Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Jarduerak eta agenda
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del Premio Cervantes a Gonzalo Rojas

Madrid(Alcalá de Henares), 23.04.2004

N

os reunimos hoy, una vez más, para celebrar esta fiesta de la literatura en lengua castellana que es el Premio Cervantes.

Acogidos al nombre ilustre del padre de la novela moderna, acudimos a esta celebración de nuestras letras.

Nos permite compartir la importancia del español con los casi cuatrocientos millones de personas que lo hablan, superando las fronteras geográficas e integrando su riquísima variedad de dialectos, tonos y acentos.

Miguel de Cervantes quiso, en su momento, viajar a la América virreinal, y desempeñar allí algún cargo público. Ese deseo, como tantos otros de sus proyectos, no pudo hacerse realidad.

Viajaron sus libros. En América echaron hondas raíces, dieron riquísimos frutos, y los siguen dando en nuestros días.

La obra cervantina es fortísimo vínculo entre España y América porque la palabra es vehículo de comunicación, de entendimiento y comprensión mutuas. Por eso es lazo esencial y clave de otros puentes materiales.

Su palabra sigue hermanando hoy a la comunidad hispanohablante. De la mano de Cervantes nos trae el gran mensaje que nos legó en su obra. Un mensaje de profunda comprensión del ser humano y de los avatares de la vida.

Cervantes observa a la humanidad con una mirada amistosa y comprensiva. Nos regala un talante abierto y fraternal.

Él, que pasó una vida llena de sinsabores, responde con un mensaje de ánimo, valentía, serenidad y compresión. Todo un ejemplo de entereza, que sigue vigente en nuestros días.

En Chile prendió la lengua de Cervantes con sonora poesía desde sus mismos nombres: Valparaíso, La Serena, Chiloé, Chillán, Lebu, y los de sus caudillos araucanos cuyas hazañas celebró Alonso de Ercilla.

La Historia de Chile corre a la par de su literatura. Su alumbramiento lo atestigua La Araucana, primer capítulo de un ciclo épico que tiene como asunto las guerras de Chile.

Andrés Bello, en su periplo chileno, representa la pujanza de la Ilustración americana, y su proyecto de una nueva literatura, planteado precisamente en su "Alocución a la Poesía". Y, en el siglo XX, Chile aporta tres grandes voces a la poesía universal: Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Pablo Neruda.

En esta tradición lírica se sitúa el magisterio de Gonzalo Rojas, y su valioso triple testimonio. El de su apuesta por la modernidad, mediante su temprana vinculación al surrealismo. El de su compromiso con la realidad de dolor y sacrificio de los mineros del norte chileno, a los que enseñó a leer en los textos de Heráclito y donde nació su primer libro, "La miseria del hombre". Y, finalmente, el de la palabra esencial, que es la clave de un diálogo imprescindible.

Gonzalo Rojas encarna el prototipo del poeta buscador. Alguien que está siempre indagando el sentido de las cosas, que quiere descifrar el significado del mundo.

Y para desvelar estos secretos, y trasmitirnos sus rostros inesperados, nuestro autor usa la llave de la creación poética y su crecimiento incesante, que se va perfilando y depurando en cada una de sus obras.

Rojas no es un poeta apresurado. A veces pasaron muchos años entre uno y otro de sus libros. Su poesía no admite prisas. Requiere un paso tranquilo y sereno. Cada una de sus voces tiene su camino, y el silencio termina alumbrando a la palabra.

Gonzalo Rojas se toma la vida con parsimonia, y eso le permite atender a "la imaginación de las piedras", aspirar los olores del mundo, y percibir las diversas voces ligadas a las cosas. Rojas devora el mundo con su mirada insaciable, y luego nos lo describe con el entusiasmo del viajero.

Para él la poesía es un juego extraño en el que se combinan las letras y los sonidos, la carne y el espíritu, lo metafísico y lo inmediato, en un damero de rostros y lugares, para llegar al fondo de las cosas, a la poesía sentida como vivencia de la autenticidad, como conducta y tarea.

Hoy Gonzalo Rojas recibe el Premio Cervantes, que simboliza la profunda unión de muchos pueblos hermanados por una misma lengua.

El poeta de Lebu ha sabido entender como pocos el sentido abierto y comunitario de nuestras letras. Así, habla de "nuestro Juan de Yepes", o de Quevedo "tan entrañablemente nuestro", y se siente tan cercano al Arcipreste de Hita o Santa Teresa como a Neruda, Rubén Darío, Octavio Paz o César Vallejo.

Ojalá todos los que formamos nuestra gran comunidad hispanohablante sepamos ver nuestro mundo con la grandeza de miras de Gonzalo Rojas.

Cervantes y Rojas coinciden en su talante ancho, valiente y esencialmente alegre, que nos sirve de ejemplo para afrontar las situaciones más dolorosas.

El segundo libro de Rojas se tituló Contra la muerte, y su obra entera rezuma amor a la vida, como ocurre con la de don Miguel.

Gonzalo Rojas cuenta que, siendo muy joven, la palabra "relámpago", unida al deslumbrante fenómeno natural, le supuso la revelación de la poesía, que vertió en unos versos que nos llenan de luz.

Porque escribir, y en particular cuando se trata de poesía, es alumbrar lo oscuro, darle sentido, arrancarle sus posibilidades y tallarlas al sol de la realidad.

Por su talento fecundo y su lección bien enseñada, Gonzalo Rojas, enhorabuena y muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+