Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Jarduerak eta agenda
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de Estado ofrecida por el Presidente de la República de Corea

Corea(Seúl), 21.10.1996

S

eñor Presidente de la Asamblea Nacional, Señoras y Señores Parlamentarios:

Vayan dirigidas mis primeras palabras a expresar la satisfacción que a la Reina y a Mí nos produce encontrarnos en Corea, realizando una visita de Estado a invitación del Presidente Kim Young Sam. Quiero asimismo destacar que me siento muy honrado al dirigirme a Sus Señorías en el marco de la Asamblea Nacional.

A la vista del mapa, Corea y España parecen países muy alejados, pero el mero dato cartográfico es engañoso y no refleja toda la realidad.

Vivimos en una época en la que las distancias ya no son las geográficas. La verdadera distancia entre dos países no se mide en kilómetros, sino por la mayor o menor disposición de sus pueblos a conocerse, comunicarse y trabajar juntos.

España y Corea son dos naciones con largos siglos de historia. Pese a ello, hasta hoy, ningún Jefe de Estado español había visitado Corea. Quisiera que este primer viaje sirviera para reforzar el interés que en España existe por Corea y confío en que también ayude a promover el interés del pueblo coreano por España. Mi esperanza es que esta visita contribuya a que nuestros dos países se sientan más próximos.

Proseguiría así una tarea -la del acercamiento entre Corea y Europa- que emprendió, hace más de cuatro siglos, precisamente un español, el primer europeo que llegó a estas tierras y escribió sobre ellas.

Me refiero al jesuita Gregorio de Céspedes, quien llegó a Corea en 1593, permaneció en este país durante cerca de un año, predicó la fe cristiana y escribió cuatro cartas en las que daba cuenta de las vicisitudes de la guerra que en aquel entonces azotaba a Corea. Gracias a estas crónicas del Padre Céspedes, los españoles del siglo XVI supieron de Corea y este país comenzó a ser conocido en Europa.

Han pasado cuatro siglos y hoy el mundo es muy diferente. Pero fomentar el entendimiento entre España y Corea, entre Europa y Asia, continúa siendo una causa merecedora de los mejores esfuerzos.

Más recientemente, ha sido un ilustre coreano quien, sin duda, más ha contribuido a que España sea conocida en Corea: hablo del Maestro Ahn 1k Tae, compositor de vuestro Himno Nacional, que pasó en España largos años y dejó entre nosotros sus raíces familiares y un imborrable recuerdo.

Señoras y Señores parlamentarios, permítanme que les hable sobre mi país.

España, al igual que Corea, viene experimentando profundos cambios económicos, sociales y políticos en las últimas décadas. Las nuevas generaciones de españoles viven en un país muy distinto de aquél que conocieron sus padres cuando eran jóvenes. La sociedad española y sus instituciones se han modernizado, y la cultura española ha emprendido un nuevo diálogo con otras culturas del mundo.

Creo, sinceramente, que el balance de todos estos procesos es positivo. Hemos logrado, con el esfuerzo de todos, que la economía española figure hoy entre las diez primeras del mundo. Hemos mejorado significativamente nuestros niveles de bienestar en los más diversos ámbitos. La igualdad de oportunidades es un principio cada vez más presente en nuestra sociedad. Todos estos logros resultan aún más valiosos si tenemos en cuenta que hemos sido capaces de alcanzarlos de forma pacífica y consensuada, en un marco de libertad, democracia y respeto mutuo.

Los españoles, por tanto, sabemos que la sociedad en la que hoy vivimos es, ante todo, el resultado de un esfuerzo colectivo permanente, que permite resolver los problemas que en ella surgen. Este es un aspecto que quisiera destacar ante Sus Señorías: Que esta convicción mantiene vivos entre mis compatriotas el afán de mejora, la esperanza en el futuro y una inclinación a cooperar con otros países.

Los cambios que ha vivido España durante las últimas décadas se han producido en un clima de armonía y amistad con el resto del mundo. De manera muy especial con nuestros socios europeos, con nuestros vecinos mediterráneos y con nuestros hermanos iberoamericanos. Este mismo clima es el que la Reina y Yo queremos traer a Corea con nuestro viaje.

España es un país que asume con ilusión el proyecto de la integración europea. Al concluir el siglo XX, los europeos sabemos que nos dirigimos hacia una encrucijada histórica. España está avanzando por el camino que va abriendo la Unión Europea. No se trata, Señorías, de un camino de aislamiento y concentración, sino de apertura cultural y económica. Este camino guiará hacia un nuevo marco de relaciones entre Europa y Asia. En este sentido, los previstos encuentros ASEM suponen un valioso instrumento para el diálogo y la cooperación.

Vivimos en un mundo que evoluciona hacia una configuración nueva, uno de cuyos rasgos más destacados será la intensificación de las relaciones entre Oriente y Occidente. Corea es un exponente del desarrollo económico que tiene lugar en Asia Oriental. Como consecuencia de tal proceso, y de la revitalización cultural que le acompaña, esta región es ya uno de los grandes centros de influencia mundial. Semejante fenómeno representa un cambio muy profundo respecto a tiempos no muy lejanos y suscita no sólo interés, sino también admiración.

Ahora bien, hay algo fundamental en este cambio que no debe ignorarse. Me refiero a su profundo contenido social. El crecimiento económico de Asia Oriental está rescatando del subdesarrollo a centenares de millones de personas y facilitando que se amplíen y aseguren sus libertades y derechos. La experiencia de Corea va todavía más allá, y muestra que las más altas metas económicas, culturales y políticas pueden ser alcanzadas por una Nación cuando se lo propone. Todo esto es motivo para mirar hacia el siglo XXI con esperanza.

Para adaptarse a cambios tan profundos, los responsables políticos tienen que mostrar mucha sensibilidad y una gran visión de futuro. En la nueva configuración mundial, el incremento del comercio, la multiplicación de las inversiones y la transferencia de tecnología desembocarán en una mejora de las condiciones de vida de nuestros países, sin empeorar las de ninguno. La experiencia nos demuestra que del libre comercio internacional se derivan ganancias que benefician a todos los países que lo practican.

En este sentido, tanto España como Corea pueden contribuir conjuntamente a un mundo más desarrollado, próspero e interdependiente.

Problemas parecidos -y más delicados si cabe- se plantean en el terreno de la cultura. La multiplicación de los contactos entre culturas y tradiciones diferentes puede hacer resaltar, en un primer momento, las diferencias. Con un esfuerzo adicional, sin embargo, es posible apreciar todo cuanto une y complementa culturas y valores diferentes, permitiendo que los interlocutores se enriquezcan y establezcan lazos profundos y duraderos.

No olvidemos, por otra parte, que el progreso económico y la pujanza cultural de Corea, y de toda Asia Oriental, dependen decisivamente de que la paz en la región no se vea quebrada. A este respecto, la responsabilidad de los países del área es intransferible. Pero, en la medida en que para ello también resulte necesaria una contribución de la comunidad internacional, España está dispuesta a aportar su esfuerzo y a promover la participación conjunta de la Unión Europea.

En resumen, tejer una cooperación fructífera -es decir, eficiente y respetuosa- entre Asia Oriental y Europa es una de las grandes tareas de nuestro tiempo y, por lo tanto, uno de los retos que afrontamos.

Una de las razones de mi presencia en esta tribuna es proclamar que España encara con ilusión su encuentro con la nueva Asia y, en especial, con Corea. Económicamente, existen grandes oportunidades en ambos países para nuestros empresarios. Culturalmente, tienen mucho que ofrecerse. Políticamente, pueden aportar una contribución valiosa a la paz y la seguridad de esta región y del mundo en su conjunto.

Próximamente tendrá lugar en Bruselas la firma del Acuerdo Marco de Comercio y Cooperación entre la República de Corea y la Unión Europea, así como la firma de una Declaración Política Conjunta. España, que ha trabajado activamente para hacerlos posibles, ve en estos documentos un paso importante en las direcciones antes señaladas.

Durante mi visita a Corea se celebrarán encuentros entre responsables políticos y económicos de los dos países, y estoy seguro de que tendrán seguimiento y continuidad en el futuro.

Señorías:

El respeto de la legalidad internacional y la reconciliación son la puerta que conduce a un futuro libre de enfrentamientos entre hermanos. Por ello, España celebrará el día en que Corea alcance pacíficamente su reunificación.Vivimos en un mundo que reclama tres virtudes sobre las que insistió mucho el gran maestro Confucio: sabiduría, valor y amor.

Corea es una tierra donde las enseñanzas del venerable maestro merecen gran respeto y no me cabe duda de que sus gentes poseen en un alto grado las citadas virtudes.

Permítanme pues, que les felicite por ello, que les ruegue su colaboración para estrechar las relaciones hispano coreanas y que les desee todo tipo de éxitos en su noble labor en favor del pueblo amigo de Corea.

Muchas gracias.

Itzuli Hitzaldiak atalera
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+