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Palabras de Su Majestad el Rey al recibir la primera Medalla de Oro del Patronato del Alcázar de Segovia

Segovia, 07.06.1995

S

upone para mí una gran satisfacción recibir la primera medalla de oro del Patronato del Alcázar. La estrecha relación que la fortaleza mantuvo siempre con la Corona, llena de significado y afecto esta concesión.

Quiero felicitar a todos los miembros actuales del Patronato y a cuantos os precedieron en la noble labor de conservar la memoria histórica de la fortaleza en su triple aspecto de Alcázar regio, recinto militar y Real Colegio de Artillería.

Las magníficas obras de restauración que se han venido realizando desde hace años, nos permiten ahora entrever con claridad cómo se desarrollaba la vida en el Palacio Real segoviano.

Nos es posible imaginar a Fernando III el Santo planeando sus campañas andaluzas que culminarían con la reconquista de Sevilla, o a Alfonso X el Sabio redactando parte de las «Tablas» que tanta gloria le dieran; podemos ver a los Reyes Católicos en esta misma sala, estampando sus firmas en el pacto conocido como la «Concordia de Segovia», para muchos verdadero documento fundacional de la unidad de la España moderna.

La ambientación realizada de modo cuidado y profundo, nos deja adivinar lo que fueron los momentos más duros y difíciles del Alcázar, llegando durante uno de ellos, en el siglo XVI, a resistir un asedio de casi seis meses.

Respecto al Alcázar como Real Colegio Artillero, fue tal la simbiosis producida durante los casi cien años transcurridos desde que Carlos III dispuso que aquí se emplazara, que hoy resulta imposible concebir a la fortaleza sin la artillería española.

Aquel centro de enseñanza, que desbordó en su tiempo lo puramente militar, se convirtió en uno de los focos científicos más importantes del momento.

Sus profesores, con figuras tan señeras como la del químico francés Louis Proust, se sumaron en muchos casos a la vanguardia cultural de la España de la época.

La mesura, el cariño y la inteligencia con que el Patronato ha sabido dar cabida a todos y cada uno de los aspectos que configuran la historia del Alcázar, son encomiables y dignos de la mayor alabanza. Por ello, quiero animaros a que mantengáis la ilusión y la constancia que han hecho posible todo lo que a la vista tenemos.

Repito mi aprecio y orgullo por esta primera medalla que me habéis concedido y que me mantendrá, ya para siempre, más unido, si cabe, a nuestro Alcázar y a Segovia.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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