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Palabras de Su Majestad el Rey a la Asamblea Nacional de Nicaragua

Nicaragua(Managua), 19.04.1991

S

eñor Presidente de la Asamblea Nacional de Nicaragua, señoras y señores diputados, constituye para la Reina y para mí un gran honor acudir a la sede de esta Asamblea Nacional y poder dirigirme a ustedes con la sinceridad y con el afecto que España siente hacia este noble país hermano.

Los comicios del pasado año mostraron la culminación de un proceso único en la historia nicaragüense, plasmado en una triple dimensión: la grandeza de una revolución, el coraje de la convocatoria de unas elecciones legislativas, presidenciales y municipales impecablemente celebradas, y la dignidad de la aceptación de sus resultados como libre expresión de la voluntad popular.

Ustedes, señoras y señores diputados, son los depositarios de la confianza de los ciudadanos y llevan, por tanto, la honrosa responsabilidad de ser los mandatarios populares de Nicaragua en esta fase crucial de su historia. Estoy seguro de que darán lo mejor de sí mismos, y estoy también convencido de que, con patriotismo y sentido de responsabilidad histórica, avanzarán en el objetivo de lograr la reconstrucción de Nicaragua.

Señor Presidente, la Corona, mi gobierno y el pueblo español hemos seguido con respeto y atención los pasos que han venido dando la Presidenta doña Violeta Barrios de Chamorro y su gobierno, junto con las fuerzas políticas con representación parlamentaria, para lograr una verdadera reconciliación nacional enmarcada en un escenario político en que todos tengan cabida y en el que las diversas opciones contrasten pacíficamente sus pareceres.

Esta Asamblea, sede y símbolo de la soberanía nacional, es un marco en el que las posiciones contradictorias no se anulan entre sí, sino que constituyen una muestra más de la diversidad de posiciones que representan el cauce de la voluntad popular, conforman su papel impulsor del progreso y constituyen ejemplo para los ciudadanos del país, desde los centros urbanos del Pacífico hasta las montañas del norte o las costas del Atlántico.

La vitalidad del órgano legislativo puede reforzarse en su trato y relación con otros parlamentos en el mundo. Las razones históricas que nos unen, así como nuestra pertenencia a una comunidad iberoamericana de naciones, obligan a que España no esté ausente de esta relación con esta Asamblea Nacional. Ha habido y continúa hoy una incipiente colaboración entre las Cortes españolas y la Asamblea que ustedes componen, que me parece de gran importancia práctica y política, pues no es sólo la relación entre los gobiernos la que une a los pueblos, sino también la multiplicación de los contactos de los representantes libremente elegidos.

En este contexto, me complace también recordar aquí la colaboración que las Fuerzas Armadas españolas han empezado a prestar al ejército nicaragüense en pleno proceso de transformación.

Sé que la actividad de la Asamblea está siendo intensa y que la labor legislativa que se prevé para el resto del período está también repleta de importantes leyes y disposiciones a tratar. Ustedes, señoras y señores diputados, están construyendo el edificio legislativo, que es tanto como decir el edificio del entendimiento entre los Nicaragüenses, la puesta en marcha de un voluntad común y la delimitación de los acuerdos básicos de la sociedad. Les deseo en esta tarea el mejor de los éxitos, en pro de Nicaragua.

Su país, señoras y señores diputados, atraviesa unos momentos de dificultades y retos verdaderamente grandes, a los cuales el pueblo nicaragüense deberá hacer frente sin arredrarse, con la seguridad de que la construcción de un futuro mejor exige valor, patriotismo y esfuerzos.

Señor Presidente, a ambos lados del Atlántico, el conjunto de países iberoamericanos participamos de unos lazos históricos, de sangre, de cultura, de lengua y de creencias que se convierten en un acervo común, en la semilla generosa de entendimiento y solidaridad entre nuestros pueblos. No en vano, ese gran precursor del iberoamericanismo que fue Rubén Darío ya predijo el establecimiento de una nueva relación entre España y los pueblos de este lado del Atlántico: «Un continente y otro renovando las viejas prosapias. En espíritu unidos, en espíritu y ansias y lenguas ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos.»

En los umbrales del siglo XXI, esas privilegiadas relaciones de nuestros pueblos nos harán ocupar un puesto de honor en el nuevo orden internacional que ya anunciaba Rubén hace casi cien años.

En este sentido, tengamos presente que el mundo que habla español estará compuesto por más de cuatrocientos millones de seres y, consecuentemente, lo hispánico, tanto por su peso democrático y cultural, como por su potencial económico, desempeñará un papel relevante en esa nueva estructura que ya aparece dibujada en el horizonte.

Nos encontramos, por tanto, señor Presidente, en un momento crucial en el que Nicaragua y España, al igual que el resto de miembros de esta comunidad, deben aportar su contribución. La conmemoración el año que viene del encuentro entre España y América, hace quinientos años, será un hito de reflexión para todos nosotros, sobre todo para enriquecer un futuro necesariamente compartido.

Señor Presidente, los últimos quince años han visto en Centroamérica movimientos populares, reajustes institucionales, nuevos esquemas económicos en medio de una extraordinaria ebullición.

Las tensiones desatadas en estos años derivaban, en parte, de situaciones sociales y económicas que se habían quedado anquilosadas en un mundo de técnicas y comunicaciones en creación constante y acelerada.

Por encima de sus conflictos internos, los países centroamericanos han sabido discernir cuál era el norte de su dimensión regional, de su denominador común. Repasando el tiempo transcurrido, el proceso de los acuerdos de Esquipulas aparece aún más certero e iluminado en su sentido último y su caracterización regional. Nicaragua y los otros cuatros países centroamericanos enarbolaron la bandera de la construcción de la paz con justicia, sin olvidar la necesaria profundización en el equilibrio transnacional. España ha seguido la evolución del proceso de Esquipulas con fraternal interés, con la esperanza de quien sabe que se ha emprendido el camino adecuado.

La dinámica abierta hace quince años y encauzada en ese proceso no está concluida, sino que marca metas más elevadas y de mayor alcance regional.

Así, el futuro parlamento centroamericano se dibuja como la institución en donde quede enfocada la integración regional. El Parlamento Europeo ha expresado su convicción de que una institución similar en Centroamérica será un eficaz instrumento de relación, de puesta en común de ideas e intereses políticos y humanos a escala regional. Igualmente, debe constituir un cauce para amainar tensiones y consolidar la paz.

España participa de esa convicción y por tanto ve con gran satisfacción que las ayudas para el establecimiento del parlamento centroamericano constituyen una parte importante de la relación entre la Comunidad Europea y América central.

Señor Presidente, sabemos que Nicaragua está atravesando una situación económica de gran dificultad. Hace pocas semanas, el gobierno anunció un plan que sienta las bases del ajuste que los especialistas creen inaplazable.

Al mismo tiempo, se han iniciado complejas negociaciones con las instituciones financieras internacionales para que éstas provean los necesarios fondos para el normal funcionamiento de la economía. Creemos que las circunstancias nicaragüenses actuales son tan especiales que el tratamiento de los países y las instituciones financieras internacionales debe ser excepcional.

De poco serviría la ayuda de la comunidad internacional, señoras y señores diputados, sin un esfuerzo común y decidido de todas las fuerzas del país en apoyo de la reconstrucción y mejora de la estructura económica. Y, en ese contexto, nada sería mejor ejemplo para el sacrificado pueblo de Nicaragua que ver cómo sus líderes políticos, al igual que los agentes económicos, siguen firmes en el camino de la concertación, iniciado meses atrás, con el decidido objetivo del bien común.

Señor Presidente, señoras y señores diputados, son ustedes, como representantes del pueblo de Nicaragua, los auténticos protagonistas de su historia, pero tengan la convicción de que en su camino hacia la consolidación de la democracia, el triunfo de la convivencia y el desarrollo económico y social de su país, podrán contar siempre con la ayuda de España, que sabrá además hacer valer ante otros interlocutores la imperiosa necesidad de una amplia colaboración con este país hermano y entrañable.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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