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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Perú Alberto Fujimori y al pueblo peruano

Madrid, 22.10.1991

S

eñor Presidente, señora de Fujimori, señoras y señores, quiero que mis primeras palabras sirvan para transmitirles mi más afectuosa bienvenida a España. La Reina y yo nos sentimos sumamente complacidos en reanudar ahora la grata relación personal que iniciamos hace pocos meses. Deseo también hacerles llegar el cordial saludo del pueblo español, que se siente honrado al recibir en visita de Estado al Presidente del Perú.

Un gran peruano escribió al acercarse a España: «Vislumbro los horizontes españoles poseído de no se qué emoción inédita y entrañable voy a mi tierra, sin duda, vuelvo a mi América hispana reencarnada, por el amor del verbo que salva las distancias, en el suelo castellano».

Esas gratificantes palabras de César Vallejo que subrayan la persistencia de los profundos sentimientos que unen a nuestros pueblos y que son inexcusable consecuencia de una larga historia y de una cultura compartida, podrían ser intercambiables para describir los sentimientos de España hacia Perú.

Su país atrajo a los españoles por muchas generaciones, desde que encontraron en aquellas lejanas tierras, hace ya casi quinientos años, las soberbias manifestaciones de culturas milenarias incorporadas en la organización política incaica.

La Reina y yo pudimos contemplar durante nuestro viaje a Perú los admirables logros de los tres milenios de historia que precedieron a la llegada de aquellos españoles que son comunes antepasados.

Se inició entonces un largo y complejo proceso de simbiosis ente dos viejas culturas, cuyas expresiones artísticas conviven en el Perú de nuestros días como símbolo de ese otro encuentro, el habido entre hombres y mujeres de una y otra ribera del Atlántico que mezclaron su sangre para alumbrar una nueva sociedad, que tiene en el mestizaje su fruto más trascendente.

Nadie expresó el orgullo de esta nueva raza como el inca Garcilaso. Vale la pena recordar el hermoso texto escrito en tierras andaluzas de Montilla, con la añoranza del Cuzco de su infancia: «A los hijos de español e india, o de indio y española nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones. Fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en Indias, y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación, me lo llamo yo a boca llena y me honro con él.»

La belleza de la expresión subraya ese elemento esencial de nuestra cultura, esa «sangre del espíritu» que es la lengua castellana que une a nuestra comunidad de naciones en uno y otro continente. Afortunadamente, también subsisten vigorosas, en España y en América, otras lenguas y culturas que son patrimonio de nuestra rica historia y que debemos, por eso, proteger y fomentar para hacer posible una armónica y enriquecedora convivencia.

Además de la lengua castellana compartimos, señor Presidente, una herencia monumental de la que somos solidariamente responsables. Lima y Cuzco -esa capital de las dos culturas- Cajamarca y Arequipa, Ayacucho y Trujillo, las grandes capitales de la costa, los entrañables pueblos de la sierra y de la selva peruana proclaman la amalgama de nuestras historias, pero también aceptamos la responsabilidad que nos pertenece a todos para que la conservación de la Amazonia sea compatible con el necesario desarrollo de las poblaciones de su cuenca.

Tanta historia común, tantas afinidades, nos hacen seguir con profundo interés la difícil situación del Perú y conocer los decididos esfuerzos de su gobierno para hacer frente a tan complejas circunstancias.

Sabemos que su administración tiene que hacer vencer muy difíciles adversidades pero que, en poco más de un año, ha conseguido muy estimables y alentadores resultados.Por otra parte, nos complace constatar que compartimos la profunda convicción de que todos los problemas pueden y deben ser resueltos dentro de la reglas de la democracia, con un profundo sentido de la justicia social y un escrupuloso respeto a esas normas superiores de convivencia que hemos dado en llamar derechos humanos.

Quisiera animarle, señor Presidente, para proseguir en el empeño. Queremos ser solidarios con su pueblo. Nos consta que muchos peruanos se ven seriamente afectados por las inevitables consecuencias de un estricto programa de recuperación económica. Pero tenemos la experiencia de que el esfuerzo se verá recompensado.

Nos sobrecoge la barbarie de la violencia terrorista que afecta, sobre todo, a los más humildes y a quienes más se comprometen con su causa, añadiendo dolor al sufrido pueblo del Perú y quebranto a su frágil economía.

Seguimos con inquietud el preocupante y complejo problema del narcotráfico. Ante éstos y otros problemas acuciantes, el pueblo español, a través de sus representantes, actúa de manera individual y en los foros internacionales para aportar la colaboración solidaria.Señor Presidente, con ocasión de esta visita, hemos retomado el camino que debe renovar el más estrecho entendimiento entre Perú y España. Se ha perfilado el ambicioso programa que regirá la cooperación entre nuestros países durante los próximos años y, sobre todo, se han convenido las líneas maestras que definirán nuestras relaciones.

Este relanzamiento de nuestras relaciones institucionales se enmarca en otro proceso no menos importante. Hace apenas tres meses iniciamos en México, en Guadalajara, un proyecto de largo aliento en el que tenemos puestas esperanzas y energías. Volveremos a reunirnos en España el año que viene que es pródigo en conmemoraciones.

El V Centenario de nuestro primer encuentro y el Centenario de César Vallejo serán ocasión propicia, cuando se cumplan en 1992, para que sopesemos el camino andado en la construcción de esa comunidad iberoamericana que debe ser capaz de promover un mejor entendimiento entre nuestras naciones, que tiene que aspirar a identificarse y ser asumida como una fuerza articulada y dinámica, en provecho de la mejor convivencia mundial y ser, en fin, un estímulo adicional para el proceso integrador de las Repúblicas de América.

Dentro de esta comunidad iberoamericana, nuestros respectivos países, al igual que el resto de las naciones que la integran, han asumido, por el hecho de su pertenencia, la responsabilidad de complementarla, contribuyendo España desde Europa y Perú desde América a que europeos y americanos actuemos de manera más concertada ante el nuevo orden mundial que se está ganando.

Con estos sentimientos, y reiterando la fraternal bienvenida a España, invito a todos nuestros comensales a brindar por la prosperidad del querido pueblo peruano y por la ventura personal de Vuestras Excelencias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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