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Palabras de Su Majestad el Rey en el Colegio de México

México D.F. -México-, 10.01.1990

S

eñor Presidente del Colegio de México, me es particularmente grato encontrarme hoy con el mundo intelectual y creador mexicano en el impresionante marco de este Colegio de México, cuya sobria pero espectacular arquitectura sugiere armonías de música callada, petrificada en el tiempo y el espacio al conjuro de la fuerza intelectual de todo un país que se distingue por la pujanza de su imaginación, de su creatividad y de su inteligencia.

Sé que el Colegio es pieza clave en la estructura intelectual de México, ya que materializa -con rigor, coraje y determinación- su voluntad de servicio al país desde la razón, la ciencia y el conocimiento.

En todo país democrático, la aportación intelectual a la vida nacional es elemento indispensable para su dinamización y desarrollo.Uno de los mejores indicadores de una sociedad libre es, precisamente, el grado de libertad que ostentan sus intelectuales. Porque en el ejercicio de esta libertad está el progreso de la libertad misma.

Esa evocación resulta singularmente facilitada al amparo de estas aulas, que, precisamente, nacieron de un indeclinable deseo de libertad.Hace algunos meses, se celebraba el L Aniversario de la Casa de España, germen del que, poco tiempo después, brotaría este Colegio de México, que, en octubre de este mismo año, cumplirá medio siglo de existencia.

Con esta ocasión, quisiera recordar algunos hitos de esta institución, modélica en su género, de la que todos tanto podemos aprender.

En primer lugar, desearía reiterar mi tributo de homenaje a quienes, con la clarividencia que distinguió sus vidas, fueron capaces, no sólo de concebir la idea del Colegio, sino de desarrollarla con tenacidad y empeño. Me refiero, claro está, a Alfonso Reyes, el centenario de cuyo nacimiento acaba precisamente de conmemorarse, y a Daniel Cossío Villegas.

Ambos supieron ser cabeza y brazos de este organismo, tan vivo, tan dinamizador, en el que luego se injertarían tantos otros valiosos elementos, cuya enumeración soslayo para no caer en la injusticia de las omisiones.

La especial idiosincrasia de este Colegio, que todos admiramos, nació de la conjunción de unas situaciones irrepetibles, que supieron ser aprovechadas, en la más positiva de sus vertientes, en un simpar ejercicio de oportunidad histórica, teñida de elevados valores humanos, como la solidaridad, el apoyo común y el acendrado respeto mutuo.

Desde este punto de vista, el Colegio ha sido sin duda el más claro exponente de catalización de esfuerzos -intelectuales en este caso- entre México y España.

Contemplado a medio siglo de distancia, con la natural perspectiva de la historia, resulta indicativo de una manera de ser, el proceso de conversión de una Casa de España, que fue abrigo de los intelectuales y creadores españoles exiliados, en un Colegio de México como institución nacional conectada con el pulso del pueblo mexicano y puesta al servicio de su modernización y progreso.

La oportunidad de esta transformación, realizada tan en su momento y de forma tan sensible e inteligente, es un símbolo más de la que fue ejemplar simbiosis de una España transterrada, sumida en el dolor del exilio, con un pueblo generoso y cordial, el mexicano, que le abrió sus brazos incondicionalmente.

Por otra parte, fue esa propia idiosincrasia que antes citaba la que confirió al Colegio el alto grado de calidad intelectual que hoy ostenta y que le sitúa ante las más importantes instituciones del pensamiento hispánico. Todo ello sin merma de su mexicanidad más acendrada, sin renunciar un ápice a cuanto de autóctono, de genuino y exclusivo México ha tenido, tiene y nunca dejará de tener.

En el decurso de estos cincuenta años, el Colegio ha sabido generar un acervo cuyo volumen sorprende tanto por su calidad como por su cantidad.No mencionaré una por una las importantes revistas creadas a su socaire que, como la Nueva Revista de Filología Hispánica, Foro Internacional o Diálogos, han supuesto sólidos canales de comunicación capaces de transmitir, al mundo de habla española, la vigencia de su pensamiento.

Y tampoco quisiera dejar de referirme a obras enciclopédicas, en la más cabal acepción del término, como la Historia General de México o la Historia de la Revolución Mexicana, que el Colegio ha producido y que hoy resultan de referencia y consulta obligada para quien se sienta embargado por el abigarrado interés de este país.

Una historia tan viva, tan cerca de los hombres y de las mujeres de esta noble tierra, tan actual en muchas de sus dimensiones que sigue suscitando sanos debates y polémicas. Algunos de ellos se refieren a los importantes acontecimientos históricos que nos será dado conmemorar en 1992.

El encuentro del mundo europeo con el americano, el inicio de la edad moderna, el cortejo de descubrimientos de todo tipo que se genera a finales del siglo xv y que llega hasta nuestros días, el hombre nuevo que por todo ello y de todo ello nace, son motivos que justifican sobradamente, desde la serenidad y el desapasionamiento, volver la vista atrás con la confianza puesta en el propio sentido -objetivo y lúcido- de la historia.

Es ésta una tarea que mexicanos y españoles, junto con cuantos otros puedan sentirse envueltos en la efemérides, debiéramos imponernos con un rigor fresco y vigoroso, para que, de su ejercicio y desarrollo, seamos capaces de extraer no sólo lecciones del pasado, sino constataciones del presente y horizontes del futuro.

De un futuro que todos, y los intelectuales y creadores muy especialmente, estamos obligados a construir, con fe e ilusión.

Estoy convencido de que el Colegio de México, una vez más, sabrá estar en la vanguardia de esta ofensiva.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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