbolizan el compromiso de la OSCE con la mejor proyección de sus valores y principios, así como con la mayor eficiencia en el desarrollo de sus tareas.

Dirijo un saludo muy cordial a todos los Embajadores presentes y al Secretario General, al tiempo que les agradezco su muy amable acogida.

En sus años de existencia, la OSCE ha adquirido una relevancia basada en la perseverancia, el esfuerzo y, sobre todo, en el valor de la palabra al servicio de la paz y de la seguridad, de la prosperidad y de la democracia.

Desde 1975 hasta el presente, la historia de la OSCE es la de una negociación permanente, una conversación abierta y puesta al servicio de una comunidad de valores, que se ha constituido en piedra de toque de la seguridad compartida de Europa, y en acicate de la profundización democrática para los Estados participantes.

Los retos a los que se enfrenta la Organización resultan considerables.

Retos que van, desde la estabilidad en los Balcanes, la lucha contra la barbarie terrorista, o la preservación de las cotas de seguridad alcanzadas en nuestro Continente, hasta la cooperación en los temas económicos y del medio ambiente, o el efectivo respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales en sociedades democráticas y plurales.

Lejos de vernos preocupados por su existencia, dichos retos exigen ser encarados de forma resuelta por todos nosotros.

La OSCE siempre ha tenido un valor especial para España, cuya reciente historia se ha entrelazado con la de esta Organización. En efecto, nuestra transición hacia una sociedad plenamente democrática, discurrió en paralelo al nacimiento y desarrollo de la OSCE.

Al asumir su Presidencia en 2007, España ha pretendido enriquecer el acervo y fortalecer los cimientos políticos de la Organización.

Desde su inicio, la Presidencia española ha estado marcada por el constante empeño de aquilatar y robustecer el trabajo que se lleva a cabo en Viena, Varsovia y Copenhague, así como por las distintas Misiones de la OSCE, otorgando plenamente a esta Organización su carácter de foro de diálogo y negociación.

La Presidencia española se aproxima a su momento culminante.

En pocos días se celebrará el Consejo Ministerial de Madrid. Aspiramos a que los Estados participantes hablen con una sola voz, que identifiquen puntos de interés común, vías de superación de obstáculos, así como prioridades para la OSCE y formas de llegar a su consecución.

En el ámbito de esta Organización, España ha atribuido una particular importancia a la lucha contra el terrorismo y a la atención a sus víctimas -objeto de una Conferencia que hemos auspiciado-, así como al respeto medioambiental y a su conexión con la seguridad.

En cuanto a la Dimensión Humana, la reunión de Madrid podría ser una ocasión idónea para continuar la colaboración en asuntos tales como la lucha contra la trata de personas o el fomento de la tolerancia.

En este marco se inscribe la Conferencia sobre Intolerancia y Discriminación hacia los Musulmanes, recientemente auspiciada por España en Córdoba.

La visión de una Europa unida, en paz consigo misma, no está aún plenamente cumplida. Grandes son, sin embargo, los logros alcanzados. Tenemos la obligación colectiva de preservarlos y de ahondar en ellos.

Los equilibrios y las medidas de confianza, laboriosamente alcanzados entre nuestros Estados, resultan insustituibles.

Trabajemos juntos para mantenerlos y reforzarlos.

De igual modo, la estabilidad de algunas regiones dentro de nuestra Organización, como los Balcanes, debe ser fortalecida.

No debemos cejar en dicho compromiso, ni tampoco respecto del que ya tenemos con los conflictos enquistados en el espacio de seguridad que, colectivamente, nos hemos propuesto crear.

Nuestro espacio común es indisociable de las relaciones con nuestros socios mediterráneos y asiáticos para la Cooperación, cuya contribución es cada vez más importante y cuyo mayor asentamiento en la OSCE ha promovido la Presidencia española.

Los éxitos de la OSCE y los desafíos que tiene por delante, demuestran que hoy es una Organización tan necesaria como cuando nació.

Agradezco al Secretariado de la OSCE, a las Instituciones, a la Asamblea Parlamentaria, a los Representantes Personales de la Presidencia y a las Misiones OSCE sobre el Terreno, su esfuerzo y dedicación durante este año. Igualmente, deseo mucha suerte a Finlandia en el ejercicio de la próxima Presidencia.

Señoras y Señores Embajadores,

Señor Secretario General,

En este palacio de profunda impronta histórica para Europa y en esta capital, tan unida a España por estrechos y seculares vínculos, quiero reiterarles mi gratitud por su amable acogida, a la que quiero corresponder con la expresión de mi respaldo a la OSCE y de mis mejores deseos de éxito en sus importantes tareas.

Con este espíritu, levanto mi copa para brindar por la OSCE, por su valiosa labor, y por todos ustedes.

Muchas gracias.

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