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Palabras de Su Majestad el Rey a la Primera Conferencia Iberoamericana de Cooperación Económica

Madrid, 05.11.1981

S

eñores Ministros, estamos viviendo una etapa crítica en la que parecen haberse agotado esas posibilidades de crecimiento económico consideradas, en los dos últimos decenios, como prácticamente ilimitadas.

Es un hecho que el comercio internacional se ha estancado al tiempo que para la mayoría de los países, los niveles de endeudamiento y las consecuentes cargas financieras externas han alcanzado unos límites difíciles de imaginar hace unos años. Pero, sobre todo, nos preocupa que los niveles de desocupación sigan aumentando de forma alarmante cuando todavía en muchas zonas del mundo no se ha conseguido acceder a esos mínimos de subsistencia que hacen que la vida empiece a ser digna de ser vivida.

Algunos de estos problemas, agudizados por la escasez o por la conciencia de escasez de recursos no renovables, son también comunes a muchos países desarrollados.

España, que como ustedes saben, ha registrado en las últimas décadas un apreciable crecimiento, tiene la voluntad de alcanzar las más altas metas de desarrollo. Y decir desarrollo no es hacer referencia a un mero crecimiento cuantitativo sino a esos cambios y transformaciones que no son mensurables en términos estrictamente económicos, pero que hacen que nuestra existencia se desenvuelva en un marco más justo, libre y solidario del que el sistema democrático forma parte indisoluble.

Portugal y España, situadas en el puesto más avanzado del continente europeo frente a América, que han superado en estos últimos años los siempre difíciles procesos de transición política, están llamados a mantener una estrecha cooperación con los pueblos iberoamericanos.Son tantas las raíces que nos unen, sin merma de nuestra respectiva identidad, que no puede sernos indiferente nada de lo que suceda en Iberoamérica.

España, cuyos hijos llevaron a América una lengua, una cultura, una fe, y el concepto de igualdad y dignidad de la persona, se siente indisolublemente solidaria y se felicita de ese despegue, difícil pero impetuoso, que Iberoamérica está protagonizando y que, sin duda, la llevará en un futuro próximo a desempeñar un papel muy destacado en el concierto mundial.

Nos conforta que vuestros países sigan manteniendo, en general, unos ritmos de crecimiento económico sustancialmente mayores al de los países desarrollados. Y, en este contexto, consideramos de la mayor importancia el notable auge que están experimentando las relaciones económicas entre nuestros países.

Los pueblos ibéricos de uno y otro lado del océano, que hablan en las mismas lenguas, han compartido una historia y son partícipes de una cultura comúnmente enriquecida, no han podido aprovechar en la medida conveniente ese inestimable patrimonio. Tampoco han podido traducirlo en mutuas ventajas económicas porque no habían alcanzado aún ese mínimo nivel de desarrollo inexcusable para que pudiera fructificar nuestra pertenencia a esta comunidad de pueblos. Por ello, se ha venido insistiendo en que nuestras relaciones eran meramente declarativas, líricas o retóricas.

Ahora bien, en las últimas décadas hemos alcanzado ese nivel de desarrollo a partir del cual nuestra común identidad cultural empieza a rendir notorios frutos. En los momentos actuales, las relaciones económicas entre nuestros pueblos son particularmente intensas y aun siendo conscientes de las limitaciones, estas relaciones presentan un evidente potencial de crecimiento que supera ampliamente los volúmenes que les correspondería a nuestro respectivo potencial económico.

Es por ello el momento justo para que nuestros Gobiernos busquen con imaginación renovada fórmulas que estrechen, actualicen y potencien nuestra cooperación a través de todo tipo de acciones. De ahí, la oportunidad y acierto de esta Conferencia Iberoamericana de Cooperación Económica que a partir del conocimiento mutuo del estado de nuestras relaciones pretende encontrar nuevas líneas de acción que acrecienten los flujos comerciales, financieros y tecnológicos con un sentido solidario y con un espíritu tenaz y realista.

Cuando ya se nos presenta muy próxima la histórica celebración del V Centenario del descubrimiento, consideramos que es ineludible que todos, en base a nuestros lazos de hermandad, realicemos los esfuerzos necesarios para que alcancemos esa fecha con un balance de realizaciones concretas en todos los campos.

Nuestro deseo es que esta celebración marque un hito decisivo en la historia de nuestros pueblos. En este aspecto, y más concretamente en el siempre difícil ámbito de la cooperación económica, pienso que esta Conferencia puede significar un buen comienzo en la realización de un programa de actividades que implique una mayor integración en base a los principios de interdependencia, continuidad, indiscriminación y comunidad que todos compartimos.

Porque se puede morir y sufrir en soledad, pero se vive en comunidad. Y en comunidad hemos de vivir con el horizonte de 1992 como un desafío permanente. La respuesta a ese desafío es el ser dueños de nuestro destino histórico.

Declaro inaugurada la Primera Conferencia Iberoamericana de Cooperación Económica.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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