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Palabras de Su Majestad el Rey en la Asamblea de la Comunidad Autónoma de Murcia

Murcia(Cartagena), 12.06.1990

S

ean mis primera palabras en esta Asamblea parlamentaria de la Comunidad de Murcia para destacar la importante labor legislativa que desde su constitución viene realizando para dotar al pueblo de Murcia de aquellos mecanismos que mejor capaciten su marcha hacia el futuro.

Como en otras comunidades de España la tarea no es fácil porque se desenvuelven en la doble vertiente de los problemas regionales en relación con la nación y desde 1986, con Europa. Pero hay que destacar como profunda identificación de convivencia democrática el apoyo permanente que los habitantes de esta hermosa tierra han dado a las instituciones libremente elegidas por ellos.

Estamos en un momento de España en el que los frutos de nuestra democracia están al alcance de la mano. La paz y la prosperidad en libertad no se regalan, sin embargo. Exigen continuos y coordinados esfuerzos, no sólo de las instituciones regionales sino de la armonía de cada autonomía con las demás y con el Estado.

Hemos de hacer siempre un lúcido planteamiento, generoso y a la vez realista de los intereses propios de cada Comunidad en el concierto general para que, precisamente, esa fecunda y nutricia realidad nacional no se desequilibre por los particularismos, los planteamientos ineficaces aunque sean bienintencionados, y las discrepancias egoístas.

Superemos la tentación de las utopías. España es todas y cada una de sus autonomías, y es en la solidaridad y el espíritu de justicia entre ellas en donde nace esa voluntad que ha de servir, en bien de todos, para hacer el futuro. Iniciamos una década trascendental y Europa espera de nosotros un ejemplo de laboriosidad y un protagonismo capaz de asumir las responsabilidades que la transformación del mundo contemporáneo nos plantea.

Murcia, su comunidad, sus realidades pujantes, sus familias, su cultura y creatividad, bien merecen el esfuerzo de un talante legislativo que afronte los problemas reales con imaginación, coraje y prudencia.

Cuántas veces el pesimismo y el miedo frustraron en el sureste de España los limpios sueños del pueblo.

La tentación del sueño y de la «cansera», motivación lírica conmovedora, han tenido que ser superadas una y otra vez, contra sequías y desastres por el pueblo murciano que plantea sus sueños en la huerta y en el litoral.

Os corresponde, por lo tanto, una tarea de responsabilidad que no puede ser demorada ni sufrir el desgaste del descontento y la desilusión. Las instituciones que no laten con el corazón del pueblo y se alejan de sus desvelos acaban en la incomprensión y el aislamiento. Y ello significaría que desde las autonomías se estaría invalidando un proyecto inédito por su grandeza de la historia de España.

Necesitamos una Comunidad murciana plena, abierta, ejemplar, joven, para que las nuevas generaciones se sientan identificadas con el alma, el paisaje, la voluntad de su región.

En ese deseo os convoco, señores diputados. Me siento unido a Murcia, a esta tierra de increíbles matices de convivencia, en la que España ha acunado siempre sus mejores ambiciones.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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