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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Bolivia Víctor Paz Estenssoro y al pueblo boliviano

Bolivia(La Paz), 21.05.1987

S

eñor Presidente, agradezco vivamente vuestras cálidas palabras de bienvenida y de afecto hacia España, a la que tengo el alto honor de representar. Y quiero manifestaros la profunda satisfacción que sentimos la Reina y yo, por la posibilidad que se nos brinda de visitar este país, que tanto ha significado históricamente para España y para América y tanto significa actualmente en el conjunto de naciones iberoamericanas.

Con este viaje, se cumple un deseo ya expresado hace muchos años que, por diversas circunstancias, no nos había sido posible realizar hasta ahora.

Vamos a tener, además, la oportunidad de conocer este hermoso país junto a su Presidente constitucional, que ha tenido un papel relevante en tantos aspectos de la historia contemporánea boliviana.

Señor Presidente, durante largos años habéis vivido, en vuestra propia biografía, gran parte de los avatares de la historia reciente de vuestro país, manteniendo siempre, inquebrantable, vuestra fe en los principios de la democracia.

El mantenimiento de esta actitud política, que no ha podido evitaros momentos difíciles, os llenará hoy, sin embargo, de satisfacción al ver cumplido el ideal del pueblo boliviano de ver asentado en su país un sistema democrático.

El restablecimiento de la democracia en esta gran nación, ha coincidido, como en otros países, con una época de crisis económica y financiera muy aguda, lo que constituye un peligro para la estabilidad del propio sistema.

Junto a las decisiones económicas de vuestro Gobierno, quiero destacar el esfuerzo, la voluntad y el sacrificio de todos los bolivianos para no dejarse vencer por las dificultades. De este modo, Bolivia está haciendo posible el funcionamiento de la democracia, a pesar de los inmensos obstáculos que encuentra en su camino, primero de transición pacífica y, ahora, de consolidación de un régimen de libertades.

España, que ha vivido un proceso similar, es plenamente consciente de su dificultad y de la magnitud del empeño, pero la voluntad de nuestros pueblos asegura la reafirmación de las prácticas democráticas y de los ideales de justicia, libertad y paz.

Especial relevancia adquiere, en este contexto de crisis, el problema de la deuda exterior, particularmente grave para Bolivia. Mi país, al que preocupa hondamente la agobiante servidumbre de la deuda para tantos países hermanos, está decidido a prestar su concurso para llegar a soluciones justas mediante el diálogo entre acreedores y deudores. En la búsqueda de esas soluciones, no hay que olvidar que, junto al debido respeto a los compromisos adquiridos, es preciso considerar también las capacidades reales de cada nación y asegurar la disponibilidad de los recursos necesarios para mantener un nivel de desarrollo que garantice el futuro de los países deudores.

Señor Presidente, la única esperanza que tenemos para vencer las dificultades de estos tiempos que vivimos, pasa por el refuerzo constante de la solidaridad, tanto en el ámbito interno de nuestros propios países, como en el nivel amplio de la comunidad iberoamericana y en el marco de la sociedad internacional.

Entre españoles y americanos y, en este caso, entre españoles y bolivianos, esta solidaridad se ve favorecida por el hecho de estar espiritualmente más próximos, de tener una cultura compartida y muchos ideales en común.

En un mundo como el presente, en el que las distancias geográficas separan y atan poco, es cada vez más necesario que adquiramos conciencia de esos ideales y de ese patrimonio común.

La relación especial que España tiene con América no debe, sin embargo, limitarse a una visión retrospectiva, sino que debe proyectarse hacia el futuro, en aquellas cuestiones que nos interesan vitalmente a todos.

En este sentido, España, desde el mismo momento de su ingreso en las Comunidades Europeas, se ha comprometido a llevar a cabo los esfuerzos necesarios para que las relaciones entre la Europa comunitaria y los países iberoamericanos se sitúen en el nivel que corresponde a naciones que comparten los mismos ideales políticos y sociales.

Otra circunstancia propiciatoria para el acercamiento entre iberoamericanos y españoles se presentará con ocasión de la conmemoración del V Centenario del descubrimiento, encuentro entre dos mundos, que vamos a rememorar con proyectos y realidades que redundarán en beneficio de todos nuestros pueblos, en las generaciones venideras.

La historia de España y de los países iberoamericanos ha madurado lo suficiente como para que nuestra relación produzca frutos positivos y concretos.

Desde hace ya algunos años, el deseo de un mayor acercamiento entre nosotros trata de hacerse realidad por intermedio de la cooperación económica y técnica que España presta crecientemente a las naciones hermanas de Iberoamérica, con la sola limitación de sus posibilidades. El terreno común de entendimiento entre españoles y americanos permite, además, que la cooperación fructifique con mayor facilidad y en menor tiempo. Es una cooperación que habla el mismo idioma, comparte los mismos ideales y nos ayuda a conocernos mejor.

Señor Presidente, como vuestra excelencia sabe, son múltiples los ámbitos de nuestra cooperación con Bolivia. Contamos desde mayo de 1986 con un valioso instrumento: el Acuerdo para el Desarrollo de un Plan de Cooperación Integral con Bolivia, impulsado desde España por el Instituto de Cooperación Iberoamericana, que cuenta en Bolivia con excelentes interlocutores, y en el que tenemos depositadas nuestras mejores esperanzas de futuro. En este marco se inscribe el importante proyecto de hacer de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra el centro de irradiación de la cooperación española a los países andinos.

La cooperación pretende asimismo una meta más ambiciosa: que seamos también una comunidad en los planos tecnológico, científico e industrial. Podemos avanzar juntos hacia el futuro, ya que somos espiritual y culturalmente próximos y, al mismo tiempo, perfectamente diferenciados en nuestras respectivas identidades nacionales. Esto nos permite, como requiere el actual momento histórico, conservar nuestra singularidad y, a la par, sumar nuestros esfuerzos ante aquellos desafíos que nos son comunes y para los que la decisión aislada no es suficiente.

El mundo de finales del siglo XX no puede constituirse sin contar con nuestra comunidad de naciones. De nuestra capacidad para reforzar vínculos y para estimular la solidaridad depende el que nuestros esfuerzos sean valiosos y decisivos para la paz y la justicia internacionales.

Señor Presidente, he querido reflexionar esta noche sobre lo que es una decisión firme de nuestros pueblos, es decir, que frente a todas las crisis y amenazas es preciso conservar en sus manos el destino de su propia soberanía democrática recobrada, así como progresar para colocar a nuestras sociedades en más altos niveles de cultura y bienestar.

Me he referido también con convicción a la necesidad espiritual y material de reforzar las relaciones y los vínculos, tanto de españoles y bolivianos entre sí como de cada uno de ellos con los demás miembros de la comunidad iberoamericana de naciones.

Con firme esperanza en nuestro destino solidario y agradeciendo de nuevo, en mi nombre y en el de la Reina, vuestra generosa hospitalidad, permitidme, señor Presidente, que levante mi copa para brindar por vuestra persona y la de vuestra distinguida esposa, por el éxito de vuestras tareas de gobierno y por el pueblo hermano de Bolivia.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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