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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de despachos a la 57 promoción de la Carrera Judicial

Barcelona, 02.07.2007

V

uelvo a esta muy querida ciudad de Barcelona, para presidir un año más el solemne Acto, que siempre me llena de especial alegría, de entrega de despachos a una nueva promoción de jueces.

Mi más afectuosa y calurosa felicitación a todos los alumnos y alumnas de la 57 Promoción.

Me sumo a vuestra alegría y a la de vuestras familias, en un día en que iniciáis una importante andadura, marcada por el compromiso y la responsabilidad de entregar vuestras vidas al mejor servicio de la sociedad, desde la Administración de Justicia.

Son muchas las razones que hacen de este solemne Acto un momento, no sólo entrañable, lleno de emociones y que siempre recordaréis, sino también cargado de trascendencia para el buen funcionamiento del Estado.

Primero porque, desde el punto de vista del servicio al Estado, hoy inicia su andadura una nueva promoción de Jueces, lo que supone un importante contingente de servidores públicos bien preparados.

Vais a incorporaros de inmediato, plenos de vocación y de energía, a la función de resolver y pacificar los conflictos que surjan entre los ciudadanos.

Vuestra incorporación a la Carrera Judicial constituye, pues, un hecho a la vez feliz y relevante, por el que todos nos felicitamos.

Segundo, porque la jurisdicción desempeña un papel clave en el reparto de las funciones públicas del sistema democrático, hasta el punto de conformar un Poder del Estado, el Poder Judicial, al que nuestra Constitución dedica su Título Sexto.

Es nuestra norma fundamental la que en su artículo 117 amalgama esa centralidad de posición, y también los vínculos del pueblo con la Corona y con el Poder Judicial, al establecer que ?la justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey?.

Nuestra preciada Constitución, como dije aquí mismo hace dos años, se erige en criterio rector y guía de todas vuestras decisiones como jueces.

En tercer lugar, no podemos olvidar que estamos ante la última pieza en el reconocimiento público de vuestro éxito, pues habéis superado unas difíciles oposiciones, el posterior período de formación en la Escuela Judicial y, finalmente, las prácticas tuteladas como Jueces adjuntos.

Un proceso en el que habéis empeñado lo mejor de vosotros mismos, vuestra gran ilusión profesional y un largo, fatigoso y perseverante esfuerzo, que, finalmente, ha dado su fruto.

Es ésta una ocasión que os brinda cumplidas razones para la satisfacción, y que os ofrece también la oportunidad de recordar a cuantos han trabajado con un ahínco parejo al vuestro, que todavía no se ha visto recompensado por el éxito.

Muchos de vosotros habéis venido a este Acto, acompañados por vuestras familias. Quiero reconocer su participación indiscutible en vuestros logros, a través de su respaldo.

Ellas os han intentado aportar ese entorno de tranquilidad y apoyo que todo opositor necesita para llevar a cabo su duro trabajo, subrayando así el papel crucial que la familia desempeña en nuestra sociedad.

Recuerdo, asimismo, a aquellos miembros de vuestras familias que no han podido acompañaros en este trascendente Acto.

A lo largo del camino recorrido, habéis podido disponer también de la enseñanza, la orientación y el acicate que os han aportado tanto la Dirección y el profesorado de la Escuela, como los Jueces y Magistrados con los que habéis desarrollado la ?adjuntía?.

Cuando en febrero de 2006 tuve la grata oportunidad de visitar junto a la Reina vuestra Escuela, pude constatar el rigor académico y la altura profesional del profesorado, la calidad de las enseñanzas impartidas, así como la dedicación de cuantos en ella colaboran y trabajan.

Me complace reiterar que, como españoles, nos sentimos orgullosos de la formación de nuestros jueces y de los recursos personales y materiales puestos a su disposición, que figuran entre los mejores del mundo.

Vais a empezar, pues, a desempeñar vuestro trabajo como jueces. Contáis para ello con el inestimable bagaje de una impecable preparación.

Es natural que alberguéis cierta inquietud por los comienzos. Pero pronto veréis como, gracias a vuestros profundos conocimientos, junto a la reflexión serena y la prudencia, podréis hacer frente con eficiencia a las responsabilidades de vuestros cargos.

Sin embargo, como bien sabéis, vuestra formación no termina aquí.

El Juez, como otros profesionales especialmente cualificados, siempre perfecciona sus conocimientos con un estudio constante, requerido, además, por la actualización del Derecho y de la doctrina que lo estudia.

Vuestra dedicación al estudio y a la permanente mejora de vuestra excelente preparación conforma una suerte de compromiso que adquirís con nuestra sociedad, que os confía la relevante responsabilidad de administrar justicia.

Una sociedad consciente de que sois la savia renovada de la Justicia, al comienzo de este siglo, en un mundo en transformación.

En efecto, aumenta la variedad, riqueza y complejidad de las relaciones sociales, al tiempo que, desde otra perspectiva, se multiplican las transacciones económicas y crece la presencia de las empresas en la vida diaria.

España es hoy una sociedad dinámica, moderna y abierta, cuyo progreso y transformación plantean nuevos elementos de conflictividad, que requieren de jueces óptimamente preparados y eficaces, pero también sabios y prudentes.

El Derecho es instrumento de regulación de las sociedades y de solución pacífica de las controversias. Un insustituible instrumento, que aporta seguridad jurídica, confianza y paz social, asegurando el imperio de la Ley y la igualdad de todos ante ella.

Al logro de estos altos objetivos contribuiréis directamente desde la función que hoy iniciáis.

Os deseo los mejores éxitos, y os reitero de corazón mi más cordial enhorabuena y afecto, que extiendo a vuestras familias.

Muchas gracias.

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