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Palabras de Su ALteza Real el Príncipe de Asturias en el Ayuntamiento de Zaragoza

Zaragoza, 05.06.2000

P

residente de la Diputación General de AragónAlcalde de Zaragoza y Corporación MunicipalAutoridadesSeñoras y Señores

Muchas gracias, señor Alcalde, por sus palabras de bienvenida, y mi saludo más cordial a todos los Zaragozanos.

Me siento como en casa en este Ayuntamiento, que representa y simboliza al noble pueblo zaragozano. Siempre que vuelvo a la ciudad de Zaragoza , cuyo título de hijo adoptivo ostento con orgullo desde 1986, recuerdo momentos inolvidables de mi etapa de formación que aquí viví. Tan solo hace unos meses compartí con mis compañeros de Promoción de la Academia General Militar una fase de mi Curso de Actualización de Conocimientos para el ascenso a Comandante.

Pero esta es sin duda una visita especial, que merece una glosa particular. Vuestra Ciudad vive un momento significativo, en el que confluyen energías históricas y virtudes ciudadanas.

Espejo de libertades y ejemplo de convivencia, Zaragoza proyecta su vigorosa personalidad en la ambiciosa tarea de renovarse, para ocupar el lugar que merece y le corresponde en el escenario del siglo XXI.

En primer lugar para sí misma. Las nuevas vías de comunicación perimetral, la moderna red de accesos que está en marcha, la conversión del río y su incardinación, por primera vez en su historia, como eje ciudadano vertebral, materializan un proyecto de modernización cuyo objetivo responde a los principios que definen el urbanismo contemporáneo: interés colectivo y mejor calidad de vida.

En segundo lugar, en el concierto español. La llegada del AVE y las transformaciones urbanas que supone vuelven a situar favorablemente a Zaragoza en un eje de comunicaciones que no es sólo un hecho de interés económico, sino que tiene muchas más amplias resonancias para sí misma y para toda la Comunidad Autónoma. Pues lo importante de la comunicación no es su soporte, aunque sea tan avanzado técnicamente como en este caso, sino los mensajes que a través de ella circulan, y las posibilidades casi ilimitadas que hoy día tiene su difusión.

Mensajes como el del Segundo Centenario de los Sitios, un acontecimiento que nos eleva a un más alto aprecio y mejor comprensión de nuestra Historia, que nunca debemos olvidar y siempre hemos de preocuparnos por actualizar, de modo que su significado nuclear siga vivo y sea realidad en nuestros días, señalándonos el camino a seguir y animándonos a recorrerlo con orgullo en busca de una España mejor.

Y, en fin, Zaragoza busca también su puesto en el horizonte europeo e iberoamericano, al que siempre ha estado tan vinculada. No por vanidad, que se disuelve como una burbuja al primer contratiempo, sino con la convicción de ejercer un papel que le toca llenar, y de aportar su concurso positivo al progreso y la concordia entendidos como valores universales y exigencias de obligado cumplimiento.

Como metrópoli regional, con viva conciencia del glorioso legado de la Corona de Aragón en el ámbito mediterráneo, y en cuanto lugar emblemático en la cultura de la paz, vuestra ciudad reaviva y da un nuevo sentido a su más auténtica personalidad, forjada en este enclave del Ebro al calor de muchos y grandes estímulos y aportaciones, bien aprendidas y mejor asimiladas.

En este día quiero reiterar a Zaragoza y su Corporación Municipal mi apoyo personal y el de la Corona con los proyectos en que su vocación histórica se auna y se conforma con el desarrollo social y económico, presidido por la solidaridad con su Comunidad Autónoma y el quehacer de España.

Señor Alcalde, deseo sinceramente que los esfuerzos que está haciendo actualmente Zaragoza para lograr su renovación física, cultural y económica concluyan felizmente. Porque su éxito, estoy completamente convencido, es también el de todos nosotros.

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