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Palabras de Su Majestad el Rey a los participantes en la XXII Reunión de la Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo

Madrid, 06.04.1981

L

a Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo, en su reunión de Vancouver de 1978, decidió que la Asamblea se reuniera cada cuatro años en la capital de un país extrarregional. Consecuencia de esta decisión y de nuestra subsiguiente oferta de hospitalidad, es la apertura de esta XXII Reunión Anual en Madrid.

No necesito subrayar la satisfacción que siento al daros la bienvenida y al transmitiros la complacencia del pueblo madrileño, que se siente honrado por vuestra presencia y orgulloso de que sea Madrid la primera capital de un país extrarregional que alberga vuestras sesiones.

Señores, vivimos hoy tiempos de inquietud y pesadumbre. El hombre de nuestros días está convencido de que le ha tocado vivir uno de esos momentos históricos, convulsos y dramáticos, que significan el fin de una época y el comienzo de otra.

Una palabra se oye repetir por doquier: crisis. Crisis de los usos y de las costumbres; crisis de las creencias, que parecían más arraigadas; crisis de la idea de Estado y de las instituciones públicas y privadas; crisis de las economías de los países.

Todo ello significa tensiones, incertidumbre e inquietud. El hombre no está seguro del hoy, ni de lo que le traerá el mañana. En esta universal congoja ha perdido confianza en muchas cosas, en las que antes creía. Ha perdido, por ejemplo, la seguridad que hasta hace poco sentía, de que cada día su vida sería más holgada y de mayor bienestar. Hasta hace muy pocos años dominaba la convicción de que cada vez más personas vivirían cada vez mejor.

Esto tenía un nombre: el desarrollo económico. El desarrollo económico era el hecho de que la humanidad, por primera vez en la historia, se encontraba en la situación de ofrecer un nivel de vida creciente a una población creciente. Pero por nueva y creciente que fuera esa realidad, el hombre se habituó a ella, pensó que su permanencia estaba garantizada, que su conquista era irreversible. No pensó que pudiera faltarle ya nuna, como no piensa que en cada amanecer le faltará la luz del nuevo día. Se acostumbró al desarrollo como si fuese un fenómeno natural, cuando era el resultado del esfuerzo y de la imaginación.

Y un día estas seguridades se le vienen abajo, de manera súbita, como llegan siempre los grandes acontecimientos históricos; y oye, incrédulo en un comienzo, cómo los economistas hablan de recesión, de penuria, de «crecimiento cero».

Pero en un horizonte de tintas sombrías, no faltan rayos de luz que nos devuelvan la fe y la esperanza. Una de esas mayores esperanzas se llama Iberoamérica.Mis viajes por tierras americanas, viajes entrañables para mí, me han permitido comprobar personalmente la ingente tarea llevada a cabo por vuestros países en los últimos años, movilizando sus fuerzas productivas en búsqueda de niveles más altos de bienestar.

Los resultados de este dinamismo están a la vista de todos. Iberoamérica constituye una realidad económica pujante, con una población joven e ilusionada y con un fuerte potencial económico. Cierto que esto se acompaña con nuevos problemas y tensiones, dolorosos muchas veces porque significan sangre derramada y sufrimientos sin cuento, pero ciego está quien no vea que estas tensiones, dolores y sufrimientos están alumbrando una nueva civilización, espléndida de promesas y restallante de vida.

El continente que hace casi cinco siglos España incorporó a la historia universal constituye, por la fuerza expansiva de sus pueblos y por sus enormes recursos naturales, una pieza fundamental en el conjunto de nuestra civilización.

El Banco Interamericano de Desarrollo nació hace veintidós años para ayudar al proceso de desarrollo económico y social de los países miembros. La contribución innovadora del Banco al desarrollo rural y a la salud pública y ambiental, al desarrollo urbano y a la educación, así como su apoyo a los proyectos de integración económica y a la creación de instituciones nacionales y regionales dedicadas a estos fines, están entre sus más sobresalientes realizaciones.

Quisiera resaltar aquí otras de las características que hacen del Banco una institución financiera peculiar. Me refiero a su carácter abierto a diferencia de otros organismos que cierran sus puertas a la participación extra-regional o la reciben con recelo.El Banco Interamericano de Desarrollo ha mantenido, desde 1974, una actitud de apertura a la participación de países no americanos. Esta actitud le ha dado más dinamismo y le ha convertido en el mayor Banco de desarrollo regional.

España, en la medida de sus posibilidades, ha prestado su colaboración a todas las acciones de cooperación, tanto a nivel bilateral como multilateral.Señores, su presencia aquí no es una simple anécdota. Es vinculación a una voluntad expresa; la de recalcar nuestro destino histórico de nación europea con vocación americana. No podemos renunciar a esta vocación sin renunciar, al mismo tiempo, a un proyecto de vida auténtica. Los españoles nos sentimos especialmente cercanos a las realidades, a los problemas y a los anhelos de Iberoamérica. Pero esta cercanía no nos otorga ninguna clase de privilegios o protagonismo en las relaciones entre Europa e Iberoamérica. Simplemente nos permite una mejor comprensión y nos obliga a compartir los esfuerzos de los pueblos iberoamericanos en la forja de su destino.

Como la mayoría de los países, España ha resultado duramente afectada por la crisis energética, que ha frenado un proceso de industrialización y crecimiento económico que se sostenía desde comienzo de los años sesenta. España se ha enfrentado simultáneamente a una doble tarea: reajustar su estructura económica y efectuar una importante redistribución de renta en favor de los grupos sociales con mayores necesidades.

Todo ello al tiempo que construye y perfecciona una nueva estructura política, en un proceso constituyente, democrático y pacífico, del que el pueblo español se siente justamente orgulloso.

Los españoles sabemos que no hay salida a esta crisis huyendo hacia atrás, tratando de reconstruir situaciones desaparecidas para siempre, sino enfrentándonos a las dificultades con el esfuerzo y el sacrificio de todos.

Pertenecemos a un mundo cada día más interdependiente, por lo que las tentaciones de aislamiento, típicas de las épocas de crisis, deben ser vencidas con una mayor insistencia en el diálogo y en la cooperación internacionales. Es necesario asentar, con imaginación y común acuerdo, los pilares de un nuevo orden económico internacional, que nos ofrezca un horizonte de progreso, paz y bienestar.

La labor desarrollada por instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo constituye un sólido fundamento para la definición de las soluciones necesarias. Por ello mi país reafirma solemnemente su disposición a cooperar con el banco y ayudar al cumplimiento de sus fines.

Tengo la seguridad que en estos días de reflexión sabrán hacer frente a las altas responsabilidades del momento y conseguirán con sus trabajos el éxito que todos esperamos.Les ruego, señores Gobernadores, transmitan a sus gobiernos nuestros votos de felicidad y prosperidad para sus países.

Declaro abierta la XXII Reunión Anual de la Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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