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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de la India Neelan Sanjiva Reddy y al pueblo indio

India(Nueva Delhi), 25.01.1982

S

eñor Presidente, mucho os agradecemos la Reina y yo, las generosas palabras de bienvenida con que nos habéis acogido en nuestra primera visita oficial a la India. Por nuestra parte, deseamos también transmitir a Vuestra Excelencia, al Gobierno y al pueblo indio nuestro saludo más afectuoso junto con un mensaje de sincera amistad del pueblo español.

Este primer día de nuestra estancia entre vosotros ha estado lleno de muy gratas impresiones.

Con verdadero placer hemos recorrido las calles de Nueva Delhi, con profundo interés hemos escuchado a los primeros mandatarios de la India, y, sobre todo, al depositar esta mañana una ofrenda ante el mausoleo de Mahatma Gandhi una intensa emoción nos ha embargado a la Reina y a mí, con el recuerdo de su vida ejemplar, su amor sin límites por la patria india y su elevado humanismo que le distinguió entre los hombres de Estado de su tiempo.

La India, su antigua, rica y fascinante historia, su cultura milenaria, el mensaje moral de alcance universal de su filosofía y su poesía han encontrado siempre en mi país amplio eco, suscitando profundo interés y admiración en nuestra sociedad, desde los medios intelectuales más elevados hasta las aulas escolares de los jóvenes españoles.

No puede hablarse de la India sin pronunciarse simultáneamente la palabra cultura.

Nos encontramos en una de las cunas de la civilización mundial. La filosofía india, que cala hondamente en la raíz espiritual del hombre, el prestigio del sánscrito, los himnos del Rig Veda, los relatos heroicos del Mahabharata y del Ramayana, las proezas imaginativas de la arquitectura y la escultura indias son monumentos vivos de la cultura universal.

Lo mismo que en España, la simbiosis fertilísima de razas, idiomas y culturas ha producido en la India una entidad nacional y cultural que cuenta entre las más importantes del mundo.

Conoce bien España la heroica historia moderna de vuestra nación que, fundamentada en los sólidos principios de su tradición y conducida por la inspiración y el ejemplo de hombres preclaros y abnegados que llegaron hasta el sacrificio personal, supo recuperar su independencia, crear un gran Estado y ocupar el puesto preeminente que le corresponde en la comunidad internacional. Esta imagen patriótica y de afirmación de la nación india será aún más completa para nosotros mañana, cuando asistamos a la celebración del Día de la República como huéspedes de honor, privilegio que por vuestra generosidad tendremos la Reina y yo.

Aunque separados por la distancia y enmarcados nuestros respectivos países, por imperativos de la geografía y de la historia, en distintos contextos, comparten España y la India la creencia profunda en unos mismos valores de índole moral, social y política.

Así, las ideas básicas que fundamentan vuestra organización sociopolítica, es decir, la democracia pluralista, el respeto a las particularidades regionales y la dignidad del hombre, el repudio a la violencia, la defensa de la libertad y la búsqueda incansable de la justicia, son precisamente las concepciones más arraigadas en el pueblo español y, por ello, principios constitutivos de nuestro ordenamiento político.

De forma análoga, la filosofía humanista y trascendente que preside también la acción diplomática de la India por encima de las concretas opciones que imperativos específicos de orden económico, político o estratégico imponen a cada país, encuentran también su paralelo en los principios rectores que tradicionalmente vienen inspirando la presencia y actividad internacionales de España. Y no es sorprendente que ello ocurra, pues, siendo nuestras dos naciones de muy antigua historia, punto de encuentro de pueblos distintos y crisol de cultura, han sido capaces de forjar una visión global del mundo, a la vez sensible y abierta a las inquietudes, problemas e ideales universales y apegada a la idea de que el hombre es la medida de todas las cosas.

Por ello, España basa sus relaciones con otras naciones sobre una serie de firmes convicciones: la igualdad soberana de los Estados, el respeto a sus respectivos intereses legítimos, la no intervención en los asuntos internos, la protección de los derechos del hombre -cimiento de la armonía social, cuya defensa es conquista irreversible en nuestro tiempo-, la solución de conflictos por medios pacíficos, y, en fin, la cooperación entre las naciones como imperativo ético de un mundo interdependiente y único fundamento de la verdadera paz.

Así, España, consecuente con las exigencias de la libertad y la igualdad, ha apoyado sistemáticamente, y continúa haciéndolo, el proceso histórico de la descolonización, fenómeno no sólo político, sino, incluso de alcance antropológico, al devolver su libertad y su dignidad a los hombres y a los pueblos y hacerlos dueños de sus destinos, supone un perfeccionamiento moral de la comunidad internacional.

Por las mismas razones, España rechaza enérgicamente cualquier forma de discriminación racial, que consideramos contraria a los derechos humanos y un insulto a la racionalidad del hombre.

Apoya con decisión, mi país, cuantas iniciativas y esfuerzos diplomáticos se realizan actualmente en pro de la distensión y de la paz, y por ello, señor Presidente, participa activamente en la Conferencia de Madrid sobre la Cooperación y la Seguridad en Europa, foro de diálogo que desearíamos pudiese contribuir útilmente a la causa de la paz. En este mismo contexto, comparte España la preocupación de los países ribereños del océano Indico ante las perspectivas de tensión en dicha región.

Como sabe vuestra excelencia, España, nación europea occidental por razones geográficas, históricas y de cultura, participa plenamente de los valores espirituales y culturales europeos y comparte sus coordenadas políticas y sociales, a cuyo establecimiento ha contribuido de manera importante a lo largo de la historia.

Consecuentemente, España ha optado por su plena incorporación a las instituciones europeas y occidentales; pero, al mismo tiempo, por su propia ubicación física y por su historia, tiene nuestro país otras dimensiones específicas que enriquecen su personalidad. Me refiero a nuestra dimensión iberoamericana, fundada en una comunidad lingüística y de linaje; a nuestro engarce con el mundo mediterráneo y a nuestras seculares relaciones con las naciones árabes, tan ligadas a nuestro propio pasado, así como a nuestra vecindad con el continente africano.

Estas realidades nos hacen especialmente sensibles a los problemas y aspiraciones del llamado Tercer Mundo.

En este contexto, quiero dejar constancia, señor Presidente, del sincero aprecio que siente España por los países de ese Tercer Mundo y por su importante contribución a la estabilidad internacional y a la causa de la paz.

La India desempeña un sobresaliente papel, como país dirigente de este grupo. Permítaseme, señor Presidente, rendir en este momento nuestro homenaje de admiración a la figura de Jawaharlal Nehru, forjador con Gandhi de la India moderna, cuya doctrina nos merece el mayor respeto.

Pero si la descolonización, la defensa de los derechos humanos, el desarme y la distensión constituyen algunos de los elementos imprescindibles de la paz, ésta no puede consolidarse sin una amplia cooperación internacional, conclusión lógica de la propia naturaleza de la comunidad de naciones y de la interdependencia que caracteriza al mundo de hoy.

En efecto, sólo si se vencen las tentaciones del aislacionismo y del egoísmo, lográndose resultados positivos en los esfuerzos para la reestructuración del sistema económico mundial y en el diálogo norte-sur, sólo si, en suma, los recursos de la tierra son justamente compartidos, serán sólidos los fundamentos de la paz.

Durante estos días de nuestra estancia entre vosotros vamos a ver con nuestros propios ojos los resultados del ingente esfuerzo que realiza la India en su lucha por el progreso socioeconómico y el bienestar de su pueblo.

Habéis logrado ya éxitos importantes en la autosuficiencia alimentaria y son bien conocidos los avances espectaculares de la India moderna en el campo de la industria, la ciencia y la tecnología.

De nuevo, la gran tradición espiritual de vuestra nación jugará aquí un importante papel como garantía de que el progreso técnico no generará tendencias deshumanizadoras en la sociedad india.

España, que por su nivel intermedio de desarrollo conoce bien las dificultades y los sacrificios que tal esfuerzo lleva consigo, desea a la India la feliz culminación de esta etapa y le ofrece incondicionalmente su experiencia y su cooperación en el marco de las relaciones bilaterales entre nuestros dos países.

Asimismo, la capacidad artística de nuestros pueblos, su sensibilidad y dinamismo, disponen aquí de un campo de acción común que puede dar también espléndidos frutos en el plano tan sugestivo de la cooperación cultural.

Deseo ahora, señor Presidente, expresaros en nombre de la Reina y en el mío propio y a todos los miembros de la delegación que me acompañan, nuestro más sincero agradecimiento por la generosa hospitalidad con que nos habéis distinguido.

Excelencia, señoras y señores, les invito a que levantemos nuestras copas para brindar por la prosperidad y grandeza de la India, por la amistad entre nuestros pueblos y por la ventura personal del Presidente Reddy y de la señora Reddy.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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