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Palabras de S.M. el Rey en la Cena de Gala ofrecida al Presidente de Israel

Palacio Real de Madrid, 06.11.2017

Para la Reina y para mí es una gran alegría y un honor darles la bienvenida a España y acogerles entre nosotros −junto a la delegación que les acompaña− durante esta visita de Estado.

Recuerdo con mucho afecto la última oportunidad que tuve de encontrarme con V.E. en Jerusalén, cuando tuve el privilegio y el honor de representar a España en los funerales por el Presidente Simón Peres, en septiembre del año pasado. Fue una ocasión triste, pero llena de emoción y de gratitud hacia una personalidad que tanto entregó a su país y al mundo por la causa de la paz, el desarrollo y el entendimiento entre los pueblos.

Esta Visita de Estado que hoy habéis iniciado es un claro símbolo, un nuevo ejemplo e impulso, de la amistad profunda que liga a nuestras naciones y pueblos.

El año pasado conmemoramos el trigésimo aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre nuestros dos países. Ciertamente, en 1986 habíamos puesto fin a una situación anómala y hoy podemos constatar con verdadera satisfacción que durante estas tres décadas hemos logrado construir una relación densa y enriquecedora basada en el respeto, el afecto, y en sólidas raíces históricas.

Efectivamente, en estos 30 años nuestros respectivos países han vivido cambios y progresos extraordinarios que han sido reconocidos internacionalmente. Lo mismo ha ocurrido con nuestras relaciones diplomáticas, cuyo recorrido tengo grabado en mi memoria, primero como Príncipe de Asturias, con la primera Visita de Estado a España del Presidente Herzog en 1992, la visita oficial del Presidente Peres en 2011, ambos recibidos por mis padres los Reyes Juan Carlos y Sofía; y, de manera especial, tras el viaje oficial a Israel que realizamos la Reina y yo –todavía como Príncipes− ese mismo año.

Guardo igualmente un recuerdo muy vivo de las ceremonias de entrega de los Premios Príncipe de Asturias a diversas personalidades y entidades israelíes y judías; especialmente a las Comunidades Sefardíes en 1990 y a Yad Vashem en 2007; y también guardo muy intensamente el recuerdo ─en 2015, ya como Rey─ del acto solemne de conmemoración en el Senado español del día para el recuerdo del Holocausto (SHOAH), 70 años después de la liberación de Auschwitz.

Permítame también mencionar aquí que la generosidad de la Comunidad Judía, su aprecio sincero por la Corona y la firme voluntad de los españoles de caminar junto a quienes encarnan una parte fundamental de nuestra historia, hicieron posible que hace menos de un año pudiera recibir en el Palacio Real de El Pardo, y en presencia de los más Altos Representantes de la Comunidad Judía Europea, el prestigioso Premio Lord Jakobovits. Me siento enormemente honrado con tal reconocimiento.

Sabemos que los grandes designios se acompañan de grandes desafíos. Conocemos las legítimas aspiraciones de Israel de paz y seguridad, y anhelamos que vuestro país conviva armoniosamente con sus vecinos y que desarrolle sus lazos con la Unión Europea. En España, encontrará Israel un socio, un aliado, un amigo leal y comprometido

Realmente, el legado que nos une nos trasciende por su profundidad y significación. Es la herencia sefardí que representa una edad dorada de la cultura judía preservada durante siglos en el lenguaje y las costumbres de tantos sefardíes en todo el mundo.

Nuestra España democrática, que integra el patrimonio de la diversidad, reivindica hoy sus vínculos históricos con el pueblo judío. Por ello, nos emociona ver cómo sefardíes de todo mundo acuden al reencuentro con España y, sin perder su previa nacionalidad, se convierten en nuevos compatriotas nuestros de los que nos sentimos verdaderamente orgullosos. En este sentido, no olvidaremos nunca el acto solemne que en este mismo Palacio Real nos reunió hace dos años para ensalzar la importancia del reencuentro histórico que supuso la aprobación de la Ley en materia de concesión de nacionalidad española a los sefardíes originarios de España. Como dije entonces, “Cuánto os hemos echado de menos”, al pueblo sefardí, al pueblo amigo judío.

Sabemos, Señor Presidente, que V.E. reivindica igualmente para la gran nación de Israel esa identidad plural que encarnáis con admirable ejemplaridad. En este sentido, deseo mandar un saludo muy especial a las altas autoridades religiosas de vuestra delegación que hoy nos acompañan, porque su presencia reconforta nuestros valores y es testimonio de la convivencia y la humanidad a la que todos aspiramos internacionalmente.

En este sentido, subrayo también con orgullo la posición de vanguardia de España en la lucha contra el antisemitismo, con importantes iniciativas de diplomacia pública como el Centro Sefarad-Israel; con firmes compromisos políticos como el establecimiento de la conmemoración anual del Día del Holocausto y de Prevención de Crímenes contra la Humanidad; así como con la revalorización y la educación sobre el hecho judío en nuestra enseñanza, y con conquistas legislativas como la tipificación penal del delito de odio.

Señor Presidente,
Sabemos que los grandes designios se acompañan de grandes desafíos. Conocemos las legítimas aspiraciones de Israel de paz y seguridad, y anhelamos que vuestro país conviva armoniosamente con sus vecinos y que desarrolle sus lazos con la Unión Europea. En España, encontrará Israel un socio, un aliado, un amigo leal y comprometido.

Y como sabe también, creemos firmemente que ambas aspiraciones ─la paz y la seguridad─ solo se alcanzarán si se satisfacen las legítimas reivindicaciones de los pueblos israelí y palestino de convivir en dos Estados en paz y seguridad con fronteras internacionalmente reconocidas. Por eso, confiamos en que se pueda revivir el espíritu de Madrid que tantas esperanzas internacionales despertó en 1991.

Los países democráticos se relacionan no solo a través de sus instituciones, sino, muy especialmente, mediante sus sociedades civiles. Este es nuestro caso. Son sociedades ─la española y la israelí─ que se atraen fuertemente, como vemos por el creciente turismo; que se reconocen en un legado compartido y en su carácter mediterráneo común; y que se aprecian y admiran mutuamente. Sin duda, en España admiramos el espíritu emprendedor de Israel y su excelencia académica y científica que tan certeramente representa la primera mujer Premio Nobel de Israel, Ada Yonath, que nos acompaña esta noche y a la que saludo muy afectuosamente.

Termino ya mis palabras, Sr. Presidente, expresando mi plena convicción en el brillante futuro que aguarda a nuestras relaciones bilaterales. Le propongo, por ello, que brindemos todos por Israel y por España, por la amistad entre nuestros dos pueblos y por nuestra creciente cooperación mutuamente beneficiosa.

NARIM COSIT LIJBOD ISRAEL VESFARAD

LEJAYIM!

Itzuli Hitzaldiak atalera
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