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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de apertura del Curso Escolar 1996-1997

León, 01.10.1996

T

odos los años, al empezar el curso escolar, recibo de la comunidad educativa la invitación a compartir con profesores y alumnos estos momentos inaugurales.

El Colegio Público "La Palomera" que acabamos de visitar y este Instituto "Padre Isla" representan hoy a todas las aulas de los Colegios e Institutos de España que en estas fechas comienzan sus trabajos.

Me satisface especialmente acompañaros en este Centro, que cumple ahora sus primeros ciento cincuenta años de existencia y es testigo vivo de la historia cultural de León en el último siglo y medio.

Desde aquel Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, que se inauguró el 10 de octubre de 1846 en el Seminario Conciliar de San Froilán, hasta éste que hoy nos acoge se han sucedido sin solución de continuidad muchas generaciones de leoneses que se han formado y han dejado huella en sus aulas.

Hoy quiero felicitarme con vosotros por este aniversario y desear a este Instituto, que desde 1946 lleva el nombre de ese ilustre leonés que fue el Padre Isla, una larga y provechosa vida.

La enseñanza y el sistema educativo constituyen la columna vertebral de una sociedad y una nación. Un país es y será lo que ha sido y es su escuela.

En la sociedad actual, implicada en un proceso constante de evolución, la escuela que la sirve tiene que atender a los cambios que en su entorno se van produciendo, sin descuidar la transmisión del inmenso legado cultural que todo español hereda al nacer y nadie puede arrebatarle.

Conjugar esta atención a lo nuevo con el respeto a lo antiguo es parte importante de la difícil tarea de enseñar y aprender, en la que estáis comprometidos los profesores y alumnos que ahora iniciáis el curso.

Siempre, y también ahora, el sistema educativo presenta innovaciones y cambios que persiguen su perfeccionamiento, y exigirán de los que formáis la comunidad escolar un mayor esfuerzo y dedicación, en busca de los resultados mejores para todos.

Sé, por mi experiencia personal y la de mis hijos, que nada puede sustituir a la ilusión del maestro dispuesto a transmitir sus saberes, y al entusiasmo de sus alumnos por estudiar y comprender lo que se les enseña.

Sólo si un maestro vive ilusionado, su vocación podrá transmitir su ciencia y la convicción de que el trabajo personal que implica el estudio es la primera obligación que un ciudadano tiene para poder mejorar la sociedad en la que vive.

Y sólo cuando los alumnos descubren el placer del estudio, a través de métodos pedagógicos adecuados, podrán aprender a disfrutar de los conocimientos que reciben, y cumplirán con su responsabilidad social.

Dice Gracián que "hay mucho que saber y es poco el vivir, y no se vive si no se sabe". Hagámosle caso. Cuanto mas sepa, estudie, analice y critique un hombre, más intensamente vivirá su vida y más útil la hará para la comunidad en la que se desenvuelve.

Al conjunto de la sociedad, que es la principal beneficiaria de la obra bien hecha en la escuela, corresponde impulsar las tareas educativas y crear el ambiente idóneo para su desarrollo.

Esta tarea incumbe en primer lugar a los padres de los alumnos, conforme a sus respectivas posibilidades. Familia y escuela deben caminar acordes en la marcha de la educación.

Por eso invito a los padres a comprometerse en esta colaboración e intercambio, asumiéndolos con la dedicación y constancia que siempre aportan a la formación de sus hijos.

A vosotros, alumnos, os animo a responder con seriedad a los esfuerzos que tantos despliegan por vosotros. Aprended a ejercitar la disciplina que es fundamento y garantía del éxito en vuestros estudios. Avivad vuestra natural curiosidad e imaginación para comprender debidamente el mundo que os rodea y realizar en él vuestras aspiraciones.

Podéis estar seguros de que la sociedad española y sus Reyes os alientan y estimulan en vuestra tarea.

Queda inaugurado el Curso Escolar 1996-1997.

Itzuli Hitzaldiak atalera
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