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Palabras de Su Majestad el Rey a la comunidad académica al entregar el Premio Cervantes a Carlos Fuentes

Alcalá de Henares, 21.04.1988

L

a advocación de Miguel de Cervantes, el más insigne de nuestros escritores, ilumina este paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, cuajado de historia, en esta nueva jornada en que nos reunimos para hacer entrega del máximo galardón de la literatura en lengua española.

Preciso es señalar que este acto, siempre gozoso y estimulante para la reflexión del mundo de las letras, se ha convertido, además, en una de las más señaladas efemérides de la hispanidad: la comunidad de lengua e ideales que nuestros antepasados difundieron por los cinco continentes y que es nuestro deber salvaguardar y proyectar hacia el futuro.

Tal ha sido, precisamente, uno de los fines del mexicano Carlos Fuentes, el escritor a quien hoy distinguimos y homenajeamos, norte de la obra de Carlos Fuentes, de sus novelas y cuentos, de sus ensayos y artículos periodísticos, es el examen de las gestas y prodigios, de las transformaciones y crisis históricas, de las lacras y desviaciones a que dio lugar el trascendente encuentro que, hace cinco siglos, tuvo lugar entre la cultura española y la cultura indígena americana.

Profundo conocedor de las gentes y parajes de Sudamérica, incansable viajero por las tierras del nuevo y del viejo mundo, Carlos Fuentes se ha convertido en gaviero de la hispánica nave, en vigía de penetrante mirada que anuncia maravillas, pero también que alerta sobre inminentes peligros.

El mundo de las letras ha reconocido que las creaciones de este escritor han sabido captar las palpitantes formas de la existencia hispanoamericana; y que, con innovadora audacia han dado a conocer a todo el mundo el vivero de antiguas tradiciones encarnado en las indómitas energías de la hispanoamérica de hoy.

Pero, Carlos Fuentes ha desempeñado su labor creativa sin soslayar las carencias y las graves servidumbres que aún dominan la vida de sus conciudadanos, sin ocultar las amenazas, las graves amenazas sociales, políticas y económicas que se ciernen sobre las naciones de nuestro mundo hispanoamericano.

El autor de tantas páginas memorables sobre las vicisitudes pasadas y presentes de México, el fabulador que tan humildemente autotitula su obra de Mi pequeña comedia humana mexicana, el visionario autor de Cristóbal Nonato y de tantas otras novelas de dramática factura y poderosa capacidad para desvelar los resortes ocultos de las sociedades hispanoamericanas, se ha ganado nuestra admiración.

El, que ha analizado de manera singular la herencia que España legó a los pobladores americanos autóctonos, que tanto ha escrito para mostrar la contribución de la cultura hispánica a la cultura universal, nos ayuda a meditar y nos incita a actuar, a corregir errores, a avanzar en la consolidación de los ideales democráticos que inspiran la marcha actual de la hispanidad.

A un lustro de distancia de la celebración del V Centenario del descubrimiento, la entrega de este Premio, que nos congratula, es buena ocasión para meditar, como Carlos Fuentes propugna, sobre las exigencias del futuro inmediato. Y una meditación indudablemente oportuna es la que se refiere al papel que la literatura misma debe jugar en la forja de ese venidero mundo hispanoamericano, cuya justicia, solidaridad y grandeza todos soñamos con mejorar.

Un exceso de modestia conduce a muchos a negar o, al menos, a minimizar la influencia de la literatura en el devenir del mundo. Pero, contradiciendo esas opiniones, la literatura sigue inspirando conductas, suscitando valores, suministrando el lenguaje y las imágenes que nos ayudan a identificarnos con los momentos y estilos más elevados de lo humano.

Esa labor configuradora de la literatura es más imprescindible que nunca en la difícil hora de las remodelaciones mentales y estructurales que exige el mundo moderno. Carlos Fuentes ha realizado dicha labor con una maestría que merece el calificativo de «universal», ya que ha conjugado de forma impar el conocimiento de las raíces culturales de su mundo y la exploración del «cambio de piel» que la época solicita.

Una obra literaria, imaginativa y crítica, como la que Carlos Fuentes ha dado a luz en su taller, resulta inestimable para orientarnos en el trance renovador que hoy experimentan nuestras sociedades, y para esclarecer los medios que nos permitirán perfeccionar la convivencia entre nuestras naciones.

Así lo reconocen todos cuantos aquí se han congregado con el galardonado para agradecerle su ejemplar obra de creación y pensamiento. Así lo reconocemos la Reina y yo al hacer entrega del Premio Miguel de Cervantes a Carlos Fuentes por su incitante vocación para narrar el problemático presente e indagar el prometedor destino de nuestros pueblos.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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