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Palabras de Su Majestad el Rey a los participantes en la VI Conferencia de Tribunales Constitucionales Europeos

Madrid, 23.10.1984

M

e es muy grato, en tanto que Rey constitucional de España constituida en un Estado social y democrático de derecho-, inaugurar esta Conferencia de Tribunales Constitucionales, que tan importantes resultados ha obtenido en las Conferencias anteriores.

Para mí es un honor encontrarme en presencia de tan eminentes juristas europeos que a su saber científico han unido la responsabilidad de afirmar la primacía de la Constitución como norma de normas que rige la vida del Estado, primacía sin la cual es imposible la existencia de un orden político y social cierto y sólido.

De antiguo se ha dicho que la justicia es el fundamento de los reinos y la condición para la paz. Esta hermandad entre ambos términos, entre paz y justicia, es una verdad que trasciende los tiempos y lugares, pero que cada época tiene la tarea de realizar y perfeccionar.

En este orden de cosas, le ha correspondido a nuestro tiempo la tarea de establecer una justicia constitucional a la que el mismo Estado debe someterse, de tal manera que las normas constitucionales adquieran la posibilidad de ser el asiento firme de la vida estatal en medio del dinamismo de las cosas y de las mutaciones de quienes ocupen sus órganos políticos.

De este modo, la justicia constitucional contribuye a cancelar el antiguo antagonismo, muchas veces pensado como irresoluble, entre el Estado y el derecho.

Se ha dicho con razón que, entre los factores unificadores de Europa, uno de ellos y ciertamente de los más importantes ha sido el derecho, que ya en el siglo xii se aprecia en el resurgimiento del derecho romano, destinado a extenderse en mayor o menor medida a todos los países europeos y que cumplía la doble función de constituir un conjunto de normas comunes por encima del abigarrado pluralismo político de la Europa de entonces y de introducir criterios racionales de la vida jurídica, pues no en vano se le llamaba ratio scripta.

Desde entonces, la función unificadora del derecho ha sido permanente.

No voy a describir ahora su desarrollo; pero, aun saltando etapas, deseo llamar la atención sobre el hecho de que tal presencia unificadora se enriquece desde comienzos del siglo xix al extenderse a las grandes líneas del derecho constitucional.

Estas grandes líneas fueron pronto reconocidas por todos los países y se tradujeron, con distintas modalidades, en el establecimiento de jurisdicciones constitucionales tan dignamente representadas aquí por vosotros.

Constituye para mí una verdadera satisfacción que la reunión de la VI Conferencia de Tribunales Constitucionales tenga lugar el mismo año que celebramos en España el VII Centenario de la muerte del Rey Don Alfonso X, El Sabio, que tanto contribuyó al progreso de las distintas ramas del saber y que llevó a cabo una sistemática obra jurídica, sin parangón en su tiempo, pues durante siglos fue derecho vigente en España y América.

En la certeza de que vuestras reflexiones en torno al tema que os ha congregado seguirán la brillante línea de las anteriores reuniones, me complace declarar inaugurada la VI Conferencia de Tribunales Constitucionales Europeos.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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