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Palabras de Su Majestad el Rey al Cardenal Casariego y autoridades de la Santa Sede

Italia(Roma), 24.10.1978

E

minencias reverendísimas, desde esta Casa de España, nos complace vivamente a la Reina y a mí expresarles nuestro cordial saludo y, asimismo, dar la bienvenida a su eminencia el cardenal Casariego, cuya presencia nos trae el recuerdo de nuestro encuentro en Guatemala durante el viaje oficial que realizamos a aquella nación.

Hace poco más de un mes nos reuníamos aquí para celebrar con satisfacción el comienzo del pontificado del Papa Juan Pablo I.

El nombre por él elegido como Pontífice, sus primeras palabras desde el balcón de San Pedro, su gesto entrañable y sereno, nos hacían augurar un momento de plenitud en la vida de la Iglesia. El encuentro con Su Santidad fue para la Reina y para mí de inmensa alegría y jamás olvidaremos aquellos instantes tan llenos de afecto y de sincera cordialidad. Su muerte súbita llenó de luto no sólo a la cristiandad, sino al orbe entero, que veía en su sonrisa esa confianza y esa seguridad que tanto necesita hoy la humanidad. Con profundo pesar aceptamos su desaparición a sabiendas de que son ocultos para los hombres los designios del Señor.

La elección del nuevo Papa, junto al gozo reconfortador y dichoso del primer instante, reafirma al mismo tiempo nuestras más sólidas convicciones en la universalidad de la Iglesia, en su capacidad de respuesta a los retos de nuestro tiempo, dentro de esta hora difícil, pero esperanzada, en que vivimos.

El Santo Padre ha querido comenzar su pontificado con la intención de reanudar la marcha en el camino de la historia de la Iglesia, con la ayuda de Dios y de todos los hombres.

Sabemos bien que, a través de Juan Pablo II, la Iglesia seguirá tendiendo sus manos y abriendo su corazón a todos aquellos que sufren y son oprimidos por la injusticia o la discriminación, tanto en la vida política, económica y social, como en lo que respecta a la libertad de conciencia y a la justa libertad religiosa.

Tenemos hoy al frente de la Iglesia un Pastor especialmente dotado para comprender los problemas de nuestro tiempo, problemas de convivencia entre comunidades que ofrecen diferentes modelos de sociedad, problemas que surgen en las relaciones cotidianas entre grupos humanos, problemas que angustian al corazón humano, en un mundo impregnado de materialismo.

En esta época cargada de signos de contradicción, cuando asistimos a un cambio amplio y profundo en tantos aspectos, nuestra mirada se dirige llena de esperanza hacia la Iglesia, cuya misión pacificadora nos conforta y alienta.

Con este espíritu levanto mi copa para brindar por la felicidad personal de vuestras eminencias, agradeciéndoles vivamente su presencia entre nosotros.

 

Itzuli Hitzaldiak atalera
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