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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Guinea Ecuatorial Teodoro Obiang y al pueblo ecuatoguineano

Guinea Ecuatorial(Malabo), 13.12.1979

S

eñor Presidente, nos encontramos hoy aquí en respuesta a vuestra amable invitación, y para dar testimonio de la solidaridad de un pueblo, el español, que nunca ha podido ni podrá ser indiferente a los destinos de pueblo guineano. Un pueblo que, unido con el guineano en su pertenencia a una gran familia común, contempla con esperanza cómo el pueblo hermano de Guinea Ecuatorial inicia, por decisión libre y propia, una nueva singladura histórica por los caminos de la convivencia en la paz.

Señor Presidente, en distintos grados, muy diversas zonas de Africa han recibido estímulos, saberes y técnicas de algunos países europeos. Las actuales naciones libres e independientes africanas conservan la huella de esas influencias en muy diversos campos. Pero si hay algo que une a los pueblos africanos y europeos es la existencia de un vínculo lingüístico unificador que, salvaguardando la diversidad étnica, religiosa y cultural, ha sabido constituirse en vehículo de comprensión mutua y de afirmación de la propia personalidad en el ámbito internacional. Y ello sin sacrificar los propios usos, las costumbres entrañables, la rica variedad que es garantía de fecundidad social e histórica. Este es el caso del idioma español para el pueblo de Guinea Ecuatorial, al que puedo dirigirme aquí, en el corazón de Africa, en nuestra propia lengua, porque esa lengua no solamente es la mía, sino también la vuestra.

Pero hay algo más y todavía de mayor significación y alcance. Esta lengua que hablamos, la lengua española, no es sólo la lengua de España, no es solamente una lengua europea: es también la lengua de la mayor parte de América, y todavía es, en parte, la lengua de las remotas Islas Filipinas, donde Asia termina para encontrarse con el mundo del océano Pacífico.

Es la lengua de varios continentes, de muy diversas tierras, en la que se expresan hombres y mujeres de diversas razas, tradiciones y devociones. Este es el vínculo más operante y vivo que nos une, y que integra a nuestros pueblos en la gran familia de naciones de habla hispana.

Señor Presidente, el pueblo español, que siguió con preocupada emoción las vicisitudes sufridas por el pueblo guineano tras la proclamación de su independencia, contempla ahora con confianza la actual situación de vuestro país, en el que ha sido instaurado un régimen político y social que ha abierto la esperanza en el futuro de Guinea Ecuatorial. Un futuro de paz social y prosperidad, que tanto merece el laborioso y noble pueblo guineano. Un futuro de reconciliación y trabajo en común, alegrado por el regreso a Guinea Ecuatorial de aquellos que debieron refugiarse en otros países, lejos de su tierra y de los suyos. Un futuro de respeto a los derechos humanos, sin cuya observancia no es posible vivir en libertad y en justicia. Para el logro de este futuro, el pueblo guineano ha depositado su confianza en sus actuales dirigentes de los que vos, señor Presidente, sois cabeza rectora.

España está prestando una creciente atención al mundo africano, atención que quedaría incompleta, y que sería estéril, si no fuese acompañada de la convicción de que es necesario cooperar con estos países, dentro de un espíritu de amistad y de mutuo conocimiento, en el más escrupuloso respeto de nuestras respectivas identidades nacionales y en beneficio de nuestros pueblos. Porque el reto histórico, señor Presidente, no es otro que éste: dar una respuesta adecuada a las exigencias éticas, y no sólo técnicas y prácticas, de la cooperación. Esto es, dar testimonio de que los destinatarios de la cooperación son los hombres y los pueblos, cuyo desarrollo integral y armónico se busca y se potencia. Y esto, desde el pleno respeto a la igualdad y a la estricta observancia del principio de no intervención en los asuntos internos. La cooperación no debe ser nunca un intento de interferir la libre marcha de los pueblos, ni un instrumento para intentar cambiar su propia personalidad. Se trata, al contrario, de una relación mutuamente enriquecedora, que debe respetar la seguridad de unos países que necesitan de esos medios y de esas técnicas para su desenvolvimiento y para afirmar y salvaguardar sus valores, sus tradiciones y su propio ser nacional.

Estos son los principios y los propósitos, señor Presidente, que orientan nuestra cooperación con vuestro país. España no aspira a otro tipo de relaciones con Guinea Ecuatorial que aquellas que, basadas en la universalidad e interdependencia del mundo contemporáneo, den testimonio igualmente de los vínculos fraternales que unen a nuestros dos pueblos. Tenemos plena conciencia de que el mundo actual es a la vez plural y único: plural, porque está compuesto por distintas civilizaciones y culturas, cada una con su propia personalidad; único, porque existe un creciente entramado de relaciones que une a los distintos pueblos y naciones con lazos cada vez más estrechos. Este profundo cambio en la comprensión del mundo es, quizá, la aportación mayor y más prometedora del hecho enriquecedor de la descolonización.

Pero, a la vez, somos conscientes de nuestro especial deber de solidaridad para con el pueblo guineano, y estamos dispuestos a hacer frente a los sacrificios que esa solidaridad lleva consigo. España no busca en Guinea Ecuatorial un punto de apoyo estratégico, ni un predominio cultural, ni ventajas abusivas o imposiciones de ningún tipo. Sólo queremos la cooperación, desde la igualdad, respondiendo al compromiso y a la responsabilidad histórica que nos une con el pueblo guineano. Un pueblo con el que queremos caminar codo con codo, no sólo para establecer las bases de una fecunda cooperación, desde la igualdad y el respeto a vuestra identidad, sino para aunar nuestros esfuerzos en la defensa de objetivos comunes y proyectar en la esfera internacional nuestro deseo de trabajar por la paz y la construcción de un mundo más libre, más justo y más humano.

Guinea Ecuatorial, esencialmente africana, siempre pertenecerá a la gran familia hispánica. Y si ello nos llena de legítimo orgullo, también nos sitúa ante un ineludible desafío. Por eso España no ha querido dejar sin respuesta solidaria la llamada del pueblo guineano. Este es, señor Presidente, el espíritu que guía a las diversas misiones españolas que han venido a Guinea Ecuatorial para conocer de cerca las necesidades y los problemas a los que, con tanta serenidad y decisión, estáis haciendo frente. Este es el espíritu que guiará nuestras relaciones de cooperación en el futuro. Esta es la razón última de mi presencia hoy entre vosotros.

Nos encontramos aquí, en esta tierra entrañable de Africa, para transmitiros el mensaje de fraternidad, amistad y solidaridad del pueblo español. En su nombre, la Reina y yo hacemos votos por el bienestar de Vuestra Excelencia y de vuestra digna esposa. Y por una Guinea mejor, por la prosperidad de vuestro pueblo y por el reencuentro con el pueblo hermano de España, permitidme, señor Presidente, que levante mi copa.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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