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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias al iniciar su Visita Oficial a la Comunidad Autónoma de Andalucía.

Sevilla, 08.04.2002

Q

uiero comenzar esta intervención, y mi primera visita oficial a Andalucía, enviando un cordial saludo a sus autoridades, a las organizaciones económicas, sociales, culturales y profesionales, y a todos los ciudadanos de esta Comunidad, cuyo proverbial sentido de la hospitalidad constituye una de sus más entrañables y significativas señas de identidad.

Durante los próximos días voy a tener la oportunidad de recorrer cada una de sus capitales y provincias, detenerme en varios de sus pueblos y ciudades, reunirme con amplios sectores de la sociedad civil, conocer de primera mano las aspiraciones e inquietudes de sus habitantes y sumergirme, en fin, en la apasionante realidad de esta tierra esencial de España.

Afortunadamente no es la primera vez que me encuentro en Andalucía. La he visitado en numerosas ocasiones, y esto me ha permitido acercarme a su enorme personalidad, desvelar sus grandes atractivos e ir descifrando su esencia y su significado.

Conozco bien, por tanto, lo que representa Andalucía: la singular riqueza de su patrimonio monumental e histórico y la variedad de sus paisajes naturales; su decisiva aportación a la cultura española y europea, aquilatada con una serie de figuras indiscutibles del arte, la literatura o el pensamiento; el profundo arraigo de sus costumbres y tradiciones populares; el ingenio y la creatividad de sus gentes; la pasión por vivir y la facilidad para convivir de esta sociedad, honrosa heredera de las principales civilizaciones antiguas del Mediterráneo.

Este cúmulo de experiencias y sabidurías ha enriquecido el pasado y el presente de Andalucía. Es necesario subrayar, a este respecto, su inestimable contribución a la conformación de España como Estado moderno y a su proyección americana y universal.

Durante el último cuarto del siglo pasado, Andalucía ha sabido elaborar proyectos innovadores que han favorecido la dinamización de su economía y su cohesión social, sin perder sus señas de identidad ni su firme voluntad de asumir los compromisos que su peso demográfico, geográfico y económico conllevan en pro del conjunto de los españoles.

Hacia este horizonte debemos dirigir todas las miradas. Nos encontramos aún en el arranque del siglo XXI, en un momento a la vez delicado y excitante, y esta doble dimensión es la que nos tiene que preocupar e interesar de forma prioritaria.

En efecto, vivimos una coyuntura difícil, como han puesto de relieve con enorme dramatismo los sucesos del pasado 11 de septiembre y los efectos del terrorismo a escala internacional, una lacra que aquí conocemos bien, que sufrimos y que todavía nos amenaza.

Nuestra época, sin embargo, nos ofrece también otro perfil muy distinto. Me refiero al que representan los sorprendentes avances científicos y tecnológicos, los continuos y vertiginosos cambios sociales y culturales, los procesos de globalización e integración, que afectan a la economía, a la política e incluso a los hábitos y actividades cotidianas.

Enfrentarse a estos exigentes escenarios nos obliga, en primer lugar, a incrementar los esfuerzos para consolidar la convivencia, erradicar la violencia, avanzar por el camino de una democracia de todos y para todos, y asumir el potencial que las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance para conseguir nuevos objetivos y alumbrar mayores oportunidades de crecimiento y progreso.

Por su posición geográfica, Andalucía puede contribuir eficazmente al desarrollo, al diálogo intercultural y la estabilidad de esta zona del poniente mediterráneo.

Ese ha sido uno de sus papeles históricos, como también el de participar en primera línea en el gran proyecto común de España y en su mayor cohesión e integración, tareas que los andaluces, como decía Ortega y Gasset, saben desempeñar con absoluta naturalidad y sin menoscabo de su conciencia de singularidad e identidad.

Estoy convencido de que este viaje va a ser extraordinariamente provechoso. Me va a servir para acercarme a vuestros problemas, necesidades y preocupaciones, para profundizar en el conocimiento de la autonomía y de las instituciones andaluzas, para analizar el estado actual de sus principales proyectos, para apreciar el dinamismo de la sociedad y para valorar ese compromiso que, según dice la estrofa final de vuestro himno, es ante todo con Andalucía, pero también con España y la Humanidad.

Me alegro de tener la oportunidad de compartir durante estos días vuestras expectativas e ilusiones, y os agradezco vuestra efusiva bienvenida, a la que correspondo con especial afecto.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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