Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Jarduerak eta agenda
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey en la cena ofrecida por el Presidente de Chile, Sr. Patricio Aylwin

Santiago de Chile, 17.10.1990

S

eñor Presidente, deseo agradeceros en primer término, en nombre de la Reina y en el mío propio, vuestras calurosas palabras de saludo y bienvenida, así como las generosas muestras de hospitalidad con que hemos sido recibidos desde nuestra llegada. Quiero asimismo dejar constancia de la gran satisfacción que experimentamos por encontrarnos en Chile y, con ello, ver cumplido un deseo larga y fervientemente sentido. Como Neruda llevaba a España, la Reina y yo, al igual que tantos otros españoles, llevamos a Chile en el corazón.

Son muchas las razones que alimentaban nuestro anhelo de venir a vuestro país. Conocer la tierra, percibir el entorno físico y humano que inspiraron la poesía de Gabriela Mistral y Pablo Neruda, eran ya de por sí estímulos muy poderosos para visitar Chile.

Nos atraía, por otra parte, su geografía. Esa geografía singularísima, construida no con los escombros sobrantes del último día de la creación sino, por el contrario, con los materiales primigenios -desiertos, montañas, valles, ríos-, ordenadamente dispuestos para iniciar tan magna obra. Nos atraía la grandeza de vuestra cordillera, escenario de algunos de los más bellos paisajes del mundo, objetivo último de aquellos que siempre aspiran a llegar más alto.

Pero no sólo es bella vuestra cordillera y es pintoresca vuestra geografía. Una y otra son también, por su desmesura, retos permanentes para el hombre chileno. Por más que la naturaleza le sea difícil, el chileno logra resultados. No importan las alturas, las inundaciones, los terremotos. En Chile se construyen y, si hace falta, se reconstruyen ciudades, se sacan frutos de las tierras más inhóspitas, se extraen minerales de los desiertos.

Conocer y admirar a este pueblo que, a base de inteligencia y tesón, es capaz de superar las dificultades de esa naturaleza, a la que ama profundamente, era otro de los motivos que nos impulsaba y nos incitaba a venir a Chile.

También la historia de la presencia española en Chile es singular y particularísima. No fue Chile tierra de riquezas fáciles, sino de arduos esfuerzos. Entre el Pacífico y los Andes, esta lejana tierra fue testigo de la más larga guerra que España haya jamás sostenido, excepción hecha de su propia reconquista. Grandes y nobles adversarios fueron Valdivia y Lautaro, mereciendo por igual el rendido homenaje de Alonso de Ercilla. Sobrada razón tenéis para incluirlos, en pie de igualdad y con el mismo derecho, entre los forjadores de vuestra nacionalidad.

Encontrarse en este valle del Mapocho, umbral de sus hazañas y de sus desencuentros, es algo que impresiona el ánimo y sobrecoge el espíritu.

Señor Presidente, esta visita, tan larga y hondamente anhelada -la primera que hace a Chile un Rey de España-, no pudimos realizarla antes por las circunstancias políticas que concurrían en vuestro país. Por similares razones, un gran Presidente de Chile evitó ir a España cuando tantos motivos tenía para querer conocerla. Ha ocurrido que durante muchos, demasiados años, nuestras dos naciones no han marchado al unísono. Por el contrario, han marchado con el paso cambiado. Chile era modelo de democracia cuando en España surgía un régimen autoritario y, a la inversa, la restauración de nuestras libertades se produjo cuando en Chile soplaban otros vientos políticos.

Lo más grave de esta desafortunada circunstancia no es el que haya impedido intercambiar visitas que unos y otros deseábamos. Lo más grave es que los sentimientos de mutuo afecto de nuestros pueblos no han podido expresarse en toda su plenitud, ni las relaciones entre nuestros dos países desarrollarse con la fuerza y la pujanza a que estaban llamadas por la historia, la lengua y la cultura comunes.

Congratulémonos todos, chilenos y españoles, de que tales condicionamientos negativos hayan desaparecido y esperemos confiadamente que nunca más vuelvan a manifestarse. La larga y ejemplar tradición democrática de Chile, apenas interrumpida durante unos años, vuestro saber y buen hacer de hombre de Estado, y la capacidad de diálogo y consenso de las fuerzas políticas, proporcionan sólidos fundamentos a esa esperanza hasta convertirla en certeza.

No existiendo ya impedimento para la expresión de los sentimientos de nuestros pueblos ni reticencias de ninguna clase para el desarrollo de nuestras relaciones, debemos profundizarlas hasta el máximo posible, en todas sus vertientes. En este sentido, el Tratado General de Amistad y Cooperación, que nuestros ministros van a firmar, debe entenderse como un gran paso, pero sólo el primero, en esa dirección. Unicamente así, recuperando a marchas forzadas el tiempo perdido, seremos fieles a nuestros deberes históricos y al sentir actual de nuestras naciones.

Señor Presidente, la Reina y yo os damos las más rendidas gracias por habernos permitido realizar este viaje con el que desde hace tanto tiempo soñábamos. Lo habéis hecho posible de dos maneras: con vuestra gentil invitación y con vuestra decisiva contribución a la restauración de la democracia y a la reconciliación de todos los chilenos.

Señoras y señores, con este espíritu de cordialidad y afecto, con la alegría del reencuentro y en la esperanza de un futuro compartido, que reforzaremos con la pronta presencia en España del Presidente Aylwin, levanto mi copa e invito a todos los presentes a levantar la suya por el Presidente de la República de Chile, por la señora de Aylwin, por la fraterna relación hispano-chilena y por la paz, la prosperidad y el bienestar del querido pueblo de Chile.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+