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Palabras de Su Majestad el Rey en la apertura del Curso Universitario 1995-1996

La Coruña(Santiago de Compostela), 21.09.1995

E

l acto de apertura del curso universitario cobra este año especial significado al celebrarse en esta Casa coincidiendo con la celebración de su V Centenario.

Los desvelos del notario y regidor Lope Gómez de Marzoa, el impulso del arzobispo Fonseca y el Real Patronato, concedido en 1555 y ratificado en 1771, jalonan la historia ilustre de esta Universidad desde sus sencillos comienzos hasta la espléndida realidad actual.

Pero su más auténtico título de nobleza está en las vicisitudes de su densa trayectoria vital. La diligente actividad de sus benefactores, el prestigio de sus maestros, los sueños e ilusiones de sus alumnos tejen a lo largo del tiempo una sólida trama sin la que serían incomprensibles la historia y la cultura gallegas. A la luz del faro compostelano Galicia brilla, como reza el lema que acertadamente habéis elegido para esta conmemoración tan señalada. Y con Galicia toda España se siente orgullosa de esta Universidad, una de las seis más antiguas de nuestro suelo.

Abrir el curso universitario es siempre motivo de alegría y esperanza. La vieja universitas se renueva cada año para hacer frente generosamente a las tareas, cada vez más complejas, que le reclaman su misión y las mutaciones de los tiempos.

El circuito por el que se transmite el saber, se perfecciona la investigación y se alcanza el amplio abanico de titulaciones y especialidades adecuado a las necesidades de nuestros días se pone en marcha con la sencillez de lo cotidiano, a través de la cual se adivina el rigor y la exigencia de su importante tarea.

Pues al clásico «ayuntamiento de maestros y escolares», no siempre fácil y que con tanta nostalgia se recuerda una vez concluidos los estudios, se añade hoy con perfiles específicos y casi perentorios la relación entre universidad y sociedad, que ha de estar siempre presente en vuestro pensamiento y el de todos nosotros como un servicio mutuo que amplía y enriquece nuestro horizonte vital y nuestras expectativas de futuro.

Al amparo de la ocasión jubilar que hoy nos acompaña, os estimulo a iniciar con buen ánimo este curso, y con él el discurso perenne de la misión y responsabilidad de la universidad.

Para alcanzar este objetivo contáis con la ayuda inapreciable de vuestra juventud, la de la edad y la que no se marchita con el paso de los años y las vicisitudes de la aventura del saber.

Pero hay una razón de más peso para fundamentar vuestro optimismo, y es que la universidad es ante todo un proyecto de porvenir, y su quehacer pide, quizá más que otros, alzar la vista de los afanes del presente y tenderla hacia un horizonte de tanteos y promesas.

Vuestro paso por estas aulas es un proceso mediante el cual se avanza y prefigura la que será vuestra realidad vital del mañana. La evolución del conocimiento, cuyo ritmo vertiginoso nos sorprende a diario; la búsqueda y anticipación de fórmulas y soluciones a los problemas esenciales del hombre y su convivencia; el desarrollo de las técnicas y la percepción de nuevos valores, hoy en fase de gestación pero que serán claves en el mundo que viene y estáis contribuyendo a perfilar, son las líneas maestras que dibujan el marco de la tarea y los medios y modos con que vais a realizarla en estos años preciosos e irrepetibles de vuestra vida.

Quisiera también reiterar a este respecto la importancia del diálogo. La universidad es fundamentalmente un diálogo: consigo mismo, entre sus miembros, con su tiempo y el mundo que le rodea y del que se nutre.

Esta es una de las más decisivas enseñanzas de la experiencia universitaria. Sin este espíritu no puede alcanzarse ningún objetivo que sea duradero y procure el progreso en libertad de nuestra condición humana, que tanto lo necesita.

Con estas reflexiones os confiamos a todos, profesores, alumnos y cuantos formáis parte del mundo universitario, nuestro futuro y el de España.

Sé que sabréis despejarlo con la alegre autenticidad que os caracteriza y que resulta especialmente oportuno evocar en este recinto, cuyas bulliciosas vicisitudes han llenado páginas bien conocidas de nuestra literatura y son parte inseparable del acervo vital de los estudiantes españoles.

Queda inaugurado el curso universitario 1995-1996.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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