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Discurso de Su Majestad el Rey en la cena de gala con motivo de su Visita de Estado a Polonia

Polonia(Varsovia), 16.05.2001

S

eñor Presidente,Señora,

Permitidme expresaros nuestra más sincera y profunda gratitud por vuestra amable invitación para llevar a cabo esta nuestra segunda Visita de Estado a la República de Polonia.

Gracias asimismo por la cálida acogida que habéis querido dispensarnos, fiel reflejo de la tradicional hospitalidad del pueblo polaco que hoy tenemos la suerte de volver a disfrutar.

La cordialidad de las palabras que acabáis de pronunciar son buena prueba de la intensidad de nuestras relaciones bilaterales y de la profunda simpatía mutua que liga a nuestros dos pueblos.

Al iniciar esta Visita de Estado, quisiera subrayar hasta qué punto nos satisface comprobar que Polonia y España constituyen hoy dos grandes Estados amigos que, además de aliados, están llamados a trabajar cada día más unidos en el seno de la familia de naciones europeas. Este futuro debe alentar a nuestros respectivos Gobiernos a seguir estrechando la colaboración bilateral.

Señor Presidente,

Hace ahora 12 años que la Reina y yo tuvimos la alegría de visitar por primera vez Polonia. Eran tiempos cruciales de vuestra Historia.

La sociedad polaca se enfrentaba con determinación y sentido de futuro al triple reto de construir un marco de auténtica convivencia democrática, fundamentado en la tolerancia y el pleno respeto a las libertades; introducir y desarrollar una economía de mercado al servicio del mayor bienestar de los polacos; y lograr la plena reincorporación de Polonia al lugar que le corresponde en la historia de nuestro continente, rescatando así su inequívoca vocación europea y su enriquecedora proyección exterior.

Con el recuerdo aún vivo de la transición democrática española, fuimos testigos particularmente atentos y próximos de la vuestra. Pocos países podían comprender mejor que España la carga de ilusión colectiva y la importancia de los retos que se escondían tras la implantación de un verdadero sistema democrático y pluralista, capaz de garantizar la convivencia, la prosperidad y el pleno ejercicio de los derechos y libertades fundamentales.

Polonia dio una lección al mundo, al tiempo que cambiaba el curso de la historia al abrir, con su libertad recobrada, una nueva etapa en el devenir de Europa. De ahí la deuda de gratitud que tenemos contraída con Polonia. Sin la iniciativa, el esfuerzo, la imaginación, y la voluntad del pueblo polaco, la transformación vivida por el Continente en la última década no hubiera sido la misma.

Polonia es un ejemplo de la fortaleza de una Nación y un pueblo por encima de los avatares que tantas veces pusieron a prueba su supervivencia. Algo que expresa el himno polaco con tan certera como bella precisión, al afirmar "Polonia no morirá mientras nosotros vivamos".

Comprobamos hoy con gran satisfacción que lo que sólo hace doce años era un gran anhelo, no exento de interrogantes, hoy constituye una enriquecedora transformación histórica de la sociedad polaca que avanza decididamente hacia mayores cotas de bienestar.

Aquellas transformaciones tuvieron también un impacto inmediato, igualmente esperanzador y fecundo, sobre nuestras relaciones bilaterales. Se asentaron las condiciones para el pleno reencuentro en libertad entre nuestros dos Estados, y para el desarrollo de unos vínculos hipotecados durante décadas por la división impuesta a la familia europea.

Desde entonces Polonia y España han recorrido un camino de acercamiento y cooperación crecientes, que tenemos el deber y la responsabilidad de seguir ensanchando, hasta situar nuestras relaciones bilaterales al más alto nivel como reclama nuestro próximo y común futuro en el seno de la Unión Europea.

Vamos redescubriendo los numerosos puntos de encuentro que tienen nuestras respectivas historias, realidades, e identidades. Somos cada vez más conscientes de la indudable complementariedad de nuestros intereses y capacidades. Hemos adoptado los mecanismos convencionales necesarios para traducir en realidades concretas el potencial que encierran nuestras relaciones.

En estos últimos años, hemos sabido dotar a nuestro diálogo político de una gran calidad y madurez, acompañado de un intenso calendario de contactos directos entre la Administración polaca y la española. Valoramos la estrecha cooperación alcanzada con Polonia en los foros internacionales, en particular en las Naciones Unidas, en la Alianza Atlántica, en el Consejo de Europa o en la OSCE.

Apreciamos muy en particular la activa y solidaria contribución de Polonia a las operaciones de paz a escala internacional, que realzan el prestigio de sus Fuerzas Armadas, así como la creciente vocación de Polonia de contribuir a la cooperación al desarrollo.

Nuestras relaciones económicas bilaterales también han experimentado un notable crecimiento.

Polonia se ha convertido en el primer socio comercial de España en Europa Central y Oriental, superando incluso a algunos Estados miembros de la Unión Europea.

Polonia se alza también como primer destino de las inversiones españolas en la región. La visita del Príncipe de Asturias en junio del año pasado, acompañado por una nutrida delegación empresarial, y las expectativas que depositamos en el encuentro entre empresarios de los dos países, son buena muestra de la creciente confianza de España en el futuro de Polonia y de su decidida voluntad de contribuir al desarrollo de la sociedad polaca.

El crecimiento de nuestra cooperación cultural, educativa y científica, así como el progresivo incremento de los flujos turísticos, son instrumentos esenciales para lograr un mejor conocimiento mutuo entre españoles y polacos, y sustento inexcusable del carácter especial y privilegiado que nuestros dos Gobiernos acordaron otorgar en 1998 a nuestras relaciones bilaterales.

En este marco deseo mencionar en primer lugar la importante actividad del Instituto Cervantes en Varsovia que atiende al creciente interés del pueblo polaco por la lengua y cultura españolas. Por otra parte, merece nuestro especial apoyo la organización en los próximos meses de un "Año de Polonia en España", que consideramos una iniciativa especialmente acertada.

Quisiera expresar el tributo de respeto y especial gratitud que merece la importante comunidad de polacos que en los últimos años han encontrado un nuevo hogar en España y que contribuyen con lo mejor de sí mismos al bienestar económico y social de nuestro país. Unos sentimientos que sabemos también comparte Polonia hacia la pequeña colectividad de españoles que hoy viven y trabajan en esta noble tierra.

Señor Presidente,

España ha vivido en las dos últimas décadas una de sus más profundas y esperanzadoras transformaciones. Consolidada nuestra transición democrática, basada en la convivencia y tolerancia, y contando con el impulso de nuestra integración europea, España se ha convertido en un país moderno que mira al futuro.

La economía española figura entre las más abiertas y dinámicas del mundo. Hoy se caracteriza por su creciente internacionalización, tanto en términos comerciales como en el campo de la inversión en el exterior.

España ha asumido un mayor protagonismo internacional, no solo en su ámbito natural europeo sino también en las dos áreas prioritarias de su política exterior, gracias al intenso desarrollo de sus vínculos con Iberoamérica y con el Mediterráneo, trabajando al mismo tiempo al servicio de la intensificación de las relaciones entre la UE y dichas regiones.

Los muchos logros de la España de hoy no abarcan desgraciadamente aún el fin de la lacra de un terrorismo asesino que intenta en vano recurrir a la violencia para imponer sus ideas en una sociedad plenamente democrática. La lucha contra el terrorismo que supone en definitiva la lucha por las libertades y derechos de nuestros ciudadanos, constituye un esfuerzo en el que sabemos podemos contar con el apoyo de Polonia, nación comprometida con la cooperación internacional y europea contra esa vil forma de la delincuencia organizada.

Señor Presidente,

Las coincidencias y complementariedades entre Polonia y España son particularmente intensas en el ámbito de la construcción europea.

Compartimos ya desde hace años una labor conjunta y solidaria en el ámbito europeo y euroatlántico mediante la convergencia de nuestros esfuerzos en la promoción y defensa de unos mismos principios y valores, asentados en la promoción de la paz, de la libertad, de la democracia y de los derechos humanos.

Hoy albergamos además la gran esperanza de concluir cuanto antes la ampliación de la Unión Europea y de tener a Polonia tan pronto como sea posible como socio de pleno derecho en las instituciones europeas.

Sin Polonia, por su historia, cultura y peso específico, no podría entenderse Europa, ni sus decisivas aportaciones a la civilización occidental.

Baste con recordar el impresionante bagaje de su aportación al acervo humano en los terrenos político, científico, filosófico, cultural, o religioso. El polaco es uno de los legados más determinantes a la hora de definir la esencia de la europeidad.

Polonia y España pertenecen a la estirpe de las más importantes Naciones europeas. De ahí nuestra común determinación en participar plenamente en la construcción de Europa.

En el caso de España, como más tarde en el de Polonia, tal empeño exigía acometer complejos procesos de transición política, de reestructuración económica, y de asunción del rico acervo común. Democratización, modernización, e integración europea han sido para Polonia y para España objetivos complementarios e indisociables.

De ahí que España comprenda muy especialmente la firme aspiración de los países candidatos, como Polonia, a ingresar cuanto antes en la Unión Europa. La ampliación merece por ello el apoyo de las fuerzas políticas con representación parlamentaria en España, y la opinión pública española figura entre las más resueltas de toda Europa a favor de la misma.

Se trata de una responsabilidad histórica y la respuesta a un deber de solidaridad. Constituye, en suma, una tarea insoslayable que debemos acometer con seriedad, determinación y firmeza.

En tal sentido, quiero subrayar que el Gobierno español está ya preparando con todo detalle la tercera Presidencia del Consejo de la Unión Europea que ejerceremos en el primer semestre del próximo año 2002. Una Presidencia en la que España empleará todos sus esfuerzos para avanzar hacia la más pronta conclusión posible de las negociaciones de adhesión con Polonia y los restantes países candidatos.

A tal efecto, España valora muy particularmente los esfuerzos desplegados por Polonia a lo largo de estos últimos años en la progresiva realización de las reformas necesarias para su adhesión a la Unión Europea. El resultado de dichos esfuerzos, se saldará sin duda con la consecución de una sociedad más próspera, más dinámica y más solidaria, compensando así los sacrificios que, en muchos casos, dichas reformas entrañan.

España aspira a la construcción de una Europa cada vez más volcada al servicio de los ciudadanos, más abierta, competitiva y dinámica, al tiempo que más solidaria; que profundice en el Mercado Interior y en las políticas comunes; que preserve la cohesión económica y social entre sus Estados miembros; que construya un verdadero espacio de libertad, seguridad y justicia para todos los europeos; y que sea capaz de desarrollar una Política Exterior y de Seguridad Común que permita articular su voz y hacer frente a sus responsabilidades, tanto en el conjunto del Continente como en la escena internacional.

Señor Presidente,

Si el balance del presente es positivo, aún lo es más la convicción de que el futuro hispano-polaco se presenta lleno de oportunidades que hemos de saber alentar y articular.

Nuestra común concepción de Europa como un proyecto de solidaridad y progreso, y nuestras similitudes y afinidades, dibujan un amplio abanico de coincidencias en nuestras responsabilidades e intereses, circunstancia que nos mueve a desarrollar desde ahora una estrecha relación estratégica con vocación de futuro.

Os invito pues a que unamos nuestras fuerzas para contribuir a la construcción del futuro de paz, cooperación, solidaridad y progreso que queremos para nuestros dos Estados, y ello, tanto en el plano bilateral, como muy pronto, y así lo esperamos con toda firmeza, en el seno de esa gran familia de Naciones que constituye la Unión Europea.

Con ese espíritu levanto mi copa por el bienestar y la prosperidad de Polonia, por la profunda amistad entre nuestros dos Estados, y por vuestra ventura personal y la de vuestra distinguida esposa.

Muchas gracias.

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