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Palabras de Su Majestad el Rey a la Comunidad de Canarias al recibir la Medalla de Oro de la Autonomía

Las Palmas de Gran Canaria, 21.05.1986

M

uchas gracias, señor Presidente, por esta primera Medalla de Canarias que me entregáis y que representa para mí la expresión de vuestro afecto.

Afecto que considero como una correspondencia leal y sincera del que la Reina y yo -y de manera profunda y permanente la Corona- sentimos por todo el pueblo canario, por esta tierra, por cada una de las familias que la habitan, por cada uno de vosotros.

Quisiera que esta estancia de unos días, que hemos iniciado ilusionadamente, sirviera para estrechar, aún más si cabe, los lazos que nos unen y para incrementar -también si fuera posible- nuestra admiración por la belleza de vuestro suelo, por vuestra hidalguía, por el espíritu de universalidad y juventud que brota de estas islas.

Se dice que aquí quedaron fijados los límites del mundo clásico y que entre vosotros soñaban con descansar los héroes, porque esta comunidad española propicia la cortesía y la conciencia de eternidad.

No dudo de que esta leyenda es cierta. Con vuestro trabajo y voluntad estoy seguro de que la estáis siempre convirtiendo en realidad y construyendo día a día un futuro cada vez mejor.

Como estamos en el prólogo de la gran efeméride que ha de conmemorar el descubrimiento, cita de claros compromisos mundiales, quiero recordar que nuestro gran Almirante se detenía aquí en cada singladura hacia el nuevo mundo. Su propósito estaba basado en un gran sentido de las propias necesidades estratégicas. Aquí acrecía sus sueños, recogía los depósitos de energía espiritual necesarios y partía llevando en la imago mundi que imaginaba, el rostro de nuestra patria, para modelarlo en las tierras nuevas y en las aguas de los mares desconocidos.

Permitidme deciros que hoy no hay otra singladura posible si no renovamos, con diálogo y entendimiento, toda nuestra fuerza como nación que desea marchar hacia adelante.

Nuestra bipolaridad milenaria, la de Europa y la de América, está presente en el vértice de este solar.

Aquí comenzó Europa su andadura americana. Aquí comienza América, en los tiempos que nos conducen a un nuevo siglo, su diálogo europeo.

Este imprescindible abrazo entre continentes, sin el cual es difícil hablar de paz multinacional, se tensa y corona en esta tierra española en la que os sentís orgullosos de vivir y nosotros de estar, aunque sea temporalmente.

Habrán de tener los cánones un puesto de vanguardia en la construcción de la paz y de la libertad, luchando con decisión y esperanza, cualesquiera que sean los problemas que compartimos.

Esos problemas, como ha señalado vuestro Presidente, son sin duda importantes y complejos. Constituyen una consecuencia del reajuste general de los intereses nacionales que todos tenemos que defender de forma solidaria. Y es verdad que algunos recaen especialmente sobre esta tierra que siempre ha sido ejemplo de progreso y de voluntad.

Por eso necesitamos tesón, capacidad de diálogo, prudencia y generosidad para no radicalizarnos en posturas infecundas que nos arrastrarían al desaliento.

Yo pido a todos los canarios, cualquiera que sea su condición, la misión que desempeñen o las circunstancias en que se encuentren, que escuchen, como siempre, los íntimos latidos de su patriotismo. Y que trabajen cada día, cada hora por la defensa de su bienestar, sin desmayo y con sentido del respeto mutuo.

Estad seguros en estas problemáticas coyunturas, y en todo cuanto nos concierne como españoles, de la comprensión y el apoyo de la Corona.Una y otra vez, contad con nosotros, con la Reina y conmigo, porque estamos orgullosos de sentirnos partícipes de vuestras inquietudes.

Esa es también la exigencia, señor Presidente, querido pueblo de Canarias, que siento al recibir esta primera Medalla de Oro de vuestra Autonomía.

La recibo con orgullo y la serviré sin desmayo.

Os doy las gracias por ella y por el recibimiento que, una vez más, hará inolvidable nuestra estancia en Canarias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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