Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Jarduerak eta agenda
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey a la diplomacia española al clausurar el curso de la Escuela Diplomática

Madrid, 16.06.1981

N

uestro texto constitucional reafirma la relación tradicionalmente establecida entre la Corona y quienes han de representarla y representar a España en el exterior.Al asumir, en la línea de esa tradición y en virtud de este mandato constitucional, «la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales» -con una expresa y especial atención hacia «las naciones de nuestra comunidad histórica»- me he de sentir muy próximo a quienes integran nuestro servicio diplomático.

Y he de seguir, también, el proceso de selección y formación de aquellos que se preparan en estas aulas para tener el honor de formar parte del mismo.

Comprendo las inquietudes y las esperanzas de quienes sirven a España en el exterior, porque comparto, en el grado eminente que la Constitución establece y mi patrimonio me dicta, la doble responsabilidad de representar a nuestro país y de defender sus intereses y los de sus ciudadanos más allá de nuestras fronteras nacionales.

Doble y honrosa tarea que consiste, por una parte, en mostrar a los demás la imagen de España, con sus importantes aportaciones culturales de ayer y de hoy, con la contribución al acervo de la humanidad que representa nuestra historia y con nuestra resuelta vocación actual de participar como pueblo -propugnando un mundo más justo y en paz- en la construcción del futuro. Pero sin olvidar que esta tarea implica también, por otra parte, que desde el primero al último de los servidores del Estado, nos debemos a la denodada defensa de sus legítimos intereses y de todos los españoles.

El servicio de España, que caracteriza la mejor tradición de nuestra carrera diplomática, ha de ser entendido en forma muy concreta y ha de conllevar una constante atención a la difícil batalla diaria de nuestros compatriotas que viven y trabajan en el exterior o que se esfuerzan por incrementar -en el campo de la economía o en el de la cultura- la presencia española en el mundo.

Las grandes cuestiones de la política internacional, que por su propia gravitación inciden en nuestra vida cotidiana, aunque constituyan norte permanente de vuestra atención intelectual y de vuestra actividad como diplomáticos, no deben haceros relegar jamás la acuciante preocupación por el bienestar de todos y cada uno de los españoles que, en gran medida, se defiende precisamente desde esa primera línea de la administración pública, desde esa vanguardia del Estado hacia el exterior que es y ha de ser nuestro servicio diplomático.Ser diplomático español implica, en primer término, ese patrimonio hondamente sentido y operante al que me refería. Es decir, un auténtico sentido de servicio a los intereses generales y permanentes de nuestro país, que ha de fundarse en un amplio conocimiento del mismo y en una identificación con las aspiraciones de nuestro pueblo.

Pero, en segundo término, es indispensable saber jugar esa actitud ante los valores nacionales, con una especial disposición de apertura hacia el mundo exterior, de comprensión para la idiosincrasia, los intereses y los anhelos de otros pueblos, de capacidad para el diálogo con otras culturas.

Y, finalmente, es preciso sumar a estas dos dimensiones, las cualidades humanas inherentes a una profesión que ha de afrontar las difíciles situaciones y las duras condiciones de vida que encontráis con frecuencia, para completar así el perfil diplomático que necesitamos en la hora actual.

Demandas que no parecerán desmesuradas si se tiene en cuenta que a nuestro servicio diplomático corresponde la responsabilidad de ejecutar y contribuir a formular la política exterior de España, dictada y determinada por el gobierno y por el parlamento.No se pueden ignorar, sin embargo, dos hechos capitales: el primero es que, por un conjunto de razones históricas, hemos vivido largos períodos de nuestra trayectoria contemporánea alejados de una normal vida de relación internacional. Y, como fenómeno reflejo, carecemos hoy del hábito de dedicar a la acción exterior la atención y los medios proporcionados a los fines que nos proponemos.

Constituye una verdad poco discutible que cada país obtiene en la escena internacional la presencia y el ascendiente que merece. La relación entre Estados se plantea, hoy por hoy, en términos de poder y una diplomacia siempre será escuchada con frecuencia en la medida que represente a un pueblo libre, próspero, fuerte y unido.Hacer estas reflexiones en voz alta y reunirme con todos vosotros han sido los motivos de mi presencia en este Centro.

Al presidir hoy este acto de clausura de los cursos de la Escuela Diplomática correspondientes al año académico 1980-81, deseo ante todo dar la bienvenida a las filas del servicio exterior, a los veinticinco nuevos secretarios de Embajada que, tras una larga y difícil preparación, acaban de terminar las enseñanzas propias de la sección de especialización y ampliación de estudios de este Centro.

Me complace también testimoniar mi enhorabuena a los veinte alumnos del II Curso para Funcionarios Diplomáticos de la República de Guinea Ecuatorial que, respondiendo a los deseos expresados por el Gobierno de Malabo, han seguido en nuestra Escuela Diplomática un plan de estudios especialmente centrado en las necesidades y problemas de su país.Quiero felicitar, asimismo, a los dieciséis alumnos españoles que acaban el Curso de Estudios Internacionales, como paso previo para el concurso-oposición que les abrirá el acceso a nuestra carrera diplomática.

Y deseo referirme también, finalmente a los trece alumnos extranjeros que han seguido este mismo Curso de Estudios Internacionales, procedentes de muy diversas áreas geográficas, a todos los cuales deseo, al propio tiempo que a sus respectivos países, un próspero futuro.Esta Escuela Diplomática, heredera, en cierto modo y a través del tiempo, de aquel Instituto de las Carreras Diplomáticas y Consular fundado en 1911, durante el reinado de mi abuelo, el Rey Alfonso XIII, ha visto pasar por sus aulas a un considerable número de alumnos españoles, y a otros extranjeros, pertenecientes en buena medida a esos pueblos iberoamericanos que se hermanan con el nuestro en una comunidad de lengua y cultura.

No pocos de ellos, tras pasar por estas aulas, han alcanzado puestos de responsabilidad en sus respectivos países y han sido patente testimonio de la voluntad española de cooperación con todas las naciones.

Al expresaros mi confianza en vuestra voluntad de servir a España, comparto con vosotros en estos momentos vuestra emoción y vuestro orgullo.Quedan clausurados los Cursos de la Escuela Diplomática correspondientes al año académico 1980-81.

Itzuli Hitzaldiak atalera
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+