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Brindis de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias y de Viana en el almuerzo con representantes de las Organizaciones sociales de cooperación al desarrollo

Navarra(Javier), 07.11.2001

E

l pueblo de Javier, donde nació hace cinco siglos el navarro más universal de todos los tiempos, es sin duda el lugar más adecuado para entender el verdadero sentido de las actividades de apoyo al desarrollo, a las que vosotros y las organizaciones que representáis dedican su vida y su esfuerzo.

El ejemplo de Francisco Javier nos ilumina y nos sitúa en el eje que debe animar, en primer lugar, la labor que tan animosamente llevan a cabo, y que no es otra que se tome conciencia del necesario respeto y reconocimiento de la dignidad de la persona. Objetivo que Javier persiguió, con los medios y condiciones de su tiempo, durante su prodigiosa trayectoria.

Me alegro de haber tenido oportunidad de reunirme con ustedes y les agradezco su presencia y la sinceridad y amplitud con que me han informado de sus trabajos y proyectos en todos los continentes, así como de las condiciones en que se desenvuelven.

Aprecio el valor de los criterios seguidos para otorgar las ayudas, en los que se prima la colaboración con organizaciones de los países en los que se actúa, y se garantiza el buen empleo de los fondos y la eficacia de sus actividades.

Y me han impresionado, especialmente, los testimonios humanos que he podido escuchar, llenos de una generosidad sin límites, de una entrega total, de un férreo compromiso moral que no sabe de peligros ni de coacciones, y que no se detiene ante nada para prestar ayuda a los enfermos, a los refugiados, y en general a los más necesitados.

Sé que su trabajo y su dedicación son conocidos y apreciados en Navarra, y que suscitan la generosidad de sus conciudadanos, de modo que Navarra es la primera comunidad española en la ayuda a los países necesitados.

Vosotros y otras muchas personas que trabajan en vuestras organizaciones, sois un orgullo para esta Comunidad y dan de Navarra la mejor imagen que puede ofrecerse, la de un pueblo generoso y noble, preocupado y comprometido realmente con los problemas de los demás, que se responsabiliza de ayudar sinceramente a solucionar los problemas de quienes los tienen mayores.

Marcáis, sin duda, el rumbo que los pueblos deben tomar si de verdad pretenden que el futuro de nuestro mundo esté basado en la justicia y en la solidaridad.

Me siento personalmente implicado en esta tarea, que considero debe ser el gran debate del siglo XXI, y me alegro de decirles que comparto sus ilusiones y dificultades.

Por eso les deseo que sigan trabajando con ilusión y alegría, y hago votos por el éxito de sus programas de cooperación al desarrollo, por que sirvan para mejorar las condiciones de vida y la dignidad humana de las personas con las que ustedes trabajan a lo largo y ancho de todo el mundo, y para que Navarra siga distinguiéndose a través de ustedes y de aquellos a quienes representan, en esta línea de solidaridad y de apoyo a quienes más lo necesitan, siguiendo así el camino que abrió en el siglo XVI, su hijo más ilustre, San Francisco Javier.

Por todos esos deseos, por todas esas esperanzas, les invito a brindar conmigo.

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