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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Turquía Suleiman Demirel y al pueblo turco

Turquía(Ankara), 25.05.1993

E

xcelentísimo señor Presidente, excelentísimos señoras y señores, señoras y señores, ante todo, la Reina y yo queremos expresar a Vuestra Excelencia y a vuestra distinguida esposa, nuestro sincero agradecimiento por su invitación a visitar su hermoso país, así como por sus amables palabras para España y para con nosotros y las innumerables muestras de hospitalidad con las que nos estáis agasajando desde el momento mismo en que pisamos tierra turca.

He tenido ocasión de señalar a mi llegada, hace unas horas, que se trata de la primera visita que un Rey realiza oficialmente a Turquía, hecho que confiere a este acontecimiento una especial significación histórica, en el largo transcurso de nuestras relaciones.

Pero antes de referirme a otras cuestiones, quisiera recordar con admiración y respeto a ese gran hombre de Estado que fue el Presidente Ozal. Con su desaparición, Turquía ha perdido una gran figura política que dedicó lo mejor de su tiempo al engrandecimiento y modernización de su patria. Con su liderazgo, reconocido universalmente, Turquía asumió un papel protagonista activo en las relaciones internacionales.

Pertenecemos, señor Presidente, a dos naciones mediterráneas de gran tradición, con muchos rasgos comunes, que en el curso de la historia han conocido a veces parecidas vicisitudes. Fueron, en su momento, dos países con una enorme proyección internacional, que desde ambos extremos del Mediterráneo dejaron una huella profunda en numerosos campos del quehacer humano.

Dos países que escribieron no pocas páginas de la historia de Europa y que lucharon gallardamente también por prevalecer en el Mediterráneo. Atrás quedaron nuestras rivalidades a lo largo de los siglos XVI y XVII, superadas definitivamente tras la firma en Estambul en 1782 del Tratado de Paz entre la Monarquía española y el Imperio otomano.

Desde entonces, nuestras relaciones diplomáticas se han reforzado continuamente en un armónico desarrollo, impulsado por el mutuo respeto y la simpatía entre nuestros pueblos.

Hoy nuestros países comparten los valores de la democracia y de la libertad, son aliados y trabajan juntos por la paz y la prosperidad en Europa y en el mundo. Afrontamos constantemente el reto de profundizar en nuestra vida democrática, en el uso de las libertades y en la consolidación y mejora del disfrute de los derechos humanos de todos nuestros ciudadanos, sin ninguna discriminación por razones de origen étnico, de pertenencias culturales o de adscripciones religiosas.

Señor Presidente, nuestro tejido de relaciones económicas y culturales es aún relativamente modesto. Sin embargo, en los últimos años, hemos profundizado el conocimiento de nuestras respectivas realidades y de la envergadura y potencial de nuestras dos economías.

Como consecuencia de ello, se ha registrado un importante impulso de nuestra cooperación industrial y tecnológica, de la que sólo recordaré, por su especial relevancia, los proyectos ya en marcha de cooperación en materia aeronáutica, que sin duda abrirán otras posibilidades en diferentes campos industriales.

En este proceso de acercamiento entre nuestros pueblos, se inscriben los cada vez más numerosos contactos entre empresarios, hombres de negocios, expertos e investigadores que, unidos al incremento del turismo, están adecuando las imágenes respectivas de Turquía y España y acercándolas más a la rica y compleja realidad que representan.

Turquía, gracias a la vitalidad de su pueblo y al genio político de Atatürk, que se embarcó en un auténtico proceso de reconstrucción tras la Primera Guerra Mundial, constituye hoy, más que nunca, un país necesario para la Europa de la que forma parte. España ha seguido siempre con interés esta vocación europeísta y esta prioridad europea de la política exterior turca, que la impulsa a participar de lleno en la edificación de la unidad de nuestro continente.

Señor Presidente, hoy Turquía se encuentra ante nuevos desafíos. Rodeada de focos de conflicto -unos históricos y otros muy recientes-, está dando una notable prueba de prudencia y responsabilidad internacionales, pese a ser particularmente sensible a alguno de esos conflictos por la cercanía geográfica y las afinidades que guarda con los pueblos involucrados. El fanatismo y la irracionalidad constituyen hoy una de las mayores amenazas para la paz en algunas zonas de Europa oriental y del Cáucaso y ponen en peligro la necesaria estabilidad que permita a los nuevos países superar sus gravísimos problemas económicos, sociales y políticos.

España se ha sentido también profundamente conmovida por la guerra en el territorio de la antigua Yugoslavia y, en particular, por la cruel violencia desatada en Bosnia-Herzegovina.Apoyamos con firmeza los trabajos de la Conferencia de Paz y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y no ahorraremos esfuerzos para contribuir a la búsqueda de una solución que ponga fin al sufrimiento de la población. Como prueba de solidaridad con las naciones aliadas y con los pueblos afectados por el drama de la guerra, España contribuye con un importante contingente militar a la protección de la ayuda humanitaria.

Confiemos en que la moderación, la prudencia y el interés nacional bien entendido se impongan tanto en éste como en los conflictos surgidos en la zona del Cáucaso, dando fin al padecimiento innecesario de tantos civiles inocentes y a la destrucción de sus esperanzas de bienestar y desarrollo. En ningún caso la sociedad internacional puede admitir que los conflictos se solucionen mediante la imposición de la fuerza o la violencia.

Ninguna razón histórica podrá justificar jamás la exclusión violenta de quienes sólo aspiran a vivir en paz en su propio hogar.

Turquía, como país democrático, pluralista, laico y de economía de mercado, puede ser un punto de referencia válido para las nuevas naciones independientes caucásicas y asiáticas, a las que se siente próxima por importantes vínculos lingüísticos, culturales y religiosos. Esa modernidad que Atatürk supo imprimir a su pueblo junto con el importante desarrollo económico, acentuado en los dos últimos decenios, son los mejores exponentes para esos pueblos que quieren afianzar su independencia.

España ha apoyado siempre la voluntad de Turquía de integrarse en Europa, y con los otros miembros de la Comunidad Europea, hemos tenido muy presente su solicitud de ingreso, que fue precedida en más de veinte años por el Tratado de Asociación.

Somos conscientes de sus inquietudes y de sus aspiraciones, y por ello impulsamos los trabajos que permitan en su día la plena integración. Confiamos en que se vaya consolidando una relación cada día más sólida y llena de contenido.

Mi país ha procurado resolver sus problemas internos mediante la modernización de su economía y la profundización de su sistema democrático. En consecuencia, miraremos siempre con la máxima simpatía y contaréis con nuestro decidido apoyo en el esfuerzo que estáis realizando para el perfeccionamiento democrático y social, que permitirá también cortar las raíces de la violencia y del terrorismo. Una Turquía en paz y próspera es un gran bien para todos nuestros países.

Levanto, señor Presidente, mi copa por la felicidad de Vuestra Excelencia y de vuestra esposa y por la grandeza del noble pueblo turco.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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