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Palabras de Su Alteza Real la Princesa de Asturias en la inauguración del XV Congreso Estatal de Voluntariado

27.11.2012

Lehendakari, alcaldes de Bilbao y Barakaldo, gracias. El movimiento del voluntariado merece esta atención.

Me gustaría felicitar a los premiados. Es bueno reconocer el esfuerzo de quienes dedican tiempo y esfuerzo a ayudar a los demás. Es positivo hacer visible su labor, subrayarla para que sea referencia y ejemplo. Así que enhorabuena.

Puede por tanto que éste sea el mejor momento para dar un paso al frente y asumir la responsabilidad de ser solidarios, el desafío de ser generosos.

Son tiempos para hablar de altruismo. Quizá sea precisamente esta época la más adecuada para recordar que la generosidad es, entre otras cosas, lo que nos hace avanzar hacia un lugar mejor. Puede por tanto que éste sea el mejor momento para dar un paso al frente y asumir la responsabilidad de ser solidarios, el desafío de ser generosos. No sólo vosotros, los voluntarios, estáis ayudando a los demás. Estáis también entregando a la sociedad lo que ella os aportó en algún momento de vuestras vidas. Nada más admirable ni más necesario hoy en día.

Hace un par de años, precisamente en este congreso, conocí a una persona que reflejaba ese espíritu que tenéis los que estáis hoy aquí. Y la mejor manera que he encontrado para hablar de ese espíritu que reivindicáis en este congreso es contaros quién era. Se trababa de una mujer, una madre de tres hijos pequeños con un empleo mal remunerado. Aquella mujer trabajaba en una oficina nueve horas diarias; sábados, media jornada. Salía de casa a las 8:00 de la mañana, ella y toda la familia, y hasta las siete de la tarde no regresaba. El fin de semana se iba volando, me decía, entre la compra, el orden de la casa y el tiempo que empleaba en ir detrás de los niños para que hicieran los deberes. Y aún así, aún con esa vida complicada como tantas otras, aquella mujer sacaba tres tardes por semana para acudir a un comedor social de su barrio y ayudar. Los abuelos, mientras, echaban una mano con los niños. Es decir, una cadena de solidaridad, una red de ayuda que empieza en las familias, en cada uno de vosotros, y que no termina. Eso es involucrarse, eso es comprometerse. El ejemplo de esta mujer es uno más de tantos que hoy estáis aquí y que acudís a este congreso para reflexionar sobre la acción social. Gracias por lo que hacéis, gracias por cada minuto que dedicáis a los demás. Y cuando falte el aliento, recordad que ese minuto, ese pequeño granito que entregáis a alguien que lo necesita, es –aunque nadie lo vea, aunque nadie lo agradezca- una montaña. Que sean útiles estos tres días de congreso. Contáis con la admiración y el agradecimiento de una sociedad que os debe mucho.

Gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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