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Palabras de Su Majestad el Rey al Ayuntamiento de Salamanca y a los salmantinos

Salamanca, 04.04.1984

S

alamantinos, desde el orbe de europeidad y universalismo que representa Salamanca, quiero señalar la especial significación de este viaje que por la Castilla profunda realizamos la Reina y yo durante estas jornadas.

Estar con vosotros, en el ámbito templado por el espíritu unificador de la cultura, es muy grato. Nuestra tardanza en acudir a esta cita salmantina no hace más que aumentar la emoción de un encuentro esperado.

Venimos, por qué no decirlo, a aprender. Porque si esa es la condición que más enaltece a las personas, también es un mérito el saber dónde, por qué y para qué se aprende. Salamanca da cumplida respuesta a esas preguntas.

Estamos en un momento de nuestra vida histórica de excepcional importancia. Los problemas y los sucesos dramáticos hacen acto de presencia y parecen golpear con fuerza nuestra voluntad como pueblo.

Yo me pregunto, con vosotros, si es que se quiere, con la insistencia de los acontecimientos doblegar una decisión irrevocable: la de establecer para siempre una convivencia armónica, en libertad, entre todos los españoles.

Es posible también que se desee debilitar otro propósito de ancha idealidad española: el diálogo con Europa y el mundo en los umbrales de un nuevo siglo.

Salamanca es un vivo baluarte de la España medular -la que mira a la historia y la hace en un universo sin fronteras- para afirmar la oportunidad de esos propósitos nacionales de convivencia y diálogo, como imperativos de conducta colectiva.

No vamos a renunciar a ellos, salmantinos, a pesar de las dificultades, cualesquiera que sean. Esa lección la hemos aprendido a lo largo de estos años con dureza pero también con esperanza.Forma parte ya de nuestra identidad de futuro.

Diálogo, fortaleza, esperanza se nos aparecen como valores de nuestro tiempo capaces de hacer una nación habitable y digna para las nuevas generaciones. No, no vamos a renunciar a ese gran objetivo. Estad conmigo seguros de ello.

Si aquí, en este hogar salmantino, en el que la inteligencia se afina en la reflexión y el alma en la serenidad, se dieron los grandes pasos de la defensa de la cultura occidental, y se hizo viable en un convento la iniciativa del descubrimiento de América, ¿cómo no entender que España no va nunca, y ahora menos, a disminuir sus sueños de progreso, de libertad, de paz?

Quizá si algunos de los que dudan de nuestros propósitos en Europa, se acercaran a Salamanca, aprenderían realmente la extraordinaria firmeza colectiva que encierra esa aspiración nacional.

Al estar con vosotros, en esta ciudad templo, en la que se han dictado fueros ejemplares y se codificó la lengua castellana, surge al calor de este encuentro una reflexión sobre la España de hoy en la que deseo insistir:

- La identidad de nuestra patria no es negociable. Nuestra identidad nacional no es discutible. Nuestro proyecto de vida histórica en libertad, es un signo preciso de que asumimos las responsabilidades del pasado y del futuro.

- Nuestra presente organización territorial del Estado, desde el respeto a las necesidades de cada comunidad, no tendría sentido si no fuera en ese arco superior de valores que configura el devenir de nuestra patria que aquí, en Salamanca, cobra luces esclarecedoras.Sintámonos unidos, estrechamente, en la comprensión de nuestro ser común, templado en la lucha de siglos, creador de cultura, de sueños, de espacios universales de convivencia.Desde esta Salamanca con juventud de siglos vemos reforzada esa vitalidad española que superará todos los problemas de cada día.

Al agradecer las palabras de vuestra primera autoridad, la Reina y yo nos alineamos con esos proyectos de desarrollo que prueban vuestro dinamismo y el permanente crecimiento de esta capital que ha de asegurarse con realizaciones de todo orden.

Salamanca ha de configurarse en su desarrollo como una palanca elevadora de Castilla, capaz de crear trabajo, riqueza, libertad para todos sus habitantes.No cejad en vuestros propósitos, en cualquier circunstancia y sean cuales fueran las exigencias de los tiempos.

Yo estoy seguro de que, al constituir una lección viva de ciudadanía, de diálogo y convivencia, haréis siempre que me sienta muy honrado al ostentar el título de Alcalde honorario y vitalicio de esta ciudad, por el que os expreso mi profundo agradecimiento.

¡Viva Salamanca!

¡Viva España!

Itzuli Hitzaldiak atalera
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