Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Jarduerak eta agenda
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración del Primer Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo

Madrid, 26.01.2004

Q

uiero comenzar estas palabras manifestando mi gratitud a los organizadores de este Congreso por ofrecerme la posibilidad de inaugurarlo y así brindarme la oportunidad, como Heredero de la Corona, de rendir mi más emocionado reconocimiento y respeto a las víctimas del terrorismo, y de expresar mi solidaridad y apoyo a sus familiares. A todos ellos presentes y ausentes les dedicamos un recuerdo muy especial.  

Gracias a la iniciativa de la Fundación de Víctimas del Terrorismo y de la Universidad San Pablo CEU, por la que todos nos debemos felicitar, se convoca por primera vez en un Congreso a víctimas del terrorismo procedentes de varios países, autoridades políticas que se enfrentan al problema y especialistas que lo analizan o participan en la lucha contra él. Todos ellos van a reflexionar conjuntamente sobre el  drama del terrorismo que azota a las sociedades contemporáneas y, en especial, sobre los problemas que afectan a sus víctimas.

En España,  por desgracia, conocemos  y sufrimos la realidad del terrorismo desde hace ya muchos años. Aunque parezca un sin sentido, una sociedad libre, plural, democrática y pacífica como la española padece aún la existencia de terroristas que buscan alterar la convivencia, romper las reglas del juego e imponer sus argumentos a través del uso de la violencia física y moral.  El terrorista es un ser vil que desprecia las virtudes humanas e intenta justificar lo indiscutiblemente injustificable. La sinrazón del terrorismo sólo conduce al dolor, y al sufrimiento de seres humanos que, siempre inocentes, ven rotas sus vidas y la de sus seres queridos como consecuencia del cruel cálculo sanguinario de unos criminales. Están aquí hoy presentes muchas personas que han padecido esa crueldad. Víctimas que vienen de otros países y numerosas víctimas españolas que han sufrido el azote del terrorismo. Todas ellas, todos vosotros, tenéis algo en común. Tenéis en común un dolor que nada ni nadie podrá compensaros nunca; el ser un ejemplo para todos nosotros, una referencia moral que simboliza el afán de paz y de libertad de todos los seres humanos. Por ese dolor, por ese ejemplo que nos dais, tenéis en común también el ser los mas dignos merecedores  de nuestro respeto y admiración, y de nuestro afecto y solidaridad.

El terrorismo acaba con muchas vidas, destroza familias, y hiere a  pueblos y comunidades. Deja secuelas, claro que sí, y por supuesto, altera para siempre la existencia de quienes directa o indirectamente lo padecen. Pero hay algo con lo que el terrorismo no podrá acabar nunca. No podrá acabar nunca con la esperanza. No podrá acabar nunca con la fortaleza moral de quienes sabemos que, sólo desde la tolerancia y el pluralismo, desde la razón y el respeto a los demás, es posible una sociedad de todos y para todos en la que impera la convivencia democrática, la paz y la libertad.

Estos son sólo algunos de los valores que las víctimas del terrorismo representan con más legitimidad que nadie. Con su dignidad,  su generosidad y su valentía nos demuestran día a día que la voz es siempre más poderosa que las armas y que la esperanza es siempre más fuerte que la violencia.

Por ello, no sólo debemos sentir afecto y solidaridad hacia las víctimas del terrorismo. Debemos sentir también agradecimiento. Porque nos  recuerdan y motivan para no hacer nunca dejación del compromiso individual y colectivo de rechazar la barbarie de quienes actúan desde la perversidad contra los valores y derechos más esenciales de los seres humanos, como son la vida, la integridad y la libertad.

Nuestro agradecimiento y nuestra solidaridad son la mejor manera de mantener vivos en la memoria y de honrar a quienes han padecido  tanto y tan injustamente.

En España, la fortaleza de nuestra democracia, de nuestro Estado de Derecho, la eficacia de las Fuerzas de Seguridad, el impulso de la cooperación internacional y nuestro profundo amor a la paz, la libertad y la democracia nos permiten hoy abrigar fundadas esperanzas de que el terrorismo podrá al fin desaparecer para siempre, asegurando el más pleno respeto a los derechos y libertades fundamentales.

El aislamiento social y la debilidad moral de los terroristas es cada día más patente, como lo es también el rechazo social del que son objeto.

Las víctimas del terrorismo han jugado y juegan un papel fundamental en esa progresiva derrota del terror. Han sido quienes han liderado, quienes se han convertido en el más vivo estandarte del rechazo público, pacífico y masivo al terrorismo. Por ello, son protagonistas de esa lucha  sin violencia a través de la cual se está venciendo al terrorismo mediante la movilización y el compromiso del conjunto de la sociedad.

Pero aún no ha concluido esta tarea. España, como otros tantos países, sigue padeciendo la amenaza terrorista. Sabemos que matar y aterrorizar no es difícil para el que ha elegido abandonar y ultrajar la condición moral que nos distingue como seres humanos, como personas. Por ello, el compromiso de los Gobiernos, de la comunidad internacional, de todas las fuerzas políticas democráticas, y de los propios ciudadanos frente al terrorismo debe permanecer activo y alerta. Junto a ello, es preciso redoblar la cooperación internacional para hacer frente a sus más abominables intenciones, amenazas y extorsiones.  Ante esta audiencia y frente a víctimas de tan diferente origen, quiero manifestar que siempre podrán contar conmigo en ese compromiso. Nunca escatimaremos ningún esfuerzo para hacer frente a la violencia terrorista contando con los instrumentos del Estado de Derecho, del mismo modo que nunca será suficiente todo lo que hagamos para rendir el homenaje y mostrar el afecto que sus víctimas merecen.

Estáis y estaréis siempre en mi corazón y en mi recuerdo, desde el más profundo sentimiento de afecto y  agradecimiento, como el más poderoso soporte de nuestro firme compromiso frente a cuantos se valen de la violencia terrorista para tratar de imponer ideas propias de una dictadura de miedo y de dolor. Sería imperdonable olvidar o ignorar a las víctimas del terrorismo. Y, por ello, todos juntos hemos de defender los derechos que vosotros personificáis y simbolizáis. Los derechos que hacen grandes a las sociedades y a los hombres: la vida, la paz, la justicia, la tolerancia y la libertad.

Deseo fervientemente que algún día podamos también reunirnos para celebrar el fin del terrorismo, con el orgullo y satisfacción de haber dejado atrás una de las lacras más lacerantes que afectan a nuestra sociedad y con el recuerdo vivo de cuantos cayeron mártires de su vileza. Y estoy tan seguro de que ese día llegará como de que vosotros, las víctimas del terrorismo, seréis protagonistas del mismo porque vuestra serena actitud, vuestra firmeza en los valores, vuestro ejemplo y vuestra presencia habrán sido decisivos para alcanzar esa meta.

Concluyo mis palabras para desear que este Congreso sea un paso más en esa dirección y que estas jornadas sirvan para reforzar más aún nuestro compromiso de lucha contra el terrorismo, y de profunda solidaridad con todas sus víctimas, a quienes queremos subrayar que no están solas ni en su dolor ni en su esperanza. Estamos y estaremos siempre a su lado. Declaro inaugurado el Primer Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo.

Itzuli Hitzaldiak atalera
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+