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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida en honor de Su Majestad la Reina Beatriz de los Países Bajos

Palacio Real de Madrid, 08.10.1985

M

ajestad, es para la Reina y para mí una gran satisfacción recibir a Vuestra Majestad y a su Alteza Real el Príncipe Klaus en esta vuestra primera visita de Estado a España.

Todavía están vivos los gratísimos recuerdos de nuestro viaje a los País Bajos en marzo de 1980, cuando tuvimos la ocasión de disfrutar de la incomparable hospitalidad de vuestra madre la Princesa Juliana, de toda vuestra Familia y del Gobierno y pueblo holandeses.

Señalaba entonces en mis palabras, en el Palacio Real de Amsterdam, la importante serie de identidades y contradicciones en las andaduras históricas de nuestros dos países.

Dije entonces que «si en Europa existen dos pueblos que, a la voluntad de preservar su propia identidad y el orgullo de su personalidad diferencial, unen una conciencia viva de pertenecer a un conjunto supranacional, esos dos pueblos son el español y el holandés». Este hecho se refuerza hoy ante el acceso de España a la Comunidad Europea, que va a coincidir felizmente con el momento en que vuestro país asuma la presidencia del Consejo de la Comunidad.

España, que recobra ahora formalmente la plenitud política, económica y jurídica de su permanente ser europeo, se ve nuevamente vinculada a los Países Bajos. Esta relación toma hoy la forma de una decisión común, libre, democrática y voluntariamente adoptada por sus dos pueblos y gobiernos, así como por los del resto de los países que forman la Comunidad.

La Comunidad Europea representa, no sólo altas cotas de progreso y desarrollo económico, político y social, sino también la expresión de un conjunto de países que se agrupan, por encima de todo, en la defensa y potenciación de la libertad, concepto sobre el que se basa nuestro presente y nuestro proyecto histórico de futuro.

España y Holanda cuentan además con una proyección transoceánica que -en nuestro caso- nos une especialmente a los pueblos hermanos de Iberoamérica, ante cuyos problemas e inquietudes manifestamos siempre una sensibilidad y un interés muy especiales. Las ya próximas celebraciones del V Centenario del descubrimiento deben ser ocasión para fomentar las relaciones de toda índole entre Europa y América, empeño al que España no puede renunciar a aplicar sus mejores esfuerzos.

Nuestros dos países comparten también el mismo interés por la defensa de la paz mediante el diálogo y la distensión. Creemos que la defensa de nuestras libertades y de nuestro progreso exige una colaboración generosa y creciente con las regiones más deprimidas y los pueblos menos afortunados del mundo.

Nuestra cooperación y ayuda no deben ser solamente de carácter económico, con ser ello fundamental, sino que deben incluir todos aquellos aspectos políticos y culturales que ayuden a extender la vigencia del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de los individuos, grupos sociales y pueblos.

De esta forma contribuiremos a la creación de un orden internacional más justo, estable y pacífico, en cumplimiento y desarrollo de una tradicional vocación de nuestros países, hermanados también en la historia como pioneros en la creación y ordenación del derecho de gentes.

Los nombres de Francisco de Vitoria, Hugo de Groot (Hugo Grocio entre nosotros) y Baltasar de Ayala, hijo por cierto de padre español y madre de los Países Bajos, son cita ineludible y exigente referencia de una comunidad de valores enraizados en la cultura y la historia, que hoy queremos proyectar hacia el futuro.

Majestad, nuestros pueblos, con tener la fortuna de hallarse entre aquellos dotados de ordenamientos políticos y económicos avanzados, no deben darse por satisfechos, porque el progreso y la libertad nunca se conquistan definitivamente y porque la cooperación con los menos afortunados es un imperativo ético y político que surge de nuestra historia.

Pensamos que esta tarea, que es un desafío para las generaciones actuales y para las venideras, será más fructífera y eficaz en cuanto que sea común y compartida, y en ello ponemos nuestra ilusión y nuestras mejores esperanzas.

Para ello contamos con la firme decisión de nuestros pueblos de mantenerse unidos en torno a los valores comunes que informan nuestros sistemas constitucionales y las instituciones europeas.

Con ello contraemos la responsabilidad de ayudar a los jóvenes, que formarán el mundo del siglo xxi, a atravesar esta época de crisis sin caer en la desilusión y en la desesperanza; a afianzarles en la conciencia de que su esfuerzo es el factor indispensable sobre el que se asienta el futuro.

Asimismo confiamos, señora, en que esta visita a España os permita comprobar el sincero y profundo afecto del pueblo español por los Países Bajos, de la misma forma que la Reina y yo pudimos apreciar el de vuestro pueblo por España. También pudimos admirar la belleza de vuestra tierra y el resultado incomparable del esfuerzo de sus gentes -generación tras generación- para dominar la naturaleza en una obra que hace de Holanda ejemplo de ingenio y progreso técnico difícil de igualar.

Este ingenio se ha combinado siempre con vuestra maestría extraordinaria en todas las manifestaciones culturales y muy especialmente en vuestra pintura, admirada estos días en Madrid con la visita de Vuestra Majestad.

Majestad, la Reina y yo deseamos a Vuestra Majestad y a su Alteza Real el Príncipe Klaus una grata estancia en España y hacemos votos por la ventura personal de Vuestra Majestad y de Su Alteza Real y por la prosperidad y el bienestar del noble pueblo de los Países Bajos.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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