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Palabras de Su Majestad el Rey en la recepción ofrecida por el Presidente de Senegal, Sr. Léopold Sédar Senghor

Senegal(Dakar), 17.05.1979

S

eñor Presidente, al llevar a cabo esta primera visita de un Rey de España al Africa occidental, la Reina y yo llegamos a Dakar con gran ilusión de pisar esta hermosa tierra senegalesa, pues aguardábamos con expectación este momento que es un nuevo e importante eslabón en la ya firme y fructífera cadena de nuestras cordiales relaciones.

En efecto, desde que hace tan sólo unos meses vuestra excelencia nos honró en España con su presencia y la de vuestra ilustre esposa, acompañados de un distinguido séquito, esperábamos con impaciencia la ocasión de hacer honor a la gentil invitación extendida para visitar la República del Senegal. Nuestra ilusión ha sido colmada y nuestra expectación no ha sido defraudada.

Vuestra visita a España marcó, señor Presidente, el comienzo de una nueva etapa en nuestras relaciones bilaterales, que siempre habían estado presididas por un espíritu de amistad sincera.

El acuerdo comercial firmado en dicha ocasión, unido a otros ya concertados y a los que esperamos se suscriban en un futuro próximo, se convertirán en la base de más intensos intercambios políticos, económicos y culturales.

Desearíamos que con nuestra presencia quedase consolidado ese nuevo carácter que ambos pueblos han querido imprimir a sus relaciones, que confiamos lleguen un día a constituir un ejemplo en el ámbito euro-africano, pues tenemos clara conciencia de los especiales paralelismos que existen entre España y Senegal.

Siempre ha tenido mi país una especial vocación por lo universal; siempre, aún en las épocas en que el cuerpo político español parecía tener menos pulso, se ha sentido solidario de los fenómenos y procesos universales de mayor cota. Por ello, ha comprendido muy pronto que, tras los esfuerzos de los pueblos colonizados para obtener su independencia política y alcanzar una igualdad real, estaba manifestándose la más profunda revolución cultural y humana y el mayor cambio del horizonte mundial desde el descubrimiento de América.

La descolonización significa la extensión a todo el orbe del carácter de actores de todos los pueblos y la consideración en pie de igualdad de todas las culturas. Es por ello, no ya un hecho político de máxima importancia, sino una verdadera revolución antropológica.

Cuando recordamos que hace aproximadamente siglo y medio se podía sostener que los pueblos, cuyo desarrollo no se estructuraba en la forma del tiempo dialéctico y lineal, carecían de historia y, por lo tanto, de legitimidad internacional, y vemos hoy el rico intercambio de culturas que se vivifican unas y otras, y que en el plano jurídico internacional actúan a través de los Estados, comprendemos la profundidad del cambio.

No quiero hacer sufrir excesivamente vuestra modestia, señor Presidente, pero en el origen de este cambio universal están vuestras reflexiones, vuesta búsqueda en el tiempo en que contribuíais en Légitime défense en L'Etudiant Noir, y por centrarnos en su desenlace, en la gran obra iniciada por Présence africaine. Están en vuestros poemas y en vuestra doctrina y en esa síntesis tan feliz que, asentando previamente la peculiaridad africana, os lleva a entender la latinidad y a partir de ella la indisoluble relación entre Africa y Europa.

Es cierto que, como decía un gran escritor catalán, todo lo que es verdaderamente original se basa en la tradición. Y también lo es que la doctrina de la Negritude y, en general, la reivindicación de las culturas autóctonas está favorecida por el giro esencial que da la antropología a fines de siglo, al acabar con el monismo cultural y establecer esta regla de oro: que ninguna cultura sea juzgada de acuerdo exclusivamente con los valores de otra, sino por el análisis de sus propias estructuras.

Son éstas, entre otras muchas razones, las que nos han impulsado a acentuar nuestro acercamiento hacia este continente, y hoy podemos afirmar que en España estamos asistiendo a una toma de conciencia, a nivel nacional, de la realidad del Africa negra, de la que vuestro país es faro de cultura y, como España para Europa, su avanzada en el Atlántico. Este hecho geopolítico constituye un factor de singular importancia para la aproximación y mutua comprensión entre nuestros dos países, que por su posición estratégica, sus realidades políticas y sociológicas, y sus valores espirituales ocupan un importantes lugar en sus respectivas áreas geográficas.

España, señor Presidente, está empeñada, en la medida que lo permiten sus recursos, en una gran empresa de aproximación a vuestro continente, pues está convencida, tanto de la enorme importancia que ha de tener en el futuro de la humanidad, como de las afinidades que le unen con sus pueblos.

Hoy traemos este mensaje del pueblo español al Senegal, donde tenemos razones para saber que será escuchado.

Permitidnos que manifestemos, por tanto, una vez más, nuestro profundo interés en la paz y en la estabilidad de Africa. En el logro de tan noble objetivo, encontraréis siempre el respaldo caluroso y entusiasta de España.

El mundo plural en que vivimos, tan rico en posibilidades y por primera vez uno, reino del hombre, se enfrenta con grandes tensiones y con tendencias a la desintegración. Pero también registra, no obstante, factores de integración, de interdependencia e institucionalidad, y todo ello en una doble dimensión: la universal, que tiene por marco a la Organización de las Naciones Unidas, y la regional, que encuentra expresión en diferentes organizaciones regionales.

La República del Senegal ha jugado un papel de primer orden en la construcción africana, a la que no podemos sentirnos ajenos por razones de nuestra proximidad geográfica y por la plena conciencia de que el futuro va a pasar por una dimensión euroafricana, por un diálogo que cada vez se mostrará más imprescindible y más fructífero.

Yo he venido, señor Presidente, a continuar y profundizar ese diálogo, sin reservas y sin más límites que la sinceridad y la buena voluntad.Sabemos los españoles que los africanos son hombres de palabra y de paz, y que su sabiduría tradicional está basada en el diálogo y en el entendimiento.

Pensamos también que la continuidad en el diálogo euroafricano contribuirá necesariamente a una aclaración de los términos de los actuales conflictos y problemas y servirá para avanzar juntos en la realización de principios que compartimos plenamente, como la lucha en favor del desarrollo, la creación de un nuevo orden económico internacional, la eliminación del racismo, la defensa de los derechos humanos y el respeto a la integridad territorial.

Para dar fe de estos sentimientos de solidaridad estamos hoy aquí en vuestra compañía.

Tened la seguridad de que en España tendréis siempre, dentro del respeto mutuo, una amistad leal, que reconoce lo que tan justamente expresasteis con estas palabras: «Es necesaria también una cierta humildad por parte de Europa. Tiene que comprender que si puede entregar mucho, también es mucho lo que de Africa puede recibir».

Con ese espíritu hemos venido a Dakar y con el deseo de un mayor conocimiento mutuo entre nuestros dos pueblos.

Los difíciles problemas con que hoy se enfrenta la comunidad internacional hacen que haya llegado la hora de los estadistas, de los humanistas, de los dirigentes que son capaces de no olvidar los factores sociológicos, étnicos, de cultura.

He venido aquí, a Dakar, a conversar con uno de estos hombres que, agobiados por la cotidiana labor de gobierno, no ha olvidado nunca la visión general.

Nuestras afinidades y paralelismos, los valores que compartimos, señor Presidente, permitan mirar con mayor optimismo el futuro de la cooperación hispano-senegalesa, las perspectivas abiertas al diálogo entre nuestros pueblos. Este diálogo, que comenzamos el año pasado en Madrid, que hoy continuamos en esta ciudad de Dakar -tan abierta a todos los vientos del espíritu a Africa, a Europa, y a América-, ha de prolongarse y ha de profundizarse.

Por dicho futuro, así como por la salud y continuado bienestar de Vuestra Excelencia y de su ilustre esposa, la grandeza del Senegal y la prosperidad de su pueblo, por nuestro sincero diálogo, permitidme, señor Presidente, que levante mi copa.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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