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Palabras de Su Majestad el Rey a la Reina Margarita II de Dinamarca y al pueblo danés

Madrid, 24.10.1983

S

eñora, hace tres años fuimos objeto la Reina y yo de una cálida acogida en Dinamarca. El imborrable recuerdo de nuestra estancia en aquel admirable país, hace aún más grata esta primera visita de Estado a España de Vuestra Majestad y de S.A.R. el Príncipe Enrique, pues nos brinda la oportunidad de intentar corresponder a las muchas atenciones recibidas entonces.

Hace tres años la imagen de España que llevamos a Copenhague era la de una nación ilusionada con su reciente reencuentro con la libertad y la democracia.

La España que os recibe hoy es una España que ha madurado intensamente en poco tiempo, después de salvar escollos difíciles y de impulsar nuevos proyectos.

A la ilusión inicial ha venido a sumarse la confianza en nuestro nuevo marco institucional.

Señora, España y Dinamarca son expresiones de una misma realidad, la europea.

Una realidad que está esencialmente unida a la defensa de unos valores basados en el respeto de las libertades individuales y en el reconocimiento del pluralismo de todo orden. Unos valores que son precisamente los que dan sentido a la palabra «Europa» y los que, por otra parte, inspiran el sistema político y social instaurado en nuestro país.

Por ello, España, con el mismo entusiasmo con el que ha ordenado en paz y libertad su convivencia, quiere participar sincera y solidariamente en la tarea de construir una Europa mejor.

El camino que ha llevado a la conformación actual de lo europeo, todavía en trance de evolución y perfeccionamiento, ha sido largo y difícil, pero mucho es lo que se ha avanzado. Y no podemos olvidar que España y Dinamarca, a lo largo de su historia, han tenido una participación destacada en ese proceso.

En los albores de la formación de la idea de Europa al impulso carolingio, nuestros países son marcas del imperio. En la marca hispánica se concentrará el máximo esfuerzo de contención de la oleada islámica y se inicia la Reconquista. No mucho tiempo después, en Dinamarca, al conjuro del Danneborg, la bandera legendaria, se inicia la obra de cristianización del mundo escandinavo.

El impulso adquirido en la lucha llevará a ambos pueblos, al danés y al español, a culminar grandes empresas.

España se proyecta no sólo en Europa sino también en el nuevo mundo con el gran empeño del descubrimiento.

Por su lado, Dinamarca asienta un gran centro de poder escandinavo con la Unión de Kalmar, lograda bajo la enérgica y prudente dirección de una Reina de la que Vuestra Majestad lleva el nombre, y participa en la expansión de Europa hacia el mundo, gracias a su ya contrastada vocación marinera.

Son estos hitos de especial trascendencia en la historia del viejo continente, pues proyectan su civilización hacia el resto del mundo, enriqueciéndole al tiempo que se enriquece a sí mismo.

Hoy, Dinamarca es parte integrante y activa de las Comunidades Europeas, a las que mi país quiere también adherirse.

Sabemos bien que el proceso de adhesión no es fácil, pero España confía en que todos los países miembros comprendan la importancia de no perder esta oportunidad histórica de incorporar España a Europa, que en verdad no puede entenderse plenamente sin ella.

Es necesario que todos conservemos la amplitud de miras que nos permita distinguir entre intereses legítimos, pero de alcance limitado, y el objetivo común del fortalecimiento de Europa.

Por ello, permitidme, Señora, aprovechar esta ocasión para expresaros en nombre del pueblo español nuestra gratitud por las posturas en todo momento favorables a España que Dinamarca ha mantenido en las instancias comunitarias, y que son demostración de la amistad que nos une.

Una amistad que hunde sus raíces en nuestra historia y en el interés que nuestros países han sentido siempre el uno por el otro.

Ya desde el siglo xvi, cuando el escritor español Carlos Rodríguez enseñaba en la Academia de Sor_, se ha sentido siempre en vuestro país un gran aprecio por la lengua española, que hoy muchos estudiantes aprenden en Dinamarca y practican durante sus vacaciones en nuestra tierra.

El interés español por lo danés tiene también una gran tradición, que arranca quizá desde el momento de la llegada de los primeros navíos daneses a nuestra costa en el siglo ix, y que nunca ha decaído. Baste recordar a nuestro Miguel de Unamuno, quien aprendió danés para poder leer a Kierkegaard en su idioma, o las recientes publicaciones en España de traducciones de poetas daneses de nuestro siglo.

A esta manifestación de agradecimiento y de nuestro común interés, quisiera unir el reconocimiento de los muchos motivos de admiración que nos inspira el pueblo danés.

Porque ha sabido crear un sistema altamente desarrollado de convivencia política y bienestar social.

Porque ha acertado a adaptarse a las circunstancias y movilizar sus recursos humanos y materiales para conquistar un lugar de privilegio en el intercambio mundial, gracias a su especialización en tecnologías de punta industriales y agrarias.

Porque, a escala mundial, ha sido capaz de canalizar importantes recursos en favor de los países más necesitados.

Son muchos, ciertamente, los aspectos en que la trayectoria reciente del pueblo danés ofrece estímulos y ejemplos útiles para las demás naciones, sobre todo cuando están, como la España actual, en un acelerado proceso de transformación.

Señora, esta visita que hoy iniciáis a nuestro país puede servir para dar un decisivo impulso a nuestras relaciones, que parten ya de unas sólidas bases y del creciente cariño existente entre nuestros pueblos. Unas relaciones que tienen ante sí un futuro común en una Europa unida, donde florezcan la libertad, la paz y el progreso.

Al desearos una feliz estancia entre nosotros, levanto mi copa por la prosperidad del pueblo danés, por el acierto de su gobierno y por la ventura personal de Vuestra Majestad y S.A.R. el Príncipe Enrique.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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