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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de los Premios Europa Nostra 1999 y 2000

Barcelona, 22.05.2001

Q

uiero comenzar mis palabras expresando nuestra especial satisfacción al presidir este acto y entregar estas distinciones, que nos llaman a recordar, una vez más, que la cultura es nuestro mejor patrimonio, y que nos corresponde proyectarla y prolongarla, ahora y en el futuro.

La Carta de Cracovia, aprobada el pasado año, reconoce expresamente que una de las características fundamentales de la Europa actual es su diversidad cultural y, por tanto, la pluralidad de valores encarnados por el conjunto de monumentos que constituyen el patrimonio arquitectónico de cada uno de los países que la integran.

Ya en 1975, el Consejo celebrado en Amsterdam, definía este patrimonio como un valor fundamental para que todos los europeos tomaran conciencia de una historia y un destino común, considerando que su conservación era un asunto de vital importancia.

Por ello, hacía un llamamiento a todos los gobiernos, parlamentos, instituciones, asociaciones, empresas y ciudadanos para que asumieran un compromiso activo que garantizara su supervivencia, como instrumento imprescindible para el enriquecimiento de la vida de sus pueblos.

Europa Nostra respondió a esta petición creando Premios destinados a recompensar los esfuerzos realizados para preservar tan importante legado cultural.

A lo largo de los años, los Premios Europa Nostra han alcanzado un merecido prestigio. Por ello, quiero expresar mi reconocimiento a quienes los han hecho posible y, de manera muy especial a Hispania Nostra que, bajo la Presidencia de Honor de la Reina, gestiona en España el desarrollo de cada una de sus convocatorias.

Su labor ha permitido que, desde la primera edición, ochenta y ocho proyectos españoles hayan sido galardonados, en diecisiete ocasiones, con la más alta distinción, respaldando así el compromiso de nuestras instituciones públicas y ciudadanos, con el mecenazgo de empresas y entidades, en un trabajo conjunto, del que los premios que hoy hemos entregado constituyen su más claro exponente.

En primer lugar, porque nos recuerdan que la preocupación por la cultura es una tarea de todos, y no sólo de los especialistas, y, como quehacer social, debe tener un impacto efectivo en la vida real, y ser uno de los motores principales del progreso colectivo.

Me alegra destacar que así sucede con las recompensas otorgadas en esta edición. La reconstrucción y ampliación del Gran Teatre del Liceu se ha concebido como un espacio público accesible y un centro de formación y renovación cultural, abierto e integrado en su ciudad.

Los diplomas concedidos a la Aljafería y la Seo de Zaragoza, y a la Catedral de Santiago de Compostela, nos recuerdan que nuestra historia la han hecho muchos hombres de varias procedencias a lo largo de los siglos, y que debemos seguir construyéndola con la diversidad que enriquece al concertarse en una obra común.

Las rehabilitaciones de los recintos fortificados de Melilla y la iglesia de San Cristóbal en Salamanca son otros tantos ejemplos de la filosofía de estos Premios, en tanto que pretenden facilitar su uso social, sin menoscabo de su valor monumental.

Finalmente, el diploma concedido a la restauración de un edificio de propiedad privada en Jerez de la Frontera, reconoce el mérito de tantos particulares que se afanan en mantener y revivir espacios arquitectónicos singulares, venciendo en ocasiones no pocas dificultades.

Al felicitar a cuantos han promovido y contribuido a las restauraciones que han sido distinguidas, quiero resaltar la importancia de su labor para preservar este patrimonio común, y su sensibilidad para atender una demanda ciudadana que, cada día, cobra mayor importancia.

La Corona ha estat, al llarg dels segles, protagonista decisiu en la formació del patrimoni cultural espanyol. Celebro tenir avui la ocasió de manifestar el meu suport més decidit a tots aquells que, d'una o altra manera, estàn contribuint a aquesta tasca apassionant de preservar els signes d'dentitat dels diferents pobles d'Espanya i a enfortir el nostre orgull col·lectiu com a hereus i partíceps del seu ric llegat.

El reconeixement internacional a la tasca feta en les nostres diverses Comunitats Autònomes és un motiu d'especial satisfacció per a tots i expressió de la importància de la contribució espanyola a la formació de la identitat cultural europea.

Enhorabuena a todos, y muchas gracias.

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