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Palabras de Su Alteza Real el Principe de Asturias al finalizar su visita a la Comunidad Autónoma de Aragón

Zaragoza, 08.06.2000

S

eñor Presidente de la Diputación General de AragónSeñor Presidente de las Cortes de AragónSeñor Delegado del GobiernoExcmas. e Ilmas. AutoridadesSeñoras y Señores

Creo que fue en Teruel cuando en una cita recordaba que "los Aragoneses siempre han sido pocos más nunca poco", pues bien os aseguro que puedo dar fe de ello.

He recorrido Aragón, desde el Pirineo hasta Albarracín y la extremadura turolense, en jornadas laboriosas y apretadas, que me han permitido contrastar informaciones, actualizar las que tenía, adquirir muchas nuevas y escuchar  opiniones autorizadas para poder formarme un criterio sobre bases sólidas.

Por ello, agradezco a las Autoridades, a las instituciones de Aragón, y a los muchos aragoneses que nos han acogido, la solicitud y el buen orden con que han dispuesto las etapas de este viaje, tan importante para mí y que con tanta ilusión emprendí hace unos días. Señor Presidente, quiero agradecerle de manera muy especial su colaboración y empeño personal en esta visita que junto al apoyo y buen hacer de todos sus colaboradores tanto ha facilitado su feliz desarrollo.

He renovado y profundizado mis vínculos de afecto con Aragón y los aragoneses, que llevo cerca del corazón desde hace muchos años y que el tiempo no hace sino fortalecer y aumentar. Todo ha sido grato en este recorrido, pero no ha sido un simple paseo. Estaba pensado para trabajar, y eso es lo que hemos hecho, con la ayuda de todos, en un programa que ha favorecido notablemente nuestra tarea, haciéndola fructífera. Sé que en esta visita comprimida en cuatro días han quedado muchas invitaciones por atender. No puedo sino agradecer el interés que estas reflejan y confiar en que tiempo habrá en el futuro para poder honrarlas.

Mientras recorría esta tierra entrañable, recordaba cómo, durante siglos, bajo el nombre dinástico de Aragón, convivieron en su Corona muchos pueblos de la Europa mediterránea. Podemos hoy también extraer lecciones de aquel pasado en que estos pueblos vivieron sin confundirse, pero unidos; distintos, pero vinculados: con sus acusadas personalidades, aún hoy bien visibles, pero conscientes de un interés superior por el que merecía la pena aunar voluntades y limar discrepancias.

Y ese mismo espíritu distinguió a los aragoneses y a su dinastía cuando optaron por la unión dinástica con Castilla, de la que nació una de las épocas de más dilatado esplendor y brillantez de la Historia de España y de Europa.

Junto a ese Aragón sempiterno, inolvidable, al que llevo en la memoria desde niño, en estos días he sentido también el Aragón vivo, el que prepara cada día su quehacer del día siguiente. He visto sus problemas y sus preocupaciones. Y, también, su voluntad real de resolverlos, con propuestas concretas, planes y programas aplicables; he advertido una mentalidad abierta y atenta al entorno español, europeo e internacional; sectores profesionales con voluntad real de actualizarse, de emprender, de innovar, de equiparse con decisión frente a los retos, que son muchos.

He visto, pues, un Aragón consciente, que, al tiempo que es capaz de señalar sus puntos más sensibles, es también sabedor de cuáles son sus fortalezas y está en trance de utilizarlas con éxito. He visto, en suma, un Aragón inquieto, capaz de adaptarse a los tiempos y que no está adormecido en viejos laureles. Preocupado, pero activo, con inteligencia, con recursos y voluntad para aplicarlos. Es decir, si me permitís que hable con palabras aprendidas aquí, he percibido un Aragón con "rasmia".

Os confieso que, me voy muy contento tras esta intensa experiencia, tan enriquecedora para mí. Me voy con un Aragón más aprendido y, por lo tanto, más mío. Y con humildad espero que vosotros hayáis sacado provecho de esta visita. Al menos me ilusiona pensar que desde ahora los aragoneses sabréis un poco más de mi persona y acerca de mi disposición a desvivirme por esta querida España de la que tan dignamente formáis parte fundamental, tanto en la historia como en el presente. Mi compromiso es tan firme como mi confianza en nuestro futuro.

En este hermoso recinto, edificado en honor del heroísmo de Zaragoza y del amor de vuestra tierra por su independencia y la de España; en la cercanía física de nuestras mejores raíces culturales y el amparo del potente genio de Goya, os reitero mi gratitud sincera por vuestra acogida, por vuestras atenciones, por vuestras enseñanzas y por vuestro afecto.

Obediente a Gracián, y puesto que "más obran quintaesencias que fárragos", digo, sencillamente: Señor Presidente, queridos aragoneses.

Muchas gracias y hasta pronto.

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