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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de presentación y entrega de proyectos y becas de la Fundación Científica de la Asociación Española contra el Cáncer.

Madrid, 24.06.2002

C

on mucho gusto he aceptado la invitación a presidir este acto, la cual agradezco porque entre otras cosas, me da la oportunidad de felicitar a la Fundación Científica de la Asociación Española contra el Cáncer, por su temprana dedicación a la tarea de promover la investigación oncológica en España siempre tan necesaria y tan costosa.

El tratamiento del cáncer no habría avanzado tanto, ni logrado los éxitos que en muchos casos ha alcanzado en los últimos años, sin el esfuerzo constante de cuantos emplean sus energías en la prevención de esta enfermedad, asisten y apoyan a quienes la sufren y a sus familias, y contribuyen activamente a la formación de investigadores y a la difusión del resultado de sus trabajos.

Perseguir estos objetivos, y hacerlo con constancia y eficacia, justifican una trayectoria. La de esta Fundación, que ha cumplido ya treinta años, es un ejemplo a seguir y un estímulo que por si solo suscita, con toda seguridad, el agradecimiento de todos.

Incluso entre los profanos, la investigación en materia de oncología se percibe como la parte más importante de la lucha contra el cáncer. Todos seguimos con interés los avances en este terreno, y las noticias que sobre ellos se publican en las revistas especializadas y los medios de comunicación. Pues me atrevo a decir que todos tenemos o hemos tenido algún caso muy cercano que ha precipitado nuestro interés en la materia, en el mejor diagnóstico, en la mejor terapia, en el último avance sobre prevención y riesgos.

Somos conscientes de que cada paso en este sentido es irreversible y nos sentimos orgullosos de contar en España con investigadores eminentes, y con médicos y cirujanos de fama y competencia bien ganada en esta materia.

Cada vez dependemos menos de modelos foráneos, que por su elevado costo sólo son accesibles a unos pocos. Y esto quiere decir, ni más ni menos, que el progreso de la oncología se ha socializado en España y se ha puesto al alcance de todos los españoles.

Damos la bienvenida a este avance decisivo de la salud y la calidad de vida colectivas. Pero, en estricta justicia, debemos también recordar que no se ha producido por azar ni casualmente. Supone un conjunto de profundas reflexiones, de decisiones muy meditadas, una organización eficaz, muchos medios y un sinfín de colaboraciones.

Este acto es una excelente ocasión para destacar los méritos de la Fundación que aquí nos reúne. Su empuje para superar un ambiente que en los años setenta vivía muy ajeno a las cuestiones científicas y a su importancia en la vida cotidiana. Su empeño en consolidar una estructura sólida y estable. Su preocupación por afianzar una conciencia colectiva en los ámbitos de la prevención y la asistencia.

Y, sobre todo, su intensa proyección social. La de responder adecuadamente a situaciones concretas, a la vez individuales y colectivas; la de que ningún proyecto de calidad científica y repercusión general dejan de llevarse a cabo por falta de medios. Y, para concluir, la de una red de miles de voluntarios, que ponen su tiempo y su trabajo, y sobre todo su desinterés, a disposición de esta causa tan noble.

Las intervenciones que hemos escuchado, con el interés que merecen su contenido y las personas que las han realizado, coinciden en esta línea de servicios a la colectividad. Un objetivo en el que todos, desde nuestro puesto específico, podemos y debemos comprometernos.

En este momento, en el que las Administraciones Públicas, las Instituciones y Fundaciones privadas, los generosos patrocinadores, y la sociedad en su conjunto, se muestran cada día más sensibles a la cooperación en estas tareas, conviene, más que nunca, destacar la intuición de los pioneros que abrieron este camino, entre los que la Asociación Española contra el Cáncer y su Fundación Científica, ocupan, por sus propios méritos, un lugar muy destacado.

Mi más cordial enhorabuena a quienes han visto distinguidos sus proyectos y han recibido sus becas este año. Ellos son el otro polo, imprescindible, de esta corriente de generosa energía, y la esperanza de los enfermos de cáncer y sus familias, y, en definitiva, de todos nosotros.

A ellos, y a quienes hacen posibles estos premios, les deseo que su vocación y su ejemplo se perpetúen y den muchos frutos, con nuestro apoyo constante, que es su mejor recompensa, y la única que nos piden.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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